44 horas (y ni una menos) en Tenerife Noir

Ricardo Bosque

Recién finalizado el primer Encuentro pirenaico de género negro VillaNoir, aprovecho la invitación para formar parte del jurado que debe fallar el Premio Ciudad de Santa Cruz 2017 para dar un salto de punta a punta y salir de Zaragoza, vía Barcelona, para asistir durante 44 horas (y ni una menos) al Festival Atlántico del Género Negro Tenerife Noir.

Definitivamente, el crimen (de ficcción) no conoce fronteras, longitudes ni latitudes.

Así, tras hora y media de AVE y tres horas de avión (a lo que hay que añadir los traslados de estación a aeropuerto, lanzadera para acceder a la terminal correcta y esas cosas inevitables), llego a Tenerife Norte hacia las 14.00 del viernes, encontrándome con el comisario de Cubelles Noir Xavier Borrell -con quien había compartido vuelo pero no había podido intercambiar más que un fugaz saludo- y, mientras esperamos a que nos recojan para llevarnos a la ciudad, la escritora Clara Peñalver, a quien no tenía el gusto de conocer pero un breve intercambio de impresiones ya me hace intuir que va a haber feeling entre ambos.

La literatura criminal y esas cosas, que une mucho.

Nos recoge un atentísimo Alejandro Martín en nombre de Tenerife Noir y comemos los cuatro en una terraza -ventajas de estar en una isla próxima al trópico de Cáncer-, tras lo cual, y previo breve paso por el hotel por aquello de poder salir ligero de equipaje, un breve paseo -ventajas de estar en una ciudad manejable en cuanto a su extensión- hasta el Corte Inglés, en cuyo Ámbito Cultural se presenta Mientras mueres, novela de Javier Hernández-Velázquez (capo de Tenerife Noir) que precisamente he venido leyendo en el avión, cuidando muy mucho que portada y título no quedaran a la vista de algún pasajero supersticioso.

Javier Hernández-Velázquez presentando “Mientras mueres” equipado con la camiseta del Borussia Mönchengladbach

En una sala abarrotada, Javier habla de su novela y de uno de los elementos distópicos que más me han soprendido de la misma, la colonización marroquí de las islas que han pasado a convertirse en una provincia más del reino alauí. Pero no adelantemos acontecimientos, tiempo habrá de hablar in extenso de este interesante thriller, porque Tenerife Noir es un no parar y, terminada la presentación, me cabe el honor de entregar dos de los premios del Festival: el Ciudadano Noir, que la organización concede al antes citado Xavier Borrell y al periodista tinerfeño Jorge Dávila por su contribución al mismo; y el Novepol a la mejor novela editada en 2016 que recae, ex aequo, en los autores Jordi Ledesma por Lo que nos queda de la muerte y Paco Gómez Escribano por Manguis.

Como suele decirse, enhorabuena a los premiados, dos excelentes autores y novelas que, si no han leído ustedes, ya están tardando.

¿Fin de la jornada que, en mi caso, ha comenzado a las 6.00, hora peninsular? Ni hablar, queda tomar un picoteo con Javier Rivero -otro de los encantadores colaboradores de Tenerife Noir-, Xavier Borrell, Clara Peñalver, Susana Martín Gijón, José Ramón Gómez Cabezas y Benito Olmo, estos dos últimos, candidatos al Premio Ciudad de Santa Cruz cuyo fallo -todavía no emitido, luego vamos a ello- se hará público en menos de veinticuatro horas.

Tras la cena, ¿a dormir ya? Noooo, antes hay que pasarse por Equipo PARA, un local autogestionado en el que, además de bar y un par de terrazas en los que tomar una copa a la luz de la luna y contemplando el puerto, tiene lugar el concierto en el que el DJ suizo afincado en Tenerife Raymond Höfler nos regala una selección de temas y bandas sonoras del cine negro con el jazz como protagonista casi absoluto.

2.30 del sábado y, ya sí, toca recogerse pero por pocas horas, que el sábado viene cargado.

Empar Fernández, Susana Martín Gijón y Berna González Harbour en la Librería de Mujeres

Un sábado que, tras un paseo por el centro de la ciudad y algunas compras -sí, tabaco, claro- arranca con una mesa en la Librería de Mujeres, regentada por Izaskun Legarza, que versa sobre mujer e inmigración en la España de la crisis, con la participación de Susana Martín Gijón, Empar Fernández -otra de las candidatas al Ciudad de Santa Cruz- y Berna González Harbour. Las tres conversan animadamente sobre el tema y, algo poco habitual, muchos de los numerosos presentes en una librería abarrotada hasta la puerta se animan a participar convirtiendo el acto en algo muy dinámico que se prolonga con total naturalidad durante más tiempo del previsto.

