“Todas las mujeres son peligrosas”, de Julián Ibáñez, por Sergio Torrijos Martínez

Todas_las_mujeres_son_peligrosasSergio Torrijos Martínez

Vuelve el jefe.

Así me hubiera gustado titular la reseña, aunque creo que quedaría demasiado escueta.

Siempre que leo a Julián Ibáñez me pregunto cuál es su mejor novela y siempre me ocurre algo muy peculiar: nunca considero la presente novela como tal, en la siguiente novela sí que considero la novela anterior como de las mejores.

¿Por qué ocurre semejante hecho?

Tal vez por ser novelas que dejan poso.

Me enganché a Julián Ibáñez, y esto lo hago a modo de terapia desintoxicante, en aquellas novelas brutas y bruscas que retrataban territorio toledano, entre ciudades como Talavera de la Reina y Torrijos, con protagonistas que regentaban burdeles de medio pelo y la sensación de que el viento polvoriento barría las calles de esos pueblos a modo de película del oeste… Podría seguir hablando sobre esto y no cansarme porque hay cosas que no cansan nunca.

En esta ocasión la acción se sitúa en los alrededores de Madrid y tiene como protagonista a Bellón, el mismo que su anterior novela.

Bellón es el encargado, por decirlo de una manera fina, de la seguridad de un club de postín. Es decir, intenta mediar entre los clientes y las señoritas y también en las situaciones en que pueda existir cierta violencia en las mesas de juego. Una chica es agredida gracias a la distracción de Bellón, que tomará cartas en el asunto casi a modo personal, ya que le cuesta el trabajo y parte de sus comodidades vitales. La búsqueda del agresor por parte de Bellón marcará toda la novela y tendrá, salvando los matices que pueden ser múltiples, reminiscencias del escritor americano Ellroy, al menos en parte de la narración. Con lo cual coincido con otro escritor, Carlos Zanón, que también se hacía una idea similar. Parece raro casar ambos escritores, pero cuando el río suena…

Para Bellón es su segunda novela; en la anterior, El viejo muere, la niña vive, también ejercía de protagonista y a los que tuvimos el placer ya no nos asombra. Mejor dicho, a los lectores habituales de Julián Ibáñez ya nada nos asombra.

Bellón es un buscavidas en el sentido más barriobajero de la palabra, tiene su código ético, muy peculiar, su manera de ver la vida, también la violencia. Sabe cuándo puede ganar y cuándo no, pero eso no le disuade de meterse donde no le llaman y con quién, de sobra conoce, que no podrá. Su vida es de subsistencia, en el sentido más amplio de la palabra, pero no delinquiría por dinero. Aunque por el peculio sería capaz de dejarse pegar. Posee todavía una resma de dignidad de clase baja.

Ibáñez tiene un estilo muy personal, es muy incalificable, con toques desmañados y con una contundencia a prueba de bombas. Parece como si la novela negra tuviera una estructura que encorseta la narración, lo cual es todo un mérito porque cualquier cosa se puede decir del género negro salvo que se quede corto. Ibáñez retrata los personajes y los entornos como pocos, a golpes de escoplo, un ejemplo para que se hagan una idea de lo que hablo:

“Señor Humo se había desvanecido, comenzaba a preguntarme si existiría de verdad y no sería un actor contratado, o si yo lo habría soñado, si lo estaría soñando todo, si el tipo no sería un notario de una buena notaría, casado con Miss Puertollano, propietaria de una boutique de moda en Ciudad Real, con cuatro hijos los primeros de la clase y un perro, un galgo de esos con mucho pelo que te traen el periódico y las pantuflas, y no permiten que nadie se acerque cuando tratas de tumbar a la asistenta sobre el sofá”.

No me parece novedoso recomendar a Ibáñez, siempre lo hago, con cada nueva entrega me ratificó en mis palabras anteriores. Julián Ibáñez es un pedacito de nuestra historia literaria, uno de los grandes aunque con la peor de las suertes editoriales. Leer a este autor es leer novela de primera división, nada hay en su narración que no tenga sabor, que no sea especial y lo es en esos pequeños detalles que muchas veces se extraen de la realidad y que el autor con gran sabiduría sabe introducirlos en la ficción.

No se lo pierdan.

Todas las mujeres son peligrosas
Julián Ibáñez
Cuadernos del Laberinto

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