Benito Olmo: “Los suplementos literarios tienen tal poder de difusión que pueden encumbrar obras mediocres con sólo proponérselo”

 

Laurentino Vélez-Pelligrini

Gaditano, Benito Olmo es uno de los escritores de novela negra que más éxito está teniendo este año y después de un periplo con sus luces y sombras e incluso repleto de ninguneos por parte del mundillo literario. Sin embargo, Benito tiene un principio básico, la constancia. Empezó autoeditandose en Círculo Rojo con las obras Caraballo (2007) y Mil cosas que no te dije antes de perderte (2011). A pesar de ser crítico con un mundo de la autoedición en el que huelgan filtros y criterio evaluativo respecto a los manuscritos, Benito Olmo no reniega de su anterior trayectoria, ni siente ningún complejo. La suerte se le presentó de repente y el grupo Random House decidió apostar por él y tuvo razón de hacerlo, a la vista de la buena acogida que ha tenido su obra, La maniobra de la tortuga (Suma de Letras, 2016). La maniobra de la tortuga estuvo nominada para el Premio Ciudad Santa Cruz de Tenerife y el cineasta Juan Miguel del Castillo llevará justamente su obra a la gran pantalla en 2018. Benito Olmo no se muerde la lengua en el momento de decir lo que piensa, pero tampoco es un autor al que se le haya subido el éxito a la cabeza, dado que se muestra generoso y buen compañero respecto a aquellos escritores con menos suerte y proyección que él. A lo largo de esta entrevista hablamos de literatura, de su forma de entender la escritura y del mundo editorial, pero sobre todo, de su personaje, el inspector Manuel Bianquetti, un antihéroe al que parece que le espera un gran futuro.

Empezaste a publicar al amparo de la autoedición, una vía que no goza de buena prensa. ¿Te sentiste alguna vez “señalado” por ese hecho?

La verdad es que sí. Hay muchos libros autoeditados, cada vez más, y un porcentaje muy pequeño de estos tiene la calidad que demandan los lectores. Por eso, cuando te presentas como autoeditado, la reacción natural es de desconfianza, y me ha sucedido con lectores, con libreros e incluso con organizadores de varias Ferias del Libro, que se resistieron en su momento a darme una oportunidad al no ir de la mano de una editorial.

Digo yo que hablas de la autoedición en papel, pero ¿qué me dices de la autoedición digital en Amazon? ¿tampoco ha contribuido mucho a disolver la presunción de mala calidad?

Amazon ha facilitado, y por tanto masificado, la autoedición digital. Esa facilidad para publicar, unida al hecho de que sea gratuito, hace que mucho autores se dejen llevar por la impaciencia y no presten a sus textos la atención suficiente antes de subirlos a la plataforma. La baja calidad de la inmensa mayoría de los libros autopublicados hace que los que sí valen la pena lo tengan muy difícil para que alguien les dé una oportunidad.

Hoy eres, por utilizar una jerga que a mi no me gusta demasiado, “una estrella en ascenso”, pero, ¿te esperabas la buena acogida que ha tenido La maniobra de la tortuga?

Yo estaba muy seguro de mi trabajo, y La maniobra de la tortuga es una novela en la que me he dejado la piel, así que esperaba que los lectores reconocieran el esfuerzo. Lo que no esperaba para nada era el espectacular poder de distribución y visibilidad de una editorial como Suma de Letras, tan importante en los tiempos que corren, que me ha hecho llegar a muchos más lectores de los que esperaba. Y es que puedes escribir el mejor libro del mundo, pero si es invisible, los lectores jamás le darán una oportunidad.

Interpreto entonces que las redes sociales, que suelen ser las herramientas de los autores que publican con los pequeños sellos, tienen un efecto harto limitado…

Las redes sociales son una herramienta muy poderosa, pero si no van acompañadas de una distribución medianamente decente, no hay nada que hacer. Por ponerte un ejemplo, hace tiempo escuché hablar maravillas de la novela El ataque Marshall de José Ramón Gómez Cabezas, pero mi librero de confianza fue incapaz de conseguirme un ejemplar, y de no haber sido porque me encontré con su autor en Granada Noir, tal vez me habría sido imposible conseguirlo.

