Reseña: “Lo que nos queda de la muerte”, de Jordi Ledesma

lo-que-nos-queda-de-la-muerte-jordi-ledesmaRicardo Bosque

Tan solo han hecho falta tres novelas para que Jordi Ledesma pase a figurar en el podio de mis autores favoritos de novela negra española. Y digo negra, como el carbón -no criminal que es un término que me gusta emplear por ser más amplio, abarcando otro tipo de literaturas-, porque Ledesma es de los pocos autores que escriben auténtica novela negra en este país y, por si fuera poco, sin tener que recurrir al tópico del detective antihéroe, borrachuzo, pendenciero y mujeriego, sino construyéndola a partir de elementos mucho más creíbles y cercanos a nosotros.

Arrancó su carrera con una novela autoeditada, Narcolepsia, que enseguida una editorial puntera en el género como es Alrevés decidió que merecía mucho más que eso y no por nada, fue una de las finalistas al Silverio Cañada como mejor primera novela de la Semana Negra de Gijón.

Pegó el braguetazo -permítaseme la expresión- con su segundo trabajo, El diablo en cada esquina, novela, como dije en reseña publicada en esta misma revista, “brutal, violenta, exenta de la menor floritura estilística, de descripciones innecesarias porque los personajes describen los ambientes con su solo transitar por ellos. Frases cortas como latigazos, excelentes líneas de diálogo para dar como resultado una novela contundente que, estoy seguro de ello, habría firmado con sumo placer un maestro como lo fue Pérez Merinero”.

Pero lo mejor estaba por llegar y lo ha hecho hace pocas semanas, en esta tercera novela que le consagra como una bestia narrativa capaz de estremecer al lector con hechos más o menos cotidianos, sin artificios, a partir de miserias intrínsecas a las relaciones humanas, más intensas si cabe al desarrollarse dichas relaciones en un entorno más bien cerrado como el que constituye un pueblo costero -pueblo, por mucho que multiplique su población en época veraniega- que se parece sospechosamente al Cambrils en el que reside el autor.

En Lo que nos queda de la muerte Ledesma, a través de un narrador omnisciente en primera persona, nos traslada a los años noventa del turismo y las drogas, de los veraneantes y los nativos -algunos de ellos venidos a más al cambiar la pesca por el comercio y los servicios como consecuencia del boom turístico e inmobiliario-, de trenes apedreados por los chiquillos, de putas de silla de plástico y carretera, de chulos de segunda y guardia civiles corruptos hasta las cachas…

Un verano azul, pero un verano azuloscurocasinegro, negro del todo, lleno de revelaciones brutales, dramáticas, para algunos de sus personajes. Un verano sin final dulzón y nostálgico como el que cantaban los del dúo aquel de permanente chalequito rojo, verde o azul marino según la ocasión.

Contar una historia tan sórdida y hacerlo con un estilo que se acerca a la mejor lírica en muchos de sus pasajes está al alcance de muy pocos, uno de ellos Jordi Ledesma. Por eso, entre otras cosas, está en mi podio particular.

Y, seguro, por mucho tiempo.

 

Lo que nos queda de la muerte
Jordi Ledesma
Alrevés
 

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Un comentario en “Reseña: “Lo que nos queda de la muerte”, de Jordi Ledesma

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