Y llega la hora de la verdad, el motivo central de mi viaje a la isla, la comida en la que seis mujeres y hombres sin piedad decidirán cuál de las siete candidatas se hace con esta tercera edición del Ciudad de Santa Cruz, quién sucederá a los anteriores premiados, Claudio Cerdán y Marcelo Luján. Los seis nombres que tienen la responsabilidad de elegir la mejor de esas siete novelas sonlos de, aparte del de un seguro servidor: Berna González Harbour (periodista de la SER y del suplemento del El País, Babelia), Xavier Borrell (escritor y crítico literario), Izaskun Legarza (directora de la LIbrería de Mujeres), y los periodistas tinerfeños Jorge Dávila (El Día) y Verónica Galán (La Opinión).

Xavier Borrell, Susana Martín Gijón, Benito Olmo y José Ramón Gómez Cabezas

Las deliberaciones, la comida y posterior sobremesa en una terraza del Hotel Escuela de Santa Cruz con unas vistas privilegiadas de la ciudad, se alargan lo suficiente como para que, sin comerlo ni beberlo -aunque nunca peor utilizada la expresión- nos den las 19.30, hora a la que está programada la mesa redonda que la organización del festival dedica a la imagen en el exterior de la marca Canarias Noir y en la que participan Susana Martín Gijón, Benito Olmo y José Ramón Gómez Cabezas coordinados por Xavier Borrell, mesa en la que salen a relucir nombres tan interesantes en el género como los de Antonio Lozano, José Luis Correa o Carlos Ortega Vilas y en la que se pone de manifiesto la dificultad para los escritores locales de dar el salto a territorio peninsular, los problemas de distribución dentro del archipiélago de autores editados en tierra de godos y, tal vez, la ausencia de una característica que diferencie al género que se hace aquí en comparación con esa identidad que demuestran las novelas escritas en tierras vascas o catalanas, por poner no uno sino dos ejemplos.

Ricardo Bosque. Empar Fernández. Rafa Melero y Clara Peñalver

A continuación, la mesa sobre supervivencia, egos y compromiso social que me toca moderar y en la que participan Empar Fernández, Clara Peñalver y un recién llegado Rafa Melero -el cuarto de los candidatos al Ciudad de Santa Cruz presente en la isla-, con la baja imprevista de Berna González Harbour, quien se ha visto obligada a regresar a Madrid nada más terminadas las deliberaciones del jurado. ¿Se puede vivir de la literarura? “Mejor, hijo mío, búscate un trabajo estable y luego, por las tardes, dedícate a lo que quieras” sería el consejo que un buen padre daría a sus retoños y retoñas si le planteasen en algún momento lo de ponerse a juntar letras. Una charla distendida en la que se vino a demostrar que “supervivencia” y “escritor” son términos incompatibles, que un escritor puede tener un ego del tamaño de una plaza de toros independientemente del volumen de ventas que alcance con sus novelas -no se dieron nombres, ni siquiera iniciales, qué le vamos a hacer- y que el compromiso social, siempre necesario en una novela negra, no es lo que lleva necesariamente a los escritores -al menos a los presentes en la mesa- a escribir una novela. Eso sí, determinadas situaciones delictivas llegan más fácilmente al público si las escribe un autor en un texto de ficción que si las describe asépticamente un busto parlante en el telediario de mediodía. La ficción, de nuevo, superando a la realidad.

Empar Fernández flanqueada por Javier Hernández-Velázquez y Alejandro Martín

Y llegó el momento que, al menos siete (ocho) personas, llevaban unas cuantas semanas esperando: Eva Gª Sáenz de Urturi, Benito Olmo, Rosa Ribas-Sabine Hofmann, José Ramón Gómez Cabezas, Lorenzo Silva, Rafa Melero… y Empar Fernández, que se alzó con el III Premio Ciudad de Santa Cruz con su novela Maldita verdad, de la que el jurado destacó también que es “una novela de escritura limpia e íntima que da un paso adelante en la evolución del género negro sin perder su esencia” así como “la originalidad del personaje, los giros emocionales, la forma de abordar una situación de la que nadie está exento de vivir”.

Para celebrarlo como la ocasión requería, una cena de temática noir, con menú del chef coordinador de Hecansa, Manuel Tenllado, en la que pudimos degustar una caponata siciliana de la que nada tendría que decir Adelì, la imprescindible asistenta de Montalbano; un bacalao que bien podrían servir en Casa Leopoldo para deleite de Vázquez Montalban y un postre compuesto por hojaldres y helado que rematamos con un moscatel para cerrar la noche.

Para cerrar la noche y, prácticamente, mi estancia en Tenerife Noir, pues toca dormir un poco y salir para el aeropuerto rumbo de nuevo al hogar mientras dejo atrás 44 horas maravillosas que me han permitido reencontrarme con viejos amigos, conocer a otras gentes que, seguro, pasarán a serlo -amigos- desde ahora y disfrutar de la amabilidad y generosa hospitalidad de todo el equipo del festival.

Gracias, Javier Hernández-Velázquez, Alejandro Martín y Javier Rivero. Un abrazo enorme desde tierras mañas.

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