¿Qué se siente ante los elogios de escritores de la talla de Del Árbol, Pérez Gellida o Gómez-Jurado?

Una satisfacción y un sentimiento de gratitud inmenso. En esto de los libros no hay, o no debería haber, competencia. Esto no es como el futbol, que si eres del Madrid quieres que el Barça pierda hasta el autobús. Yo quiero que los lectores lean mis libros, y los tuyos, y los de Gómez-Jurado. Después cada uno tiene sus favoritos, como es normal, pero esa camaradería entre escritores es enriquecedora y ayuda mucho a subsistir en un medio tan complicado como el editorial.

¿Qué te importa más, una reseña en el suplemento literario de un importante rotativo o la adhesión de lectores no “expertos”?

Los suplementos literarios tienen tal poder de difusión que pueden encumbrar obras mediocres con sólo proponérselo. Sin embargo, creo que cada vez es más importante la prescripción de lectores que no son más que eso, personas que leen y opinan por el placer de hacerlo, en lugar de los que lo hacen por un sueldo. Son más sinceros en sus opiniones y ayudan a dar visibilidad a autores menos mimados por los medios tradicionales.

Un reto, ¿a que no te atreves a mencionar una de esas obras mediocres?

Fácil: La chica del tren.

El reconocimiento o la aceptación en los círculos literarios en general y en los círculos del “Noir” en particular, suelen ser lentos, si es que se producen, pero ¿cómo se lleva el fenómeno del ninguneo, sobre todo a la vista del irresistible egocentrismo que solemos tener los autores?

Creo que hay que evadirse de ese tipo de comportamientos. Nuestros jefes son los lectores, son los responsables de que estemos ahí, dándole a la tecla y devanándonos los sesos en cada capítulo. Nos debemos a ellos, así que me parece mucho más sano olvidarnos de esos llamados “círculos literarios” y currar, que es a lo que nos dedicamos. Si muchos escritores pasaran más tiempo escribiendo, leyendo y corrigiendo en lugar de apuntarse a cada sarao literario que surge, seguro que les iría mucho mejor.

Supongo que te refieres a los autores obsesionados por “figurar”, los invitados de piedra de bastantes festivales de novela negra, por ejemplo.

Me refiero a esos autores que dan más importancia al hecho de «ser escritores» que a «escribir». Festivales de novela negra, tertulias literarias, mesas redondas… Este oficio es mucho menos glamouroso de lo que pudiera parecer, y la interacción con los lectores en festivales y ferias del libro es una parte mínima del trabajo del autor.

¿No te da la impresión que hay un descomunal culto al “pelotazo”, al éxito fácil y rápido, claro está, en detrimento de la paciencia, el rigor y el esfuerzo en la creación literaria?

Sí, pero eso no es algo nuevo. En las editoriales cada vez mandan más los contables y menos los editores. Si La chica del tren vende bien, el 99% de los esfuerzos de la editorial se van a dedicar a la búsqueda de una novela similar, en lugar de al descubrimiento de nuevos talentos literarios. A largo plazo esto va en contra de los editores, pero esto parece que cada vez importa menos. Como he dicho antes, más vale esforzarnos en escribir lo mejor posible en lugar de pasar el día lamentándonos por esto.

Tu crítica podría ser extensible a los agentes literarios, ¿no?

Y a los distribuidores, y a muchos libreros. Son las reglas con las que nos toca jugar.

¿Que lleven tu novela a la gran pantalla es la máxima recompensa?

Más que una recompensa, me lo tomo como un aliciente. Me va a permitir llegar a muchos lectores que se dejan guiar por el formato audiovisual, y que de otra manera no se acercarían a mis libros. Es emocionante, lo reconozco, pero no pierdo de vista que soy escritor de novelas, y que debo seguir trabajando para que la siguiente esté a la altura de lo que esperan los lectores.

