Mayo Negro. Encuentro con Mariano Sánchez Soler y Francisco J. Ortiz

“No hay límites para el género negro”

Encuentro con Mariano Sánchez Soler y Francisco J. Ortiz, directores de Mayo Negro

Ricardo Bosque & Paco Mollà

La inminente celebración de la séptima edición de Mayo Negro, las jornadas sobre género negro de la Universidad de Alicante, que se celebrarán del 18 al 21 de este mes, es una excusa inmejorable para propiciar un encuentro con sus dos responsables: Mariano Sánchez Soler, periodista de raza y escritor de vocación, autor de títulos como Brigada antiatracos o Nuestra propia sangre además de ensayista, historiador y poeta, es el auténtico impulsor y alma máter de un proyecto que nació como evolución natural de los cursos de narrativa que sigue impartiendo en la Universidad. Por su parte, Francisco J. Ortiz, crítico especializado en literatura de género y autor del blog Abandonad toda esperanza, colabora con las jornadas desde sus comienzos, y su objetivo primordial ha venido siendo el de ampliar su oferta divulgativa a otros ámbitos como el cine y el cómic.

En el encuentro que reproducimos a continuación se habló, claro está, de estas jornadas, pero también de cómo entienden ambos el género negro, de cine policíaco, de política o de algunos de sus autores favoritos. Y también de los suecos.

Mariano Sánchez Soler y Francisco J. Ortiz

Los culpables de todo esto

Identifíquense… ¿Son ustedes de fiar? ¿Pagan sus trajes? ¿El asistente al Mayo Negro haría bien dejando la cartera en casa?

MARIANO SÁNCHEZ SOLER: Totalmente de fiar. Por lo menos yo; no sé si pondría la mano en el fuego por mi compañero… (Risas.)

FRANCISCO J. ORTIZ: Nadie debería sospechar de mí porque no tengo traje que pagar. En cuanto a la otra cuestión: los que asistan a las jornadas pueden dejarse la cartera en casa, porque como siempre todos los actos son de entrada gratuita.


Las jornadas de Mayo Negro

En el origen de Mayo Negro están los talleres que Mariano Sánchez Soler imparte en la Universidad de Alicante. ¿Hay algún perfil en el que puedan encajar los participantes de esos talleres o es gente de muy diverso pelaje?

MSS: Asisten alumnos que quieren escribir, a los que les interesa el hecho literario, y también otros que quieren acercarse al género, ver de qué va, al mismo tiempo que desean experimentar como escritores y conocer las claves de la creación literaria. Por ello vienen estudiantes de carreras universitarias, tanto como personas de cualquier idea y condición que tienen interés por escribir.

FJO: En efecto, a veces se combinan ambos aspectos. De hecho, yo conocí a Mariano cuando asistí como alumno en las dos primeras ediciones de estos cursos, y asistí porque me interesaba el género negro, pero también porque quería escribir ficción. Es un caso parecido al de Claudio Cerdán, también un ex alumno de estas clases que ya ha publicado dos novelas de fantasía heroica (El dios de los mutilados y su secuela Cicatrices) y de quien presentaremos en este séptimo Mayo Negro su primera novela negra: El país de los ciegos.

Sánchez Soler con alumnos del taller de novela negra


¿De qué trata El país de los ciegos?

MSS: Es una novela negra ambientada en Alicante. Pero nada localista.

En una época en que los bancos no están por la labor, varias universidades ofrecen créditos a sus alumnos por estudiar el género negro. ¿Habían soñado alguna vez con algo así?

MSS: La verdad es que no, porque de todas maneras esto empezó casi como una casualidad: fue Cultura de la Universidad de Alicante quien me propuso impartir un curso de narrativa, y yo les dije que aceptaba si era un curso de novela negra, y si podía traer a escritores del género que hablaran con los alumnos de los cursos…

¿Tuviste algún problema o notaste cierto recelo cuando propusiste tu condición?

