Novela: “La casa del nazi”, de Xabier Quiroga

Manu López Marañón

Aunque el idioma gallego no pasa por un momento de esplendor (se dejó de subvencionar y fomentar, y ello influye en la creciente pérdida de gallego hablantes), a Xabier Quiroga (Lugo, 1961), filólogo y profesor de lengua y literatura, no parece irle mal utilizándolo para pergeñar sus obras. Con títulos como Atuado na Braña, Era por setembro, O cabo do mundo, o Zapatillas rotas, aparte de gozar del aprecio de los especialistas y de ganar dos veces el Premio de la Crítica –en 2009 y 2015–, ha conseguido convertirse en un autor leído y estimado en Galicia, codeándose con escritores bilingües como Manuel Rivas, Inma López o Francisco Castro. Ante el éxito de Izan o da saca (Xerais, 2015), Ediciones B decide traducir la novela al castellano y distribuirla por todo el territorio nacional con el título La casa del nazi.

Para entretener a sus nuevos lectores Quiroga desvela de manera prolija y ralentizada lo que fue «La Ruta de las Ratas», o cómo cientos de criminales de guerra nazis recibieron ayuda de las autoridades franquistas para emigrar a sus retiros dorados en Sudamérica. El autor utiliza el formato thriller en su variante de investigación histórica y viene protagonizado por un detective amateur, ese taxista de pueblo aficionado a las novelas que responde al nombre de Xose Manuel Outeiriño Reina –Pepe Reina–, contratado por un importante político del Partido Popular –Marcelo Varela Arias– para averiguar qué demonios pinta su reputado nombre en la misiva que un caza nazis argentino –Marcelo Cifuentes– ha remitido a un universitario –Víctor Leira López– en plena indagación sobre la presencia de importantes jerarcas nazis (con Adolf Hitler a la cabeza) durante la Galicia de postguerra.

Contadas en primera persona las innumerables peripecias de Pepe Reina, un detective paródico en la línea manicomial del innominado protagonista de El misterio de la cripta embrujada, él asimismo recibirá su buena ración de palizas y puñetazos (sin que falten desengaños con las mujeres –algo siempre celebrado en historias de este tono, con alguna «impactante» declaración de lesbianismo incluida–)… pero esas continuas peripecias pronto acaban por hacerse cansinas. Con abundante documentación sobre el tema (no diré que no resulte sugestiva), y de la que solo el autor sabrá hasta qué punto es veraz (cuando la novela es buena ningún lector pregunta por eso), la opción que Quiroga toma de resumir, cada tanto, esta trama en presente para que ese moderno lector acostumbrado a las papillas de los best-sellers no se pierda (bastante consigue, sin apenas tiempo, cogiendo un libro como para pedirle que elija a Proust…), tales repeticiones, creo, no hacen ningún bien a esta parte del libro. Como tampoco que en la investigación de Pepe Reina las «casualidades» se acumulen. Bastarán como ejemplos de ellas ese número del diario El Progreso que estratégicamente aparece desplegado en la biblioteca del monasterio de Samos y que informa a Reina de la muerte de uno de sus colaboradores –el especialista informático Barrabás–, o aquella carpeta de cordel desatado, avizorada in extremis, que resulta contener un manuscrito esencial para la resolución del caso… Que encima sendas casualidades se produzcan seguidas dan a este capítulo –el 53– un perfil narrativo ortopédico que debería haberse limado.

Más acertado, y ciertamente mucho más literario, se muestra Quiroga a la hora de desarrollar la segunda trama (no secundaria) que conforma La casa del nazi. Quizá por usar la tercera persona, la amplitud de lo evocado, así como la calidad del lenguaje usado, y, hasta diría yo, el interés de lo que se narra, suben enteros y –desde luego– configuran lo más recordable de este desigual libro. La historia de Loliña, la hija del Penas (un fiero lobo de bar anticlerical y pendenciero), en ese pequeño pueblo pronto se focaliza en los años posteriores a nuestra guerra. Gracias a su maestro Armando (un soltero republicano que teme represalias) Loliña, tras morir su padre carbonizado en un incendio, encuentra refugio y cariño en su casa, de donde será sacada por la fuerza para ponerse a servir en una mansión. A ella llega un importante mando alemán –Hans– derrotado en la segunda guerra mundial…

Con meritoria habilidad (esta no es su primera novela) Quiroga junta ambas tramas fusionando de feliz y eficaz manera pasado y presente.

Respecto a los personajes establezco igual jerarquía: los de la trama en presente o bien me parecen algo erráticos y esquemáticos (Reina) o bien los encuentro desdibujados y desaprovechados (así Lelia, la abnegada lectora, o Barrabás el informático), cuando no directamente metidos con calzador como la bella morena Verónica, con quien Pepe se encama. Sin embargo los personajes de la trama ambientada en la postguerra, desde Loliña a Armando, pasando por el nazi Hans, tienen empaque y una indudable credibilidad literaria.

La casa del nazi
Xabier Quiroga
Ediciones B

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