Si me permites la opinión, a mi hay una frase que me crispa mucho y que consiste en “¡Ah, has publicado una novela, a ver cuándo hacen una película!”. ¿Eso no refleja la pereza imperante respecto al hábito de la comprensión lectora y el culto a la “masticada” imagen audiovisual?

Es exactamente eso. Además, refleja la ignorancia de quien condiciona la calidad de una novela a que hagan una película sobre ella. «Si hacen una película de tu libro, es que es bueno». El lenguaje audiovisual y el escrito son diferentes, cada uno tiene sus cosas positivas y negativas. Por eso creo que ambos formatos deberían complementarse y estar al servicio el uno del otro. Todos ganaríamos.

Ahora que lo dices, se comenta mucho que hay cada vez más escritores que parecen guionistas, cosa que no hay que confundir con el “arte del dialogo”, que sí es lo que caracterizó, por ejemplo, a muchos de los grandes de la novela negra…

A mí me gustan las novelas visuales, que puedas imaginarte en cada momento lo que está sucediendo sin necesidad de descripciones enrevesadas y aburridas. Y si tenemos que aprender a construir diálogos, el maestro a seguir es Andreu Martín. Los diálogos de sus novelas son duros, directos y muy reales.

Tu novela es de capítulos cortos, que se leen con soltura. ¿Lo hiciste por comodidad o fidelidad a la estructuras narrativas del género negro más clásico?

Por mi comodidad y la del lector. Me gustan los capítulos cortos, sin excesivas descripciones y mucha acción.

O sea que no quieres dárselo todo al lector, buscas que juegue también con su imaginación…

Por supuesto. Odio a los escritores que tratan a los lectores como si fueran idiotas y se lo explican absolutamente todo. Si privas a los lectores del placer de imaginar, ¿qué nos queda?

Tu protagonista, el inspector Manuel Bianquetti: un hombre largo e incluso físicamente grotesco. Digo yo una cosa, ¿la estética de la fealdad da mucho más de si, literariamente hablando?

La belleza te abre muchas puertas, y predispone a la gente a intentar agradarte. Por eso creo que es mucho más difícil ser feo y llevarlo con soltura y buen humor.

¿En el “Noir” y la novela policiaca hemos superado los estereotipos del galán o del “chulazo”, machorro y tío bueno?

Todavía quedan muchos de esos. Personalmente, odio a esos personajes guapos, más inteligentes y astutos que la gente corriente y que despiertan pasiones sexuales allá donde van. No me parecen reales, y como lector tiendo a rechazarlos. Que mi personaje sea feo y antipático no es casualidad.

No sé, yo, más que antipático, le veo irreverente e insolente…

Si Bianquetti fuera real me encantaría tenerlo de mi parte, pero no sé si me iría de cañas con él.

Bianquetti, es un hombre que se siente observado allí donde va, pero en cambio no parece un hombre con complejo de inferioridad o problemas de autoestima, todo lo contrario. ¿Para ti, la automirada es más importante que la mirada ajena?

Sin duda. La mirada de los demás no es otra cosa que el reflejo de la propia, y si tienes seguridad en ti mismo, nadie podrá arrebatártela. La genética nos ha dado cualidades y defectos, y está en nuestra mano potenciar unos u otros.

Sí, claro, pero la burla, la estigmatización o la discriminación ejercen una función destructiva en cuanto a la percepción de uno mismo y creo que, en cambio, Manuel tiene un carácter de la hostia, está inmunizado…

Precisamente por eso, porque lleva toda su vida escuchando a los demás hablar de él, notando cómo le miran y le señalan, y claro, si no tienes un carácter fuerte, eso puede destruirte. No obstante, si tuviera que definir a Bianquetti con una palabra, diría que es muy humano.

Veo que también sale de los esquemas “buenistas” con la que se pinta a veces a los detectives o inspectores en algunas novelas y que a fuerza de señalar su bondad y “luces”, terminan por convertirse en una apología de la ideología policial.

