Jokin Ibañez
El autor
Apenas sigo ya las redes sociales, si bien, en una mirada de reojo al finalizar Getafe Negro, me encuentro que un amigo citaba su descubrimiento del año y con un par de libros traducidos al castellano: Shawn Andre Cosby, S. A. Cosby para los amigos.
Nacido el 4 de agosto de 1973 en Newport News, sureste del estado de Virginia, vive actualmente en Gloucester, al otro lado del río, entre los árboles, y es un escritor de género negro. No sé cómo encuadrarlo, tras este boom en el que se encasilla cualquier novela policiaca, de misterio, cualquier thriller, cualquier cosa con muerto, como novela negra (prometo que volveremos a hablar de ello).
Pero en los USA ya lo tienen clasificado: es una de las figuras del southern noir. Fin.
Últimamente están apareciendo, en el mercado de habla castellana, novelas de distintos miembros de una reciente hornada del género en los Estados Unidos: autores como Chris Offutt, Daniel Woodrell (sí, el del rural noir), Shane Stevens, Brian Panowich, Tom Franklin y algún otro que me dejo en el tintero. Y Cosby puede entrar, o no, en este catálogo. Lo que está bien claro, aparte de las clasificaciones, es que es un buen, un gran escritor de género, habiendo recibido distintos premios literarios, incluyendo tres Anthony Awards, dos por sus novelas, en 2021 y 2022 y, otro, por uno de sus relatos, también en 2022, Not My Cross to Bear, editado en el volumen colectivo Trouble No More, de claro ambiente sureño, dedicado a los fans de los Allman Brothers…
Hasta el momento ha publicado cuatro novelas: My Darkest Prayer (2019), Blacktop Wasteland (Maldito asfalto) (2020), Razorblade Tears (Lágrimas como navajas) (2021) y All the Sinners Bleed (2023).
La novela
En un breve ensayo sobre sus comienzos como escritor (que puedes leer aquí), Chris Offutt indica el descubrimiento que Jonathan Lethems supuso, para él, el trabajo de los escritores afroamericanos para dar a conocer la cultura y la situación de la comunidad negra en los USA, la triple situación de opresión cultural, racial y económica, y cómo Offutt pudo entonces hablar, sin tapujos y en un lenguaje distinto, sobre su propia sociedad cultural, los blancos pobres de las colinas.
Pues bien, nuestro nuevo amigo, S. A. Cosby, es negro y de una familia humilde de Virginia, corazón de la Confederación. En alguna entrevista, nos habla de la angustia que él mismo siente al contemplar, en su localidad, estatuas confederadas y edificios con nombres de soldados, también confederados, of course, que, todavía hoy, quisieran que el mismo Cosby siguiera recolectando algodón. Angustia que traslada a los personajes de sus libros, dotándolos de fortaleza mental y carácter profundo, marca de la casa.
Según S. A. Cosby, “está rindiendo homenaje a las personas que conocí y a las personas que me precedieron y sufrieron estas atroces indignidades”.
Y toda esta influencia se traduce en las distintas denuncias que aparecen en la novela.
Vamos por partes: Un par de personajes principales, antiguos delincuentes los dos, familia política sin conocerse, llenos de rechazo y odio, aversiones a lo distinto, machitos machotes.
Lo mejor del caso es que uno es negro y el otro, blanco. Empresario uno, el negro, y blanco pobre que vive en una caravana, el otro. En el profundo sur.
La muerte de sus dos hijos, asesinados a tiros, que eran pareja legal, homosexuales rechazados por ambos padres abre una novela violenta. La inacción policial lleva, a estos dos tipos, a aventurarse en un viaje de iniciación y conocimiento, de investigación policial encubierta, en la que muchas, o todas, de sus convicciones van a explotar hechas trizas.
¡Abstenerse amantes del misterio! Aquí hay criminales desde el comienzo de la novela. Solo una mente oculta… Los temas importantes son la homosexualidad, la comunidad LGTBIQ+, el racismo, las situaciones económicas, la supremacía blanca, la buena sociedad virginiana…
Para poder hablar de todo esto, Cosby teje una acción interesante, la búsqueda de venganza. Su McGuffin. Y la interrelación entre los dos protagonistas, dignos hijos de un western crepuscular que recorre toda la novela (al final, el inspector LaPlata se queja porque “… recorrieron todo el estado en pie de guerra, hasta culminar en una escena sacada del puñetero Grupo salvaje…”). Queda claro, ¿no?
El estilo de Cosby se basa en frases más o menos largas. No es un estilo telegráfico. Entre diálogos, hay precisas descripciones y remates que dejan claras sus intenciones: “Ah, ¿te crees que es más fácil ser negro que gay? Mira, si vas por ahí, nadie tiene que enterarse de que eres gay, a menos que se lo cuentes. Yo soy negro en todas partes.”
Y las contradicciones de distintas opresiones: “Me contó que hay negros que odian a los gais más que los racistas.”
Me ha gustado mucho, creo que ha sido un acierto, la descripción de la violencia desatada. Esta violencia, tanto en uno y otro de los personajes principales, y en los otros, no sé si secundarios, que pueden ser los malos de la película, ¿de qué es fruto?
Cosby indica que la violencia es consecuencia del dolor que los personajes llevan dentro. Lo llevan los desfavorecidos socialmente, que encuentran a su alrededor algo a lo que no pueden acceder. Lo lleva aquella gente que, por su situación social y su educación religiosa fanática, son incapaces de desarrollar su vida natural. Y lo llevan, también, los fanáticos racistas, machistas y supremacistas que aparecen, por no poder llevar a cabo, hasta el fin, sus intenciones.
