Reseña: “Recursos inhumanos”, de Pierre Lemaitre

Teresa Suárez

Después de “diecisiete años viviendo de perlas”, Alain Delambre, director de recursos humanos en una empresa de casi doscientos trabajadores, es despedido. Tras cuatro años en el paro, ve como sus esperanzas de encontrar empleo en lo suyo (la edad juega en su contra) disminuyen a pasos agigantados. Obligado a aceptar trabajos muy por debajo de su preparación y expectativas, cada vez se siente más marginado. Cuando una empresa de reclutamiento le comunica que ha sido seleccionado como candidato para ocupar un puesto similar al que tenía, se mostrará dispuesto a todo, rabiosamente dispuesto, con tal de conseguir el empleo soñado.

Convertirte en un colérico héroe que lucha contra las multinacionales (que en su objetivo hacia la consecución del 200% de beneficios no dudan en reducir, hasta el borde del estrangulamiento, las posibilidades de supervivencia de las miles de personas que, como si de un reguero de sangre y desdicha se tratara, van dejando en su camino) no solo exige intención, que la hay, sino capacidad para que ese moderno Robin de los Bosques logre empatizar con los parados de todo tipo y condición social, algo que, me temo, este Alain de la Crisis no consigue en absoluto.

Para que los más desfavorecidos se sientan identificados y sigan con atención las aventuras de alguien de una clase o estatus superior que dice luchar en su nombre, o tienes un carisma desbordante o tienes el rostro de Errol Flynn y las mallitas te sientan igual de bien que a él (se definía a sí mismo como “símbolo fálico universal”). Si no cumples ninguno de esos requisitos lo tienes muy, pero que muy complicado.

Alain Delambre tiene 57 años y es un directivo en paro, sí, pero su situación personal dista mucho de ser tan dramática como para que compartamos su rabia y, más difícil todavía, nos creamos el pifostio que monta en nombre, supuestamente, de la justicia.

Encuentra trabajos temporales (mientras que en España el Salario Mínimo Interprofesional es de 707,60 €/mes, en Francia es de 1.480,3 €/mes). Su mujer es directora adjunta de un centro de documentación. Mathilde, su hija mayor, es profesora de inglés y Lucie, la pequeña, abogada, por lo que ninguna necesita la ayuda de sus progenitores. ¿Cuál es, a mi entender, el problema? Pues que cuando eres un ejecutivo acostumbrado a ganar un pastón, que sueles gastar en proporción (“Teníamos dos coches porque resultaba más práctico, pero sobre todo porque no nos lo planteábamos de otra forma. Al cabo de los años, nuestro nivel de vida había ido subiendo gracias a la conjugación de nuestros respectivos ascensos y los sucesivos aumentos salariales”), reducir el nivel de vida exige un esfuerzo que muchos se niegan a realizar.

Por tanto, viéndolo como yo lo veo, la cantidad de acciones irracionales y disparatadas, como pegar al yerno, engañar a su hija para quitarle sus ahorros, contratar a detectives privados y ex mercenarios o comprar armas (todo eso sin hablar de empleados modelo dispuestos a trabajar sin cobrar un duro hasta que su empresa los vuelva a contratar o del sin techo alcoholizado que sacrifica su vida en aras de la amistad), se presentan como una serie de despropósitos que, por absurdos y excesivos, resultan totalmente increíbles.

Términos como management, benchmarking o social networking, hacen pesada la lectura. En cuanto al uso recurrente de noticias (sea en prensa, televisión o Internet) relacionadas con los millones de euros que se apandan las empresas (“Los delitos financieros alcanzan cotas vertiginosas. Los responsables argumentan que se trata de un efecto normal de…”) mientras practican una dura política de despidos (“Buenas noticias: los Estados Unidos solo han perdido 548.000 empleos este mes”), puede que le sirva a Lemaitre para contextualizar la novela en un presente duro y deshumanizado que no augura un futuro mejor, pero se acaba convirtiendo, por repetitivo, en algo irritante y agotador.

En Recursos Humanos, a diferencia de sus anteriores novelas, Lemaitre no da la talla en suspense (mientras que las protagonizadas por Camille Verhoeven, mon petit commandant, están repletas de giros bruscos y sorprendentes, en ésta resulta todo bastante previsible), el humor brilla por su ausencia, apenas roza el aprobado en entretenimiento y suspende clamorosamente en capacidad de emocionar.

¿Un duro alegato contra los efectos del capitalismo?

¿Un noir brillante sobre el desempleo?

Puede que para algunos lo sea.

Pero a mí, admiradora confesa de Pierre, Recursos inhumanos me ha parecido terriblemente aburrida y tan exasperante como hacer cola en la Oficina del INEM.

 

Recursos inhumanos

Pierre Lemaitre
Trad.: Juan Carlos Durán Romero
Alfaguara

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4 comentarios en “Reseña: “Recursos inhumanos”, de Pierre Lemaitre

    • A mi, que he leído Vestido de Novia y todas las del Comandante Verhoeven, ésta me resultó pesada. Mis favoritas son las protagonizadas por Camille Verhoeven (la que más me gustó fue Camille, la última). Un saludo.

  1. Vaya, Teresa, enorme sorpresa para mí ha resultado tu reseña. Todo lo que leído de Lemaitre me ha gustado (“Nos vemos allá arriba”, “Irene”, “Camille” y otras). Tengo en lista de espera “Vestido de novia”. Jamás me habría esperado una novela de Lemaitre aburrida…, pero si tú lo dices será así.
    Un abrazo

    • Hola Juan Carlos:
      A mi Lemaitre me gusta mucho (me falta leer Nos vemos allá arriba). Si leíste mi reseña de Camille no hace falta que te diga cuanto disfrute ni cuanto me impactó. El listón estaba alto y Recursos Inhumanos me decepcionó porque no me la creí. En cualquier caso sólo es mi opinión y, probablemente a otros lectores les habrá encantado. Si al final la lees ya me contarás. Un saludo.

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