Empar Fernández: “Si no aireamos la novela negra y renovamos tramas y personajes corremos el peligro de asfixiarla”

 

Laurentino Vélez-Pelligrini

Se habla mucho de la contribución de las mujeres al género “Noir” y se polemiza también sobre su lugar y reconocimiento en él. Premio Ciudad Santa Cruz 2017, Empar Fernández es precisamente de los nombres que más han reivindicado el papel de las autoras y la necesidad de acabar con su invisibilidad, sobre todo teniendo en cuenta una producción de equivalente calidad literaria a la de muchos compañeros varones. Profesora de enseñanza secundaria, empezó a publicar a principios de 2000 y desde entonces se ha ido consolidando como escritora, con luces y sombras en su camino e incluso tropiezos, pero sin nunca perder la constancia. Su etapa en Versátil le ha llevado a ser considerada una de las principales representantes del género negro en España, aunque ella no se considere una ortodoxa del mismo. Bien que Empar Fernández es persona de poner los puntos sobre las “ies” cuando se revela necesario, no tiene una retórica agresiva, ni sucumbe ante las provocaciones facilonas. A lo largo de esta entrevista conversamos sobre su trayectoria como escritora y mirada sobre la sociedad y el ser humano.

Premio Ciudad de Santa Cruz 2017 por tu novela Maldita verdad. En primer lugar, felicidades, pero sin poder evitar la pregunta del millón… ¿Un premio es la oficialización colectiva del reconocimiento?

La verdad es que todavía no puedo contestar tu pregunta. No sé si haber recibido un premio tiene algún tipo de consecuencia. Por el momento he recibido decenas de felicitaciones y quizás mi nombre y el de la novela suenen algo más. El reconocimiento también tiene una parte oscura, te sitúa, quieras o no, en el punto de mira de la crítica.

Desde la controversia sobre las dominaciones del año pasado al Premio Hammett, las surrealistas disputas en torno al “jarrón” y los encontronazos entre Rosa Ribas y Julíán Ibañez en Fiat Lux, parece que el ambiente se enrareció muchísimo en el mundillo del “Noir”. Me pregunto si todo esto ha sido necesario…

Sí, es necesario seguir evidenciando el sesgo de género que persiste en muchos campos; entre otros en la literatura de género. Que de todos los nominados a los premios que se otorgaban durante la Semana Negra de Gijón el año pasado no hubiera ninguna mujer ni puede ni debe ser ignorado. Y, como mínimo, es un dato que debería hacer pensar a los organizadores de festivales y a los miembros de los jurados.

Al hilo de lo que comentas, lo que más me ha molestado es que algunas voces hayan tomado tu galardón como un desagravio o un acto de corrección política y eso tiene que ser desagradable para alguien que ha puesto sudor y lágrimas en su obra…

Espero que, si ha sido así, se trate de personas que han leído la novela y consideran que no merecía el premio. Hablar por hablar es un vicio demasiado generalizado. Resulta doloroso, desde luego, pero es probable que durante este año suceda siempre que el premio lo reciba una mujer. Prefiero pensar que no es nada personal ni se deriva de un prejuicio de género.

También has sido una de las autoras que más has apostado por la renovación del género negro, sobre todo con tu reflexión sobre el “Gris asfalto”, pero parece que casi nadie se ha implicado. ¿Qué pasa en este país, que le tenemos miedo al debate? 

Mi intención no era popularizar ni imponer una etiqueta, sino señalar que mis novelas podían, y debían, incluirse dentro del género negro (puesto que, según algunos, son “casi negras”). Fue una etiqueta improvisada a modo de reacción. No creo que le tengamos miedo al debate, más bien considero que no sabemos debatir, nos falta tradición y carecemos de flexibilidad para aceptar los argumentos ajenos. Las posiciones son inamovibles desde el minuto 0, es muy difícil debatir en esas condiciones.

Incluso convertimos en “delito de opinión” lo que sale de lo unánimemente establecido, ¿no crees?

Sí, en ocasiones, acabas recibiendo críticas poco justificadas por atreverte a opinar, por entrar en un campo cercado. De todas maneras no es algo que me preocupe.

Una pregunta que puede resultar reiterativa para los seguidores de esta sección de Calibre .38 pero que creo necesario hacer  a algunos de vosotros: ¿Hay demasiada reflexión teórica sobre el “Noir”?

Creo que hay suficiente reflexión seria fruto del estudio del género y, por otra parte, demasiadas opiniones poco fundamentadas que no aportan nada. De todas maneras no sigo de cerca la reflexión teórica. Me interesa la innovación, el estilo o la estructura de una novela cuando la leo, pero no intento descubrir patrones o alcanzar conclusiones al respecto. No pretendo teorizar y raramente participo en un debate sobre el género y su evolución.