Es que la justicia, como principio moral de dar a cada uno lo que le corresponde, a menudo no se corresponde con la otra definición de justicia, entendida como el conjunto de leyes establecidas para garantizar la paz social. Por eso me parece indispensable dejar claro que los policías son personas, con sus valores y sentimientos, con sus luces y sombras. Ni todos los policías son buenos, ni todos los criminales son unos bellacos.

Deduzco entonces que no eres un autor “moralizante”, que no creas personajes en base a una mirada dicotomizadora y cerrada en torno al bien y el mal…

Para nada, y de hecho, no soporto las novelas que se empeñan en dar lecciones morales. Cuando cojo un libro, lo último que quiero es que me den lecciones de nada.

Sigamos con tu personaje. Bianquetti es un hombre en una relación conflictual con su entorno. No sé si a lo mejor querías romper con los mitos en torno a la viril camaradería imperante en un medio tan masculino como el policial.

Quería jugar con algo tan evidente como que a menudo, cuando haces bien tu trabajo, te conviertes en el blanco de la ira de tus compañeros y superiores. Y eso pasa en todos los ámbitos, no sólo en el policial.

Entonces, es verdad eso de que estamos en un país de envidiosos y culto a la mediocridad y que, en cuanto asomas la cabeza, ya te la quieren cortar…

A veces antes incluso de que asomes la cabeza. Por desgracia, así es.

¿Te gusta indagar en las contradicciones de los individuos, frente a la construcción de héroes inquebrantables?

Por supuesto. No existen los héroes inquebrantables, y como seres humanos, las contradicciones forman parte de nuestro día a día. Si no, esto de escribir sería muy aburrido.

Por momentos me pregunto que es lo que le define realmente a Bianquetti, si la falta de vocación o la ausencia de devoción hacia la gente de su entorno policial.

Lo que define a Bianquetti es su idea de un mundo justo, en el que los malhechores pagan por el mal que cometen. Es un idealista, y persigue esa idea de justicia llevándose por delante a todo el que intenta impedírselo, ya sean sus compañeros, sus superiores o la propia ley, en alguna ocasión. Creo que por eso es tan liberador escribir sobre alguien como él.

Al hilo del asunto, aunque la ambientación del mundo policial está muy presente, veo que no eres nada procedimentalista, no cansas a los lectores con detalles sobre ciencia criminológica o forense…

Opino que la documentación es el andamiaje de la novela, y al igual que en la construcción de un edificio, una vez que se termina hay que retirar los andamios. Odio a los escritores que se empeñan en demostrar constantemente a los lectores cuánto saben de un determinado tema y prefiero ir al meollo, a la acción, a los personajes, que son los que dan vida a la trama. Si un lector quiere leer sobre procedimiento policial, hay cientos de buenos manuales que saciarán su curiosidad.

Comparto tu opinión, pero estarás de acuerdo conmigo en que las configuraciones simbólicas y los sistemas representacionales y ambientacionales son importantes, un lector tiene que saber que está en una comisaria y no en ninguna otra parte…

Pero para ello no hay que aburrirle con detalles superficiales y que no aportan nada a la novela. Por ejemplo, si sé cómo es una sala de interrogatorios, no tengo por qué describirla sólo para demostrar mis conocimientos. Esa es la clase de detalles que me ahuyentan como lector.

Perdona que cambie de tema. La dimensión sumamente reaccionaria de las élites sociales y económicas de la España del sur y la histórica subordinación de las fuerzas de represión del Estado a sus intereses es bien conocida. Pero, leyendo tu novela, ¿qué es que ese poder sigue hoy igual de intacto?

Sólo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para ver que sigue siendo así. Hay distintas categorías de criminales, y la justicia no se comporta de la misma forma con unos y con otros. También hay categorías entre los fiambres, ojo. Hay muertos que obligan a un despliegue sin parangón de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y hay otros que no merecen ni una triste esquela en el periódico.