MSS: No, ningún problema. La persona que en ese momento llevaba el asunto, y que ahora ya no está en ese cargo, se sorprendió, pero se mostró interesado y pensó que estaría bien probar a ver si funcionaba. Lo que sí sucedió luego fue que la Universidad planteó que, ya que se invitaba a algunos escritores para hablar frente a los matriculados en los cursos, por qué no invitarlos también a un acto público abierto a todo el mundo. Así nació Mayo Negro: unas jornadas de presupuesto humilde vinculadas directamente a los talleres de narrativa.

¿Y es por una simple cuestión presupuestaria que vuestras jornadas solo hayan contado hasta la fecha con autores nacionales, como Francisco González Ledesma, Fernando Marías o Andreu Martín (por citar tres de los más destacados), o con escritores que al menos residan en España, caso del norteamericano David C. Hall?

MSS: Es verdad que vienen principalmente figuras de aquí, y el presupuesto es el que hay, pero se debe sobre todo a que traemos autores que conozco personalmente y que sé que van a dar juego frente al público: Mayo Negro no es un congreso universitario sesudo donde se estudien aspectos concretos de la obra de un autor, sino unas jornadas de divulgación del género policíaco que pretenden, de la manera más asequible posible, incentivar su lectura.


Realidad y ficción, el cine negro español de los 50 o el vínculo existente entre el crimen y la política fueron algunos de los asuntos tratados en anteriores ediciones de Mayo Negro. ¿Qué tema proponen en esta séptima?

MSS: El tema que proponemos gira alrededor de novelas y películas que, siendo fieles a las claves concretas del género, discurren sin embargo por otros territorios: la ciencia ficción, la novela de misterio gótica, el terror, la novela histórica… ¿Por qué? Porque realmente se trata no de destruir, sino de ver la mancha de aceite que significa el género, que se va extendiendo sobre otros; hasta el punto de que muchas veces resulta difícil distinguir, por ejemplo, entre el género negro y el western, o entre la ciencia ficción y lo policíaco.

FJO: Tratar de encerrar al género negro, como a cualquier otro, en un gueto, no tiene ningún sentido, más aún en nuestro caso y a estas alturas, después de seis años dedicados a mostrar diversos aspectos del mismo. Basta con fijarse en la Semana Negra de Gijón, que hablando de encuentros alrededor del género fue en buena medida quien lo empezó todo, para darse cuenta de que la transversalidad enriquece a priori toda creación artística. De hecho, la Semana Negra también acoge desde hace varias ediciones a la Asturcon, las jornadas de fantasía y ciencia ficción de la localidad asturiana, y celebra muchos actos relacionados con el cómic, el cine, la poesía o la fotografía. Y no hay que temer por la pureza de las raíces: siempre habrá autores que escribirán novelas negras en stricto sensu.

Y teniendo en cuenta eso, ¿quedan límites por romper en el género negro? ¿Hay alguna frontera infranqueable?

MSS: Yo creo que no hay límites para el género negro, y el propio género lo ha demostrado desde que se definió como tal a partir de Edgar Allan Poe. Antes ya existía algo parecido al género “negro” o al “policíaco”, aunque sin definir. Lo genial de este tipo de literatura es que no tiene fronteras: el hard boiled, ya en los años 20, no era sino la traslación de la estructura del western a la ciudad; el mundo del delito y la épica del western y la ciencia ficción siempre han estado ahí. Yo creo que no hay límites, y prefiero hablar del borde, del precipicio.

FJO: Recordemos, recurriendo al cine, que un film noir en toda regla como Blade Runner, basado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, es un relato policíaco negrísimo ambientado en un por aquel entonces futuro más o menos cercano. Y se estrenó en el ya lejano 1982…

Juan Ramón Biedma

Y para hablar de esos límites se traen a Juan Ramón Biedma, que no contento con llenar su Sevilla post Expo de pordioseros ahora monta una de policías contra zombis igualmente andaluces…

FJO: Hablando de lo que hablamos, Biedma era una apuesta segura. Desde su debut con El manuscrito de Dios, ha desarrollado una obra que se caracteriza, por un lado, por contar con elementos primordiales y definitorios del género policíaco (el crimen, la investigación, el desarrollo de una intriga), pero que por otro lo ha sazonado con elementos más propios del género fantástico y de terror, particularmente de la literatura gótica. Que haya zombis de por medio, como en su reciente Antirresurrección, es lo de menos para el asunto que nos ocupa. Y como además nos parece uno de los mejores escritores que tenemos ahora mismo en este país, solo necesitábamos una excusa como esta para que viniera a charlar con sus lectores.

