Sergio Torrijos Martínez
Cada vez me cuesta más fijarme en los títulos que las grandes editoriales nos proponen como lo apetecible, siempre intentando dar el pelotazo y convertir algo en un superventas. Pero dentro de ese mundo de editoriales, siempre hay corrientes subterráneas que nos proponen novelas que suelen pasar más o menos desapercibidas para el gran público, que son justo las que más me atraen. Es verdad que en contra no son muy comentables en el círculo de amistades, pero existen pequeños tesoros entre ellas.
Está es una de ellas, no será un gran superventas, ni arrasará en las listas de los principales medios de comunicación, pero les puedo asegurar que es una buena novela. Lo cual no es poca cosa.
Quiero decir también que tiene en su interior males profundos, pero destaca sobre todo la calidad de la prosa, con pequeñas perlas que van plagando toda la narración, por poner un ejemplo:
“Había llovido por la mañana, una de esas lluvias de invierno tardío que parecen lágrimas frías de un cielo sin consuelo”.
La obra pivota sobre dos personajes que de alguna manera se ven envueltos en un crimen cercano y que conecta con algo mucho más turbio a una escala que no se imaginan en un primer momento.
Quiero destacar la ambientación de la novela, perfectamente realizada, con pequeños detalles que asombrosamente coinciden con la realidad del momento, lo cual nos habla del cuidado que ha tenido el autor.
Voy a lo malo. El mal profundo dentro de la novela son dos aspectos, el tono y los personajes. Estamos hablando de una novela negra y eso determina que tendría que tener algo más de radicalidad en el planteamiento, más diálogo y menos metáforas, porque de lo que trata no es precisamente amigable, mayor interacción entre los personajes pero desde un punto de vista más brusco, más acorde a la acción que los rodea. Y ese es el otro mal, los protagonistas son pececillos en un estanque de tiburones y sus recursos para moverse en ese piélago no se muestran. La vida de ambos está perfectamente retratada, mostrando matices y aristas aunque también debilidades, eso los hace muy humanos, tal vez demasiado tiernos para el entorno que les rodea.
Y con todo y eso la novela me ha encantado. Es una lectura acogedora y que avanza con buen ritmo, haciendo disfrutar al lector.
Tengo que destacar la prosa, cuidada, sencilla, bella…
Llegué a esa novela porque le dieron un premio de Narrativa de la Policía Nacional y aunque cuando comencé la lectura, al poco me di cuenta del tono del autor torcí un poco el gesto, pero me convenció para seguir y poco después disfrutarla. Animaría al autor a seguir adelante en esto de la literatura, tal vez con otro contexto en cuanto a la trama, pero que no renuncié nunca a escribir con esa ternura.
Mi recomendación para todos ustedes, les aseguro que la van a disfrutar pese a ser avezados lectores del género.
Henares
José María Solís
Martínez Roca
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