Novela: «La traición», de Jorge Fernández Díaz

portada_la-traicion_jorge-fernandez-diaz_202101121051Sergio Torrijos Martínez

Última novela del escritor argentino. Se inició con “El puñal”, continuó con “La herida” y remata todo el artificio de ficción con este misilazo. Les recomiendo que revisen en anteriores entregas de nuestra revista para que se hagan una idea de las mañas del escritor y tengan constancia de los personajes que pululan por esta trilogía. Decía en anteriores entregas que las novelas, en especial la primera, dejan muy a las claras los problemas de la sociedad argentina, que son pobreza, desigualdad y violencia, resumiendo mucho. En esta entrega el autor se centra en los juegos de poder propios de una democracia que no respeta nada las normas que tienen sociedades, es todo un hablar por hablar, de un estado democrático moderno. Todo son componendas, sobornos, intereses, violencia cuando es necesario y siempre el tufillo de la corrupción que engrasa y nutre el proceder de todo el aparato estatal. No por algo, siempre, siempre, el estado es la mayor empresa de un país.

Dentro de esas sociedades el estado se ha provisto de personas, agencias e intereses que protegen, a veces amenazan, el status quo, es decir se hace lo que sea necesario para que el poder permanezca en pie. En una de esas agencias está nuestro querido protagonista, Remil, un perro de presa, un hombro sobre el que apoyarse, un sicario, en fin lo que sea menester para satisfacer los intereses de los poderosos. La diferencia está en que a veces, sólo a veces, esos intereses tienen sentidos contrapuestos y ahí tipos como Remil dudan de su lealtad más primaria.

Ahora que lo pienso, la sociedad argentina puede que tenga su problemática, pero desde el otro lado del charco tampoco podemos hablar mucho, ahora que nos encontramos en esa serie de noticias que nos indican que el espionaje entre el gobierno y entre los adversarios y entre…está llenando los telediarios. Supongo que un estado democrático moderno tiene estas características y una de ellas puede que sea la corrupción institucional, pero volvamos a lo que nos interesa.

Que ocurre ahora que el estado liberal entra en crisis, sí señores una crisis de base, puesto que no es capaz de extender a todo el arco social un cierto grado de bienestar, pues ocurre lo que pasó por décadas del siglo anterior, que surge una lucha entre ese estado y ciertas fuerzas que no están de acuerdo con ese proceder. En Argentina hubo mucho movimiento, desde el movimiento “Montonero” hasta sangrientas dictaduras que provocaron enormes sufrimientos, no quiero extenderme mucho, pero aquel fuego montonero no se extinguió del todo. Junto a esa ascua, azuzada por una iglesia fuerte y reivindicativa, existe el miedo de siempre, a que cambie algo, a que se mueva, aunque fuera un poco, el pedestal de los poderosos y eso conlleva consecuencias brutales. No por algo los medios de represión están en manos de esos mismos, que desean que nada cambie.

La mirada retrospectiva de aquellas luchas proletarias está muy presente en la novela y tienen ese halo mítico de luchas perdidas y de oportunidades desperdiciadas. Pero mejor me dejo de rollos y prosigo con la novela.

Todo en Argentina parece hosco y un tanto arisco. Los personajes que pueblan la novela son sarcásticos, despiadados y sin una pizca de hipocresía, de alguna forma el proceder del poder ya se ha asentado en ellos y sólo comprenden la fuerza, la extorsión, la amenaza como la manera más simple de conseguir sus objetivos. En esta obra hay mucho de mostrar como la reputación, a través de los medios de comunicación, es una baza que se puede socavar con cierta facilidad, destrozando vidas a una velocidad inusitada.

Como pueden imaginar todo el entramado de ficción, complejo aunque abordable, va de espionaje político y a ritmo de thriller se lee con avidez inusitada. Me ha dado la impresión de que el autor no prevé nuevas aventuras del bueno de Remil, hay un tono crepuscular que anuncia un fin, tal vez tengamos suerte y en un futuro el autor se digne a darnos otra dosis. Desde aquí la espero y deseo.

Sólo puedo recomendarle la novela, aunque espero que lean las tres porque todas son buenas y en su conjunto es una obra destacada.

La traición

Jorge Fernández Díaz

Destino

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