Algunos te criticaron por desmitificar a  los “maestros”, pero lo que no acabo de entender es por qué hay gente que se obsesiona de semejante manera con ellos, casi hasta convertir en “dioses” los que solo tendrían que ser referentes intelectuales y literarios.

Imagino que todo el mundo necesita buenos referentes, modelos a imitar, seguir caminos ya surcados. Es indiscutible la calidad de los “maestros”, pero podemos añadir nuevos “maestros” a los ya entronizados y abrir nuevas vías al género. Si no aireamos la novela negra y renovamos tramas y personajes corremos el peligro de asfixiarla y, lo que es mucho peor, de generar en el lector la desagradable sensación de dejà lu.

Me decía en esta misma sección nuestro amigo David Llorente que en el “Noir” español tenemos a muy buenos escritores pero que no se puede afirmar que tengamos a ningún genio. ¿Suscribes?

Es difícil pronunciarse. A mí puede parecerme genial alguien que otro lector califique de mediocre. No me atrevo a pontificar en ese sentido. Hay autores que me parecen extraordinarios. El tiempo dirá.

Me gustaría que cambiásemos de registro y hablemos de tu producción literaria. Aunque ya te habías iniciado a principio de la década del 2000 con una primera novela, Horacio en la memoria, realmente, cuando entras en esto del “Noir” y de la intriga es después con Pablo Bonell Goytisolo y junto al que escribiste a cuatro manos la trilogía sobre el policía Santiago Escalona. Han pasado más de trece años desde aquella experiencia, no sé qué recuerdos conservas de ello o si hoy la repetirías.

Mis recuerdos de las novelas de Santiago Escalona son excelentes, creo que la trilogía merecía haber tenido mucha mejor suerte. La complicidad con Pablo era magnífica, trabajar juntos era divertido y resultaba muy exigente. Nos compenetrábamos muy bien. Escribimos tres novelas más: Cienfuegos, 17 de agosto, Hombre muerto corre -que no llegó a distribuirse por problemas internos de la editorial canaria que publicaba el texto- y La mirada infinita. Repetiría la experiencia con Pablo sin el menor problema. De hecho no lo descartamos en un futuro.

También tienes una faceta, quizás no la más conocida, pero para mi sumamente interesante y relacionada con la memoria colectiva, como es el caso de tu obra Hijos de la derrota, la historia de tres niños en los tenebrosos años de la posguerra española. ¿También volverías  algún día a esta ambientación o que es que crees, como lo pretenden algunos, que se trata de un tema agotado?

Como escenario prefiero la posquerra a la guerra. No es un tema agotado, ni mucho menos. En mi próxima novela, que aparecerá en otoño de 2017 y que no es una novela de género, se entrecruzan la posguerra española y la inmediata posguerra europea; ambas muy interesantes literariamente hablando. Las dificultades de todo tipo que entraña sobrevivir a una guerra son “munición” para una novela.

¿No te desconcierta la frivolidad con la que se está tratando últimamente el tema de la posguerra española, sobre todo a través de algunas series de televisión o novelas comerciales?

Sí, tienes razón, se les añade una pátina casi de glamour que resulta incluso un poco ofensiva. Por lo que he podido ver se pervierten las atmósferas y se embellecen los protagonistas para conseguir los objetivos comerciales previstos de forma que se pierde la verosimilitud y se acaba por ofrecer una imagen falseada.

Y tú, que eres profesora de instituto, ¿cómo crees que ven nuestras jóvenes esa época? Porque, a diferencia de nosotros, que escuchamos muchas “historias orales” en nuestro entorno familiar más inmediato, ellos solo tienen referencias cronológicas muy abstractas…

Creo que no acostumbran a imaginar esa época. Los referentes les resultan demasiado lejanos, completamente abstractos como bien afirmas.

Con tu entrada en Versátil abres, desde luego, una nueva etapa, ¿pero dónde están las continuidades y discontinuidades con tu trayectoria anterior?

Resulta difícil contestar. Considero que la continuidad está en un estilo propio que pretendo conservar y no traicionar. Y, a estas alturas, creo no haberlo hecho. Mis novelas “negras” más recientes continúan siendo intimistas, introspectivas y sólidamente ancladas en la realidad social en la que se desarrollan, tal y cómo lo eran las anteriores (El loco de las muñecas, Mentiras capitalesHijos de la derrota o las protagonizadas por Santiago Escalona). Mi etapa en Versátil es la del inicio y el cierre de una nueva trilogía, la Trilogía de la culpa, y eso comporta tramas propias y singulares, unos personajes nuevos en cada una de ellas que comparten un mismo sentimiento, el de la culpabilidad. Un tema central y un mismo estilo narrativo.  Probablemente no sé escribir de otra manera.