Se afirma que no hay una justicia igual para todos. ¿Es aplicable a las Fuerzas de Seguridad del Estado?

Yo creo que sí. Como dice uno de los personajes en mi novela: «A los poderosos es mejor no molestarlos».

Pienso también en las problemáticas de tu novela, la violencia de género, el abuso sexual e incluso el racismo y la xenofobia están muy presentes en tu novela, ¿por qué elegiste esos temas como ejes vehiculadores de la trama?

Porque están ahí, forman parte de nuestro día a día. Sal a dar una vuelta, ojea un periódico, habla con tus amigos y lo verás. Escribir novelas te da la oportunidad de denunciar aquello que está mal a nuestro alrededor, y creo que sería irresponsable no hacerlo.

¿El indignado movimiento de opinión pública frente a la violencia contra las mujeres está inspirando las novelas negrocriminales?

El drama de la violencia contra las mujeres va mucho más allá de la opinión pública o de las voces de los exaltados. Es una tragedia real, que sucede a nuestro alrededor, y es un fracaso para la sociedad no ser capaces de ponerle remedio. Es inevitable que esa circunstancia salte a las páginas que escribimos.

Sí, pero me pregunto si se hace siempre de forma adecuada, a mi me ha tocado leer novelas sobre el tema, que más que novelas, parecen disertaciones sociológicas en teoría feminista…

Volvemos a lo de antes: cuando un escritor pretende dar lecciones moralizantes sobre algo, automáticamente cierro el libro y me pongo a otra cosa.

Por cierto, ¿no hay un exceso de morbo social con esta cuestión? Lo estamos viendo por ejemplo, con el interminable caso de la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo…

Esa es la impresión que puede dar, pero sólo si nos quedamos en la superficie. Al margen de la búsqueda del cuerpo, hay una familia destrozada, que nunca volverá a levantar cabeza, y varios criminales confesos que siguen en libertad. Eso es lo que pasamos por alto, por desgracia.

¿Está justificado que a veces nos tomemos la justicia por nuestra mano?

Aquí debería ser correcto y decir que no, que nunca está justificado. Si quieres saber lo que pienso en realidad, sólo tienes que leer mi novela.

Uff, no dudes que lo he hecho, pero no quiero desvelar ciertas cosas sobre Bianquetti, eso es todo…

Entonces dejemos que los lectores lo descubran por sus propios medios.

Todos dicen que desmitificas el lado idílico de Cádiz, pero yo no creo que sea porque pongas sobre el tapete el lado “oscuro” del crimen, sino porque también subrayas los prejuicios, las desigualdades sociales y el abuso contra los más débiles, entre ellos, los inmigrantes, y eso nadie lo ha apuntado.

Sí que se ha apuntado antes. Lo que sucede es que no se le ha prestado atención, como a muchas otras cosas. Los informativos son un ejemplo de ello, ya que sólo vemos las noticias que les apetece enseñarnos, mientras muchas otras quedan en el olvido.

¿Qué futuro le espera a Manuel Bianquetti?

Quiero iniciar una serie de novelas con Bianquetti como protagonista, y poco a poco ir introduciendo nuevos personajes que le den frescura a la trama. El tiempo lo dirá.

¿Te veremos algún día bajo otra faceta literaria que la del género negro?

Posiblemente. El género negro es mi favorito, es el que más me gusta leer, y en el que me siento más cómodo escribiendo. Sin embargo, no descarto aventurarme en otros géneros en el futuro, y hasta aquí puedo leer.

Pues ya sabes que aquí tienes tu casa cuando quieras contárnoslo…

 

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Un comentario en “Benito Olmo: “Los suplementos literarios tienen tal poder de difusión que pueden encumbrar obras mediocres con sólo proponérselo”

  1. Señor Olmo, aquellas reseñas de libros un tanto discutibles de sus amigos convirtiéndolos en joyas literarias negras al nivel de Jim Thompson eran muy famosas. No me presuma usted de puro…que al final todos somos iguales.

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