Novela: “Después de la caída”, de Dennis Lehane

Ricardo Bosque

“Un martes de mayo, a los treinta y cinco años de edad, Rachel mató a su marido de un disparo. Él retrocedió tambaleándose con un extraño semblante de aceptación, como si en el fondo siempre hubiera sabido que Rachel acabaría matándolo.

Su rostro también reflejaba sorpresa. Rachel dio por hecho que el de ella también.

La madre de Rachel no se habría sorprendido”.

Con esta contundencia arranca Después de la caída, lo nuevo de Dennis Lehane, una novela de 459 páginas de las que en las 250 primeras “no pasa nada” sin que por ello se vea mermado el interés del lector por saber qué puede llegar a ocurrir en la vida de Rachel Childs, algo al alcance tan solo de monstruos de la narrativa como el estadounidense de Massachusetts.

Claro, he dicho que no pasa nada y no soy justo, pues en realidad no pasa nada que nos lleve a pensar que estamos ante una novela negra, criminal o como la queramos catalogar. Simplemente nos encontramos con una mujer en busca de su pasado, una hija tratando de averiguar la identidad de un padre ya que su madre siempre se opuso a facilitársela. Con un detective honrado que se niega aceptar su encargo por imposible y que le recomienda que no recurra a ninguno de sus colegas con menos escrúpulos, pues lo único que conseguirá es una abultada cuenta de gastos a la que hacer frente. Con una periodista -sí, esa es la profesión de Rachel- que comienza su carrera en la prensa escrita local para dar el salto a la pantalla que le dará la fama, con su ascenso y caída dentro de esa profesión en la que hoy estás en lo más alto y mañana nadie te recuerda.

Con una mujer, en definitiva, presa de las inseguridades derivadas de ese pasado que desconoce y ese presente desalentador.

Casi nada, ¿no? Pues de pronto, transcurridas esas primeras 250 páginas más o menos calmadas -aproximadamente, tal vez el suspense comience a aflorar a la superficie un poco antes- llega el portazo que da Lehane para enfrentar al lector a una fase de la novela radicalmente opuesta -¿han leído ustedes Perdida, de Gilliam Flynn? ¿recuerdan el brutal paso de la primera a la segunda parte de la novela?-, una fase en la que los típicos adjetivos que suelen estamparse en las fajas promocionales de las novelas del género se quedan cortos ante la maestría del autor para arrastrar al lector por sendas que nunca imaginará a dónde le van a conducir.

Poco -nada en realidad- debo decir de esa segunda fase de la novela sin correr el riesgo de caer en un irresponsable spoiler que rompería el encanto de la historia, su impredicibilidad -buf, casi no lo suelto-, la imaginación portentosa de un escritor que demuestra que no todo esté inventado en el género, su capacidad para sorprenderte a la vuelta de cada página, al final de cada capítulo, al inicio de cada uno de los siguientes.

Y el desenlace. Exquisito, sin más.

El pasado jueves se puso a la venta, y hasta aquí puedo leer. Ustedes sabrán lo que deben hacer, que ya son mayorcitos.

Después de la caída
Dennis Lehane
Trad.: Victoria Alonso Blanco
Salamandra Black

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