MSS: De todas formas, grandes novelas entendidas como canónicas del género en España han sido definidas como novelas de terror urbano, o como thrillers sicológicos…

FJO: Carlos Pérez Merinero y su Sangre nuestra, por ejemplo.

MSS: Exactamente… también el Pérez Merinero de Días de guardar, El ángel triste y otros títulos. O sin ir más lejos, Prótesis de Andreu Martín. Y Biedma es muy claro en ese aspecto: utiliza el género negro en estado puro para introducirlo en otros ambientes y desarrollar variantes. También es el caso de José Luis Muñoz, otro invitado de este año, y cuyas novelas indagan en ese ámbito. Por ejemplo, Barcelona negra, que ganó el premio Azorín, es una novela policíaca de ciencia ficción, que ocurría en la Ciudad Condal en el año dos mil y pico.

El programa del Mayo Negro de este año destaca precisamente que Muñoz siempre trata de descubrir y explicar los mecanismos del Mal…

MSS: Es que la clave del género es esa. Para definir una novela como negra, la clave que debemos utilizar es que tenga crítica social. Puede ser una crítica irónica, satírica, o puede estar ambientada en el siglo XXIII, pero debe ser crítica con la sociedad y debe explicar a través de su trama cómo funcionan los mecanismos del poder, de cualquier poder; esos mecanismos son la clave. No que sea una novela de intriga clásica donde hay un crimen, una investigación y se castigue al delincuente. Es una novela de misterio que empieza con un crimen al que sigue una investigación… pero al final se llega a la conclusión de que esto es así, de que el Mal funciona de esta manera, y de que aunque se haya acabado con los malos vendrán otros iguales o peores que ellos. Y los mecanismos del poder no son necesariamente un tema actual: ya desde el Renacimiento hay grandes clásicos de la literatura política que siguen siendo estudiados y aplicados hoy por algunos políticos de turno…

José Luis Muñoz


A vueltas con la novela negra

Precisamente Muñoz es un autor que, como ha dicho en alguna que otra entrevista, tiene muy claro que la novela negra debe tener un componente crítico y ser de izquierdas. Pero también hay autores como Mickey Spillane, nada sospechoso de ser de izquierdas, y que retrata el fascismo más puro y duro.

MSS: ¿El creador de Mike Hammer? Sí, pero a lo mejor eso también es ser de izquierdas, y también hay que explicar el funcionamiento de la mente del fascista y contar la visión del mundo desde el Mal. Pero de todas formas ese debate acerca de la novela negra ha existido desde siempre, y escribir novela negra no significa pronunciarse como autor de izquierdas, sino que desgraciadamente cuentas cómo funciona el mecanismo por dentro, y en el momento en el que lo haces ya eres un autor incómodo.

Aunque el protagonista sea un personaje totalmente reaccionario, o directamente fascista…

MSS: Así es. Un buen ejemplo de ello: ¿Harry el Sucio, según un criterio esquemático, es una película de derechas o de izquierdas? Cuando se estrenó en 1971 fue un escándalo, siendo tildada de antidemocrática porque el protagonista menoscaba los derechos de los detenidos y dispara a la primera de cambio…

FJO: De hecho, y para evitar nuevas acusaciones de fascismo, cuando la productora hizo la primera secuela, Harry el Fuerte, se decidió que los malos de la función iban a ser agentes de la ley que se tomaban la justicia por su mano. Es decir: más papistas que el Papa, o lo que es lo mismo, más sucios que el Harry Callahan que interpretó Clint Eastwood.

MSS: Exacto. Y Harry el Sucio, vista ahora, es otra cosa: la realidad, la evolución social, han dejado pequeño ese discurso. Vista ahora cuenta cómo funciona la burocracia municipal y policial, y cuenta cómo un tipo no puede cambiar nada él solo: aunque se vengue de un demente, luego tira la placa porque sabe que lo van a empapelar. Cuenta la indecisión y el miedo de los políticos, la mayoría unos cobardes, a través de un relato que no deja de ser un western moderno protagonizado por un pistolero actual, un policía, que luego ha creado toda una escuela. Por lo tanto, lo que hace que una novela o una película sea buena o mala es que, treinta años después de su aparición, cuando el debate social y político de entonces ya no existe, sigue funcionando.