La novela avanza en orden y concierto en las investigaciones de la pareja protagonista. Con sus aciertos y errores que cometen tipos que no son profesionales y deriva hasta alcanzar su clímax en la secuencia en que el juez y el prota blanco se encuentran en la prisión, sin testigo alguno. Y a partir de ahora ¿qué?, me pregunté. ¿Qué hacer? ¿Cómo seguirá esto?
Y aparece Raymond Chandler, aunque no lo cite. O, por lo menos, su decálogo. Sí cita, en cambio, a Easy Rawlins, en un claro homenaje a su admirado, por Cosby y por mí, creador, Walter Mosley.
Decíamos que Cosby sigue el decálogo de Chandler. La novela es realista, precisa, verosímil en su inicio, pero no tanto en su final, sencilla, con un pequeño elemento de sorpresa que, para mí, no es verosímil, pero es honesta y coherente. También es justa, porque el criminal es castigado.
Escribir un buen final tiene que ser muy difícil. Lo he visto en muchas novelas, en las que su trama es muy superior a la resolución final. Por eso me pregunté qué iba a pasar a partir de la citada secuencia. ¿Primará la cruda realidad? ¿O primará la justicia, aunque no sea realmente real?
Cosby ha optado por esta segunda opción. Estamos en un western crepuscular (perdónenme, de nuevo, la cita). Seguiremos hasta el final, pase lo que pase. Ya saben ustedes.
A pesar de todo lo que yo diga, es una novela muy buena. Tiene un Anthony Award, un año después de conseguir otro. Y en el mismo año en que gana el Anthony de relatos. Creo que mucha calidad desborda por los poros nuestro amigo Cosby.
Que siga la racha.
Espero con muchas ganas la traducción de su nueva novela: un sheriff negro en una pequeña ciudad sureña, justo después de la elección de Donald Trump.
La edición
El libro es un producto industrial escrito por un artista. Lo tengo muy claro. Igual hay otros que no lo tienen así de claro.
Si compro una batidora y, al llegar a casa, encuentro algún defecto en ella, corro a devolverla para que me la cambien por una que funcione correctamente. En los manuales de calidad industrial, los lotes de fabricación tienen unos porcentajes de elementos defectuosos que invalidan, si se superan, la producción de dicho producto. Incluso se controla la trazabilidad de los mismos, es decir, su control desde la materia prima, los productos en curso, los que no están terminados, y los productos ya terminados.
Todo esto viene a cuento de las ediciones de los libros. Me ciño a este caso. Este libro está traducido, con un trabajo, pagado bien o mal, realizado por Miguel Sanz Jiménez. Y está editado por Motus, sello de Trini Vergara Ediciones. Pero es extensible a otras muchas editoriales.
Pongo como ejemplo, entre otros, lo hallado en la página 14: “Fue como oír que a conejo chillar en una trampa”. Supongo que querría decir que “fue como oír a un conejo chillar en una trampa”. Supongo. No va a ningún sitio. No influye en la novela, pero… interrumpe el placer de la lectura.
Puede que el traductor, entre prisas y presiones, no acabara de darle sentido a la frase. Puede que tuviese que ir al baño en ese momento, puede que le llamase el editor, puede… Supongo que utilizará un editor de textos. Yo uso Word. Y cuando escribo mal una palabra, el corrector la subraya en rojo. Cuando uso mal una expresión, la subraya en azul. Pero luego, el trabajo de traducción se envía al editor, y este al corrector (o no). Rompemos la trazabilidad de la producción. Nadie lo lee atentamente y se obtiene un producto defectuoso (Supongo que el control de calidad solamente se utiliza en la empresa de impresión y encuadernación: colores, páginas en blanco, cuadernillos mal cosidos, etc.). Y si quieres cambiar un producto defectuoso, los demás ejemplares existentes en la librería están igualmente defectuosos. Todo el lote está igual. No hay solución.
Tras la muerte de Franco, aparecieron en las librerías multitud de títulos a los que no se pudieron acceder durante muchos años. Malas traducciones, malas encuadernaciones, no importaba porque lo superaba el ansia de leer. Años después nos superan otras cosas. Al comentárselo a otro amigo, este me tranquilizó con estas palabras: “Un buen lector debe ser capaz de sortear estos obstáculos y comprender bien el texto. Y tranquilo”. Y así sigo, tranquilo, pero de mala leche porque, una vez más, nos están tomando el pelo.
Lágrimas como navajas
Trad.: Miguel Sanz Jiménez
Trini Vergara Ediciones / Motus
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Magnífico comentario. Y no me refiero solo al contenido (tema, historia, trama…) de la novela, también incluyo la nota sobre el autor y la magnífica crítica a las ediciones de libros. Sé que las personas que se dedican a vivir de las traducciones, ganan poco y están presionados, pero los editores, que son los que presionan, no tienen en cuenta nada. Por supuesto que hay muchas editoriales que sí, que cuidan todo el proceso de creación con mimo, estilo y arte. Pero hay otra que… Leeré la novela y, ya sobre aviso en la página 14, procuraré ir con tiento. Gracias, Jokin Te preguntarás qué coño hago (re)apareciendo de improvisto. Pues verás, estoy a la sombra (no se trata de esa sombra tras los barrotes, ¡eh!, si no de la que da la casa, un árbol, tras una copa de vino en un bar…, ), y no leo ya mucha novela negra, entre otras cosas por saciedad… Bueno, me gustaría que charláramos fuera del circuito, creo que tienes mi correo electrónico, si no lo tiene Ricardo. Salud