Reseña: “Un nido de víboras”, de Andrea Camilleri

Ricardo Bosque

Las novelas de Andrea Camilleri deberían llevar, en la faja promocional que suele acompañarlas, la siguiente leyenda: “Prescribir en caso de aburrimiento, apatía o astenia primavero-criminal”.

Al menos, a mí la medicación me funciona de maravilla y constituye el mejor remedio para aquellos momentos en que me encuentro saturado del género, aburrido de leer siempre lo mismo, agobiado por la cantidad de lecturas pendientes -y con las que me siento comprometido- y que, vete tú a saber por qué, no me apetece acometer.

Y es curioso lo que acabo de escribir de “aburrido de leer siempre lo mismo”, porque con Camilleri -con Montalbano en realidad- se trata de combatir la enfermedad con una especie de vacuna, es decir, mediante de la inoculación de una pequeña dosis -algo más de doscientas páginas- del propio virus.

Porque, no nos engañemos, leer Montalbano es volver a leer lo mismo una y otra vez: los mismos tics de Catarella, las mismas disputas entre el comisario y su eterna novia, los mismos escarceos amorosos de Mimì Augello… Y, sin embargo, nada más placentero como volver a lo que ya es tu casa, allá en Vigàta, en Marinella, evitando ir a buscar a Livia a Punta Raisi cuando llega de visita -siempre en el peor de los momentos posibles-, luchando por el último cannolo con el dottore Pasquano, viendo como se le cae la baba al fiscal Tommaseo ante una mujer de bandera, conspirando con Nicolò Zito o ridiculizando a Pippo Ragonese.

Qué más da que el muerto sea el director de un supermercado o un viejo verde, chantajista y usurero; que un niño se dedique a robar meriendas o que un empresario aparezca muerto en su coche, en principio por causas naturales; que nuestro amigo Salvo deba frecuentar en el transcurso de la su investigación hipódromos o residencias de mafiosos; qué importa si en ocasiones Montalbano se hace trampas al solitario, olvidando indicios vitales para la investigación -serán los años, 58, que no perdonan- o si Camilleri le oculta información que termina apareciendo demasiado tarde.

Da lo mismo, lo importante es sentirte como en casa, pensar que formas parte de una gran y entrañable familia, disfrutar de unas estructuras perfectas, sin complicaciones -¿para qué hacer innecesariamente difíciles las cosas?-, repletas de grandes personajes y mejores diálogos, ágiles e ingeniosas hasta el punto de hacerte olvidar que, un día antes, habías prometido no leer más novela criminal al menos durante un par de meses.

No diré nada de la trama de Un nido de víboras: para qué, si ya está perfectamente apuntada en la contraportada de la novela. Nada de los personajes: para qué, si ya los conocemos como si los hubiéramos parido. Sólo terminaré deseando que, en mi próximo bajón lector, tenga a mano, en mi creciente pila de novelas pendientes, la última del comisario Montalbano.

Así se me quita la tontería y dejo de renegar de inmediato contra el género que tanto me apasiona.

 

Una voz en la noche
Andrea Camilleri
Trad.: Carlos Mayor Ortega
Salamandra

4 comentarios en “Reseña: “Un nido de víboras”, de Andrea Camilleri

  1. Estás muy acertado en el comentario. A veces renegamos de un género que repite esquemas, situaciones, temas…, y a veces hasta diálogos. Y renegamos de ello. Pero volvemos una y otra vez, aunque estemos separados de él durante un tiempo. Sí, buscamos entretenimiento, pero a veces deseamos más. Pero esa relación masoquista con el género no solo la tenemos nosotros, hay muchos más. Por ejemplo sesudos filósofos como Wittgenstein, cuando se fue por segunda vez a Noruega para estar solo y dedicarse a la lógica, se llevó unas cuantas novelas policíacas también. Alfredo Deaño, en su “Introducción a la lógica formal”, en la segunda parte, explicando la lógica de predicados pone un ejemplo de una novela policíaca de Jonathan Princeford titulada “Más allá de allende los mares”. Y es que en el género, nos guste o no, buscamos más que entretenimiento. A mis alumnos siempre les he dicho, cuando me hablan de aburrimiento y me preguntan si yo me aburro, “Desde que descubrí la literatura no existe para mi el aburrimiento”.
    Por cierto, no he leído la novela que cita Alfredo Deaño. ¿Alguien podría dar alguna pista?

  2. Hola, pues llámame pava, dime que no me entero y todo o que quieras decirme, pero te prometo que no conocía ni al libro, ni la serie, ni al escritor, y no quiero quitarme responsabilidad en este hecho, pero el caso es que cuando ves novela negra por cualquier librería, grupo o biblioteca siempre andan por ahí de manera cansina y a modo de súper promoción, con un marketin abusivo y desproporcionado los mismos títulos, que yo por ser Paco (pa contrarias, que decimos en mi casa) siempre me cuesta cuando no me niego en redondo a leer, siempre es lo mismo y ya también cansa un poco, más para mi que no soy seguidora incansable de novela negra, pocas logran que deje mis géneros para adentrarme en crímenes e investigaciones, las que he leído, la mayoría no han tenido el éxito que sin duda merecen por no tener una gran editorial detrás bombardeando con el thriller, pero creo que esto es precisamente lo que las hacen especiales, que solo los privilegiados que no nos regimos por las modas tenemos el enorme placer de conocerlos. Obviamente queda anotado, y con la estrella de preferente. Gracias por darme a conocer este libro, espero entrar en esa gran familia. Saludos.

  3. Una vez leída “Nido de víboras” entiendo mejor tus palabras:“aburrido de leer siempre lo mismo”. Y es que es lo mismo. Cierto que entretiene, pero… ¿no buscamos algo más en la literatura?. “Nido…” es una historia nueva, una familia que es mejor ni mencionar, pero contada de la misma manera, con las mismas palabras, con los mismos giros, con los mismos circunloquios, con las mismas metáforas, con las mismas expresiones… Estas cosas son las que nos apartan, una y otra vez, del género, aunque volvamos a él malhumoradamente. Estaré otra temporada lejos.

  4. Pingback: Reseña: “Conduce rápido”, de Diego Ameixeiras | Revista Calibre .38

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