Clint Eastwood interpretó a Harry Callahan en cinco ocasiones, la primera dirigido por Don Siegel ("Harry el Sucio")


Volvemos a hablar de los mecanismos del Mal…

MSS: Claro. Hay que ir al corazón de las cosas: si no, estamos haciendo otra cosa.

FJO: Se podría decir que el género negro empieza donde acaba el periodismo, justo en el territorio donde este ya no puede entrar. Y sirve para denunciar, fabulación mediante, algo que intuyes o que incluso sabes a ciencia cierta que no funciona o que no está bien pero que no puede ser demostrado ante un tribunal judicial.

MSS: Exacto. Te inspiras en la realidad para explicarla a través de una ficción.

Entonces la cuestión es, en los tiempos que corren, con la profusión de grupos mediáticos que controlan los mass media y sus continuos ataques a la independencia informativa, la novela negra, en la medida en que también es más inmediata que el ensayo histórico, ¿sirve para algo?

MSS: Sí, pero como decía sirve para explicar la realidad, para sacar tus conclusiones. Para cambiarla ya está la política. El nombre de la rosa de Umberto Eco, es según mi punto de vista una novela negra, porque desvela el funcionamiento del poder de la Iglesia católica en la Edad Media mediante el manejo de la Santa Inquisición. La crítica al poder que tenía la Iglesia a través del miedo es un componente de novela negra, y sirve para sacar conclusiones acerca de la sociedad actual, postindustrial y mediática.

Sean Connery dio vida al Guillermo de Baskerville de "El nombre de la rosa" en el cine

Una novela negra como El poder del perro de Don Winslow, construida como un mosaico que hace encajar una serie de planos aparentemente paralelos y que parecen no tocarse en la realidad, puede servir para que aquellos de sus lectores que no sigan la política porque les hastía se den perfecta cuenta de cómo está todo entrelazado…

MSS: Estoy de acuerdo contigo, pero con un matiz: lo de la gente hastiada de la política me da bastante risa… A esa gente hastiada no la he visto militando en los partidos ni en los sindicatos. Estoy cansado de gente hastiada de leer novela negra pero que no lee nada, o que está hastiada del cine español sobre la guerra civil cuando no hay películas españolas sobre la guerra civil: ¿cuántas se han hecho, siete en veinte años? En fin, es la pequeña burguesía urbana que prefiere no mojarse porque afirma que todos los políticos son unos cabrones. Habláis de leer novela negra, novela incómoda… En realidad la leen cuatro lectores cultos como vosotros; luego están los cincuenta mil que se acercan a una de esas novelas a ver de qué va, la miran por encima, la dejan en su biblioteca, y luego la comentan con los amigos durante diez minutos. Y se acabó.

Hablemos de esos escritores y sus lectores… A principios del presente siglo fueron los italianos, y no había editorial que no contase con un par de ellos en su catálogo. Ahora, los suecos son ya casi como una pandemia. Mójense, por favor: como estudiosos del género negro, ¿qué país o zona geográfica creen que puede desplazar a los de la república independiente de su casa?

FJO: Francamente, no lo sé. Ni siquiera creo que lo sepan los poderes en la sombra -esto es, los editores influyentes y los agentes literarios mejor pagados- que controlan estas cosas.

Maj Sjöwall y Per Wahlöö

MSS: ¿De verdad se tradujeron a tantos escritores italianos? De todas formas, voy a plantear la pregunta al revés: ¿quiénes fueron capaces de adivinar que iban a llegar los suecos… después de que Maj Sjöwall y Per Wahlöö, la pareja de grandes escritores de la novela negra europea, autores de una saga espléndida que supone un proyecto general de retrato de la sociedad actual, vengan publicando libros desde hace más de veinte años? Esos son los grandes autores suecos. Luego vino Henning Mankell, muy anterior a este fenómeno de masas que ha supuesto Stieg Larsson y su trilogía Millenium… Ojalá nos pasara algo parecido a los escritores españoles: que uno de nosotros fuera un boom brutal en el extranjero y que los editores de allí buscaran autores españoles como locos.(Risas.)