Maldita verdad es una obra sin policías y de hecho, presentas a tu protagonista, Olga Bernabé, como una ciudadana desamparada por ella tras la muerte de su hijo. No sé si de alguna manera has querido desmitificar una figura demasiado  idealizada y apologetizada, por ejemplo, en las  propias novelas procedimentalistas…   

La verdad es que en todas las novelas de la trilogía me planteé la condición de que el investigador no perteneciera a ningún cuerpo policial ni estuviera profesionalizado. Es mucho más difícil llevar a cabo una investigación con medios precarios y sin más ayuda que tus contactos o tu sagacidad. Era una especie de reto. No tenía la pretensión de desmitificar nada, más bien la de buscar la singularidad.

En cambio hay un entrañable  joven, Raúl, aprendiz de detective, al que le va a tocar resolver el caso y aquí me pregunto si no le quisiste dar a tu historia un toque de Domestic Noir.

No me planteé de forma consciente ese propósito aunque admito que el resultado se aproxime al subgénero Domestic Noir que es una etiqueta que no me entusiasma.

Veo que en tu novela la muerte está rodeada por circunstancias muy simples, lo que me hace deducir que le das mucha más importancia a sus consecuencias emocionales que a sus aspectos rituales. Te hago la pregunta al hilo de lo mucho que me crispan las novelas que juegan con la estética de lo sangriento y visualmente impactante, para terminar colándonos tramas insustanciales, cero patatero, literariamente hablando…  

Tu apreciación es acertada. En mis novelas el crimen tiene algo de fatalidad, de mala suerte, y muy poco de ritual. Ni el escenario ni la estética del crimen me interesan, pero sí el antes y el después, el móvil y las consecuencias. Creo que hablar de psicópatas y de depredadores acaba siendo un recurso fácil para escribir del crimen por el crimen. Repito: demasiado fácil.

Al echar una mirada sobre  tu trayectoria como escritora, enseguida se da uno cuenta que las relaciones de filiación y parentesco están muy presentes como problemática central en tu producción.

Sin la menor duda. Creo que el entorno familiar, las relaciones padres-hijos o las relaciones de pareja, son las que mueven el mundo y las que generan pasiones más intensas. Siempre repito que me interesa especialmente lo que ocurre entre el sofá, la cama y la mesa.

Y supongo que también tienes un interés antropológico por el tema, además de literario…

Mi interés es la pura indagación, profundizar en el conocimiento. La etiqueta de antropológico creo que excede mis propósitos.

Entre nuestra generación y por distintos motivos sociales y culturales, las relaciones de parentesco se basaban en la autoridad y la jerarquía inter-generacional, lo que se llamaba, el “respeto por los mayores”. Sin embargo, en tu novela lo que veo es que incides más en los vínculos inter-subjetivos y emocionales  entre hjjos y padres…

Desde luego. Creo que nuestra generación ha experimentado una evolución positiva. La relación que las personas de mi generación mantenían con sus padres no tiene nada que ver con la que nosotros mantenemos con nuestros hijos. Buscamos el diálogo, la confianza, el plano de igualdad… No siempre salimos airosos.

A través del personaje de Olga, ¿qué quisiste también, sacar del “armario” social a muchas madres confrontadas a la educación de sus hijos, en muchos casos en la soledad y falta de apoyo, “madres coraje” como solemos decir coloquialmente? 

Mi pretensión era enfrentar a una madre sola a una situación difícil: el día a día junto a un hijo que atraviesa una adolescencia convulsa que acaba en un final trágico. El adolescente es un ser que transita entre el agobio y la euforia, que desconcierta e intranquiliza y cuyos silencios generan ansiedad e interrogantes.

Hay algo que me resultó muy interesante en la figura de Daniel y me matizarás si me equivoco, pero al leer tu novela la conclusión que saco es que has querido poner sobre el tapete al “niño-sujeto”…

Desde luego Daniel es ese niño-sujeto que se modela a través de los canales habituales y que, recordando el pasado a traición, adquiere madurez y conciencia súbita de las consecuencias de sus actos. Un sujeto pensante que acaba devorado por la culpa.

¿Por qué son tan complicados los adolescentes de hoy? ¿Nosotros teníamos quizás menos cosas materiales, oportunidades sociales y tecnologías, pero en cambio destilabamos una identidad personal más homogénea?

