Novela: “Seis cuatro”, de Hideo Yokoyama

Noemí Pastor

Se abre Seis cuatro con una escena potente. El protagonista, el inspector Mikami, y su esposa, llamados a reconocer un cadáver en la morgue de una ciudad vecina, comprueban aliviados que no se trata del cuerpo de su hija adolescente, la cual lleva un tiempo desaparecida.

Esta escena inicial, narrada con fuerza y buenos ecos cinematográficos, resulta a la postre engañosa, pues Seis cuatro no sigue así; el relato abandona ese tono literario inicial, se adentra en otros territorios y te pasas cientos de páginas deseando que se retome, que se recupere ese brío de los comienzos. Pero apenas sucede.

Vamos un poco con el autor. Hideo Yokoyama tiene (en el momento en el que escribo esto, claro) muy pobres entradas en Wikipedia. En español ni siquiera tiene. Es más abundante la entrada sobre esta novela, Seis cuatro, que obtuvo un éxito monstruoso en Japón y que también ha funcionado bien en sus versiones en inglés y francés, aparecidas ya hace tres años. Todo lo que he leído por ahí han sido buenas críticas. Solo Philippe Lemaire, que suscribe la reseña de onlalu.com, apunta al elefante rosa cuando afirma que “se trata de una novela de una extraña densidad, a pesar de ciertos momentos áridos”.

El problema es que las páginas áridas no son veinte ni treinta. Son centenares. Este crítico viene a decir que algunos pasajes son largos y aburridos, pero que, así y todo, merece la pena. Yo creo que es al revés: que en un desierto de seiscientas páginas hay algunos charquitos con palmeras.

Qué le voy a hacer, no comparto el entusiasmo general provocado por esta novela y lo lamento. Me habría gustado caer rendida y en el futuro esperar ansiosa la traducción de la obra anterior de Yokoyama, pero no ha sido así. ¿Por qué? Os lo cuento.

Seis cuatro recopila unos cuantos temas típicos y tópicos de la literatura policial. Y lo hace bien. El protagonista es un agente amargado por una vida familiar verdaderamente trágica y convulsa y una vida laboral poco satisfactoria. Para nuestro estupor, la tragedia familiar parece provocarle menos desasosiego que las penurias laborales. ¿Cosas de japoneses? Puede. Sea como sea, este tipo honrado, anodino, nipón prototípico que vive por y para el trabajo, deja de lado el tremendo infortunio que tiene en su casa para ocupar su espíritu con los altibajos que le produce su cargo de responsable de relaciones con la prensa. He aquí otro tópico: los difíciles tratos de la policía con la prensa. Y he aquí un tercero: todo esto se complica con la reapertura de un cold case enrevesado, puñetero y enquistado que todo el mundo teme afrontar. Un cold case llamado precisamente 64, que da título a la novela.

Pero nada de eso, ni el cold case, ni la desaparición de la propia hija del prota, ni los nuevos crímenes a los que hay que dedicarse, nada de eso rellena las seiscientas páginas de Seis cuatro. Lo que ocupa miles y miles de líneas son intrigas palaciego-administrativas, corruptelas de andar por casa, ascensos laborales, amiguismo, enchufes, sospechas, zancadillas, encerronas, venganzas, malentendidos, antiguos agravios en un mundo nipón tedioso hasta la náusea, de machitos necesitados de aprobación social hasta lo humillante y códigos de honor estrictos hasta lo ridículo.
Cualquiera que haya pasado más de dos meses de vida laboral en una organización un poco grande sabe hasta qué punto es mortalmente aburrido todo eso. Y, si es aburrido vivirlo, ¿cómo será leerlo?

Distrae, no obstante, en medio de este páramo, lo nuevo, lo exótico, ese rollo nipón que a los occidentales siempre nos parece cool y friki a la vez. Así, algunas costumbres japonesas nos colorean un relato de hombres que son siempre samuráis, que, en vez de acometer un asunto laboral, parece que van a la guerra, que dirigen ejércitos, pues todo es estrategia y cálculo.

Esta novela produce, por un lado, esa tristeza infinita de la que hablaba Truffaut, de relato casi sin mujeres o de mujeres tratadas como menores indefensas (“como mascotas”, dice literalmente una de ellas) y, por otra, da la sensación exacta del hastío de la demasiada realidad. Y quiero pensar que es uno de sus logros el saber transmitir la desazón de un hombre solo en una organización hostil. Quiero pensar que se produce eso, en el mejor de los casos, porque, si no, es mucho peor: es puro relleno, casos secundarios, tramas terciarias e inconsistentes con el solo objeto de completar las 500 o 600 páginas que hacen las delicias de las editoriales.

Seis cuatro
Hideo Yokoyama
Trad.: Jofre Homedes
Salamandra
 

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2 comentarios en “Novela: “Seis cuatro”, de Hideo Yokoyama

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