FJO: Todo el mundo sabe que muchas veces la industria editorial que forman autores, editores y agentes se mueve por modas muchas veces artificiales y manufacturadas… pero que a veces incluso se escapan del control de quienes las han puesto en funcionamiento. En cierta medida ha ocurrido con los vampiros, que parece que tenían los días contados pero que se están resistiendo a marcharse ante el prolongado éxito de las adaptaciones al cine y la televisión de los libros de Stephenie Meyer y Charlaine Harris, con la franquicia Crepúsculo y la serie True Blood. Quizá pase también con los zombis… y se dijo que había llegado el momento de los ángeles celestiales, pero aparte de algún caso aislado no acaban de despegar. Y perdón por el chiste.

MSS: Volviendo a la pregunta… ¿Que quién vendrá detrás? No lo sé. Yo creo que no va a venir nadie comparable a lo de Larsson, al menos dentro del género negro entendido en su forma clásica. Mankell sí es un autor con mucho éxito pero que ha desarrollado su carrera, muy sólida, poco a poco. Lo que espero es que no vengan otra vez los templarios, los Illuminati, las conspiraciones de la Iglesia y la Sábana Santa, con los que las editoriales han estado dando la tabarra más de veinte años. Y lo que me gustaría de verdad es que los que leyeron a Larsson hace dos veranos hayan leído después otras novelas realistas…

FJO: Yo me temo que no va a ser el caso.

MSS: Yo también creo que no; soy muy pesimista al respecto. Llevo muchos años cultivando el género, y sé que cuando hablan de boom hablan de nada, de aire.


El cine en Mayo Negro… y Harper

Volviendo a Mayo Negro… Casi desde sus comienzos, estas jornadas han dado bastante cancha al séptimo arte. ¿Por qué?

FJO: Hay que tener en cuenta que el cine, directa o indirectamente, siempre ha hecho mucho por la difusión del género: en mi caso, y como no dudo le habrá ocurrido a otros muchos lectores, descubrí a Dashiell Hammett y Raymond Chandler gracias a las adaptaciones cinematográficas de los años 40. Por otro lado, en ocasiones el cine le ha ganado el pulso a la literatura, y de hecho conozco lectores de pro que no acaban de superar ciertos prejuicios respecto de la novela negra… pero al mismo tiempo adoran las viejas películas de la Warner y la RKO que protagonizaron Humphrey Bogart, James Cagney, Edward G. Robinson o Robert Mitchum. Por lo tanto, el cine tenía que estar presente en Mayo Negro.

Efectivamente, los ciclos cinematográficos nunca han faltado en el programa de las jornadas desde su primera edición, con la proyección de clásicos como El halcón maltés o Extraños en un tren, para pasar en el segundo año a producciones más recientes.

FJO: Así es. Y luego llegaron los ciclos dedicados a Pedro Costa y Mariano Barroso cuando tuvimos el placer de que nos visitaran, las proyecciones de cine español con la presencia de los realizadores Patxi Amezcua y David Carreras, o aquel ciclo sobre adaptaciones de cómics que presenté en 2008 y que nos permitió ofrecer a nuestro público dos joyas como Old Boy o Una historia de violencia. Siempre es un placer descubrir para nuevas generaciones de aficionados al cine buenas películas y hablar un rato sobre ellas.

¿Qué pueden comentarnos del ciclo de este año?

MSS: Lógicamente, el ciclo está vinculado al tema principal de las jornadas, si bien había que dejar fuera muchas películas, y hemos optado por prescindir de algunos casos canónicos pero muy conocidos por el gran público, como las citadas El nombre de la rosa o Blade Runner. También ha quedado fuera un film que me gusta mucho, Atmósfera cero, y que tiene de policíaco tanto o más que de ciencia ficción o incluso de western.