Creo que nuestros referentes no eran tan numerosos y nuestra adolescencia mucho más corta. El adolescente a día de hoy se ha de definir en muchos ámbitos (tribus, moda, aficiones, perspectivas de futuro…) Creo que sin pretenderlo les hemos complicado la vida enormemente.

¿No te da la impresión de que últimamente se está estigmatizando demasiado a nuestros adolescentes? Lo estamos viendo, por ejemplo, con discursos más o menos reaccionarios que apelan a la restitución del “garrote duro” en nombre de la autoridad familiar y paternal.

Yo lo vivo desde el plano educativo y lo que creo que debemos hacer es enseñar al adolescente a asumir responsabilidades y a comprender que todo requiere un esfuerzo. La verdad es que la realidad nos demuestra que cada vez más adolescentes manifiestan actitudes agresivas en el entorno familiar, es especial respecto a sus madres. Creo que no debemos generalizar y que cada casa es un mundo.

La figura paterna también tiene un lugar relevante en tu novela y aquí me voy a erigir en abogado del diablo. Me ha gustado mucho el personaje de Salvador, un hombre que en realidad no es lo que aparenta. Me pregunto si la máscara y la mentira no tienen también su razón de ser…

Esa es la razón de la novela. La intención de Salvador es evitar que la verdad salga a la luz, una verdad que no le conviene a nadie y que causará un dolor infinito a la madre de Daniel. En ocasiones sobrevaloramos la verdad, no siempre es deseable. No lo es en esta novela que por algo se titula Maldita verdad y Salvador, un personaje al que detestamos desde el principio, está dispuesto a todo para evitar que se conozca.

Situaciones anecdóticas e incluso accidentales pueden tener consecuencias terribles en la vida, como es el caso de la trama de tu novela. Entonces, ¿debemos desconfiar de la providencia, del azar o de la cotidianidad más simple, no estamos a salvo de nada?

Estoy convencida de que no, no estamos a salvo nunca. Nos pasamos la vida sorteando obstáculos, superando revisiones médicas, esquivando accidentes… Creo en la fatalidad y en el poder aniquilador del azar.

La culpa es efectivamente, el gran tema de tu novela y el origen de todo lo que acontece en la trama. Pero me pregunto si los individuos no deberíamos también aprender a perdonarnos, a riesgo de que el remordimiento nos lleve a los peores actos e incluso a la autodestrucción…

Creo que lo que deberíamos hacer es aprender a no sentirnos culpables de casi todo. Nos han enseñado a experimentar culpabilidad por un gran número de cosas de las que no somos responsables. Seríamos mucho más felices si supiéramos librarnos de ese sentimiento que a menudo experimentamos de forma gratuita.

Vestigios de nuestra cultura judeocristiana… Pues bueno, Empar, aquí acabamos y ya sabes que seré un lector incondicional de esa nueva novela sobre la posguerra que nos has prometido. En nombre de Calibre .38 y del mío, te reiteramos nuestra felicitaciones por el Premio Ciudad de Santa Cruz 2017…

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Un comentario en “Empar Fernández: “Si no aireamos la novela negra y renovamos tramas y personajes corremos el peligro de asfixiarla”

  1. Estoy muy de acuerdo: lo de “casi-negras” (“Gris asfalto”), es decir, historias donde el crimen sea tan sencillo como alguien que de repente se le cruzan los cables y mata, roba, secuestra…, a otro alguien, sin soporte mafioso (para eso ya tenemos algunos gobiernos y, con leer los medios de comunicación es suficiente), sin grandes organizaciones criminales, sin misteriosos narcos, traficantes de esclavas, alcantarillas sucias, espías que espían a espías, etc. Siento traer este ejemplo, por lo misógino y fantasmón de la persona, pero Simenon siempre decía algo así como que lo que le interesaban eran las reacciones del ser humano (lo he suavizado, él decía hombre) normal y corriente sometido a tensiones extraordinarias. Creo que eso es algo parecido al “casi negro”. También en los medios tenemos muchos ejemplos todos los días, pero son ejemplos cotidianos, como ese joven que en una discusión de tráfico presuntamente (hay que poner esto, si no…) mata de un puñetazo a un hombre mayor, sin que detrás del joven ni del mayor existan espías, mafiosos, etc., al menos eso creo.
    Y muy de acuerdo con esta afirmación: “que de todos los nominados a los premios que se otorgaban durante la Semana Negra de Gijón el año pasado no hubiera ninguna mujer ni puede ni debe ser ignorado”. Ni mucho menos.
    En realidad la entrevista, muy bien planteada y mejor resuelta, es muy interesante.

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