Patricia Arquette y Bill Pullman en "Carretera perdida"


FJO: En efecto, la cinta de Peter Hyams se ha quedado fuera, y espero que Mariano me lo perdone algún día, pero el programa tiene una duración limitada y había que condensar el ciclo para poder organizar un acto tan particular como el de la tarde del viernes: se proyectará Carretera perdida, un título clave del llamado cine neonoir sobre el que versará mi charla, y tras la proyección moderaré una mesa redonda acerca de este film de David Lynch en la que participarán el coordinador del Taller de Cine de la Universidad de Alicante Israel Gil, el crítico Miguel Rojas y el profesor de Filosofía Gabriel Terol; tres cinéfilos que, cada uno desde prismas y disciplinas bien distintas, proporcionarán una serie de claves para intentar dilucidar enigmas y dar respuestas a un film proclive a todo tipo de interpretaciones.

Tenemos entendido que las jornadas de este año se cierran con la proyección de El corazón del ángel…

FJO: En efecto. Desde siempre ha sido, y me consta que es una opinión que Mariano no comparte, una de mis películas favoritas. Para justificar su inclusión solo señalaré una cosa: Stephen King, que no acaba de convencerme como autor de best sellers terroríficos pero que como divulgador del género y del saber popular me interesa bastante más, definió la novela en la que se basa, El ángel caído de William Hjortsberg, con las siguientes palabras: “Es como si Raymond Chandler hubiese escrito El exorcista”. Creo que no hace falta añadir más.

¿Y cómo venderían una película como Brick, sin duda la menos conocida del ciclo?

FJO: Diría, además de que en términos puramente cinematográficos (guión, montaje, interpretación) es un film espléndido, que es una excelente herramienta para demostrar que lo que hace que un relato -sea escrito o filmado- pertenezca al género negro no son cuestiones epidérmicas de la historia o el estilo (iconos como el detective solitario, la femme fatale, las volutas del humo de los cigarrillos o las notas que alguien extrae de un saxo en mitad de la oscura noche), sino recurrir a un crimen como centro neurálgico de un relato que apuesta por mostrar el lado más oscuro del ser humano y al mismo tiempo construir una mirada crítica cuyo objetivo es el status quo político y social. Y Rian Johnson, guionista y director de Brick, lo demuestra realizando un trasvase del mundo criminal cuyas bases sentaron Hammett y Chandler a unos personajes y un ambiente en principio tan inusuales en el género como un puñado de adolescentes y el instituto donde estudian. Una propuesta que sorprenderá, para bien, a más de uno.

Joseph Gordon-Levitt en "Brick"


MSS: Lo que comenta mi compañero del estilo y de la estructura es fundamental. Cuando hablamos del tema hablamos del armazón, de la estructura, no del contenido. El continente formal, la estética, la forma de hacer los encuadres, no definen el género, no son su esencia. Alguien como Lynch coge un esquema básico de cine negro de los años 40 y hace otra cosa, poniendo el énfasis en la puesta en escena en lo que a él le interesa destacar. Con la novela pasa algo parecido: cada autor subraya sus propias obsesiones. Y un elemento fundamental en cualquier narración policial es que toda investigación, toda búsqueda, del tipo que sea, siempre acaba convirtiéndose en una búsqueda de sí mismo por parte del protagonista. Siempre es un fantasma del pasado que viene al presente.

FJO: La búsqueda de la propia identidad es precisamente lo que Lynch y sobre todo Alan Parker llevan al paroxismo en Carretera perdida y El corazón del ángel respectivamente.

MSS: Y lo que ha conseguido el género negro es que el concepto de justicia y de ética sea un concepto personal. La gran diferencia entre la novela policíaca al estilo de Agatha Christie y la novela negra es que en la primera las fuerzas de la ley administran la justicia y ponen orden, mientras que en la segunda es el investigador quién decide qué demonios hay que hacer. La novela negra lleva esto hasta sus últimas consecuencias: un buen ejemplo es el final de la película Harper, investigador privado, que también está en la novela de Ross Macdonald que adapta… Al final el detective descubre que su mejor amigo es culpable del asesinato de un hombre despreciable, y este amigo apunta con su pistola al protagonista pero es incapaz de dispararle.

FJO: Y ambos parecen dispuestos a mandarlo todo al carajo. Ese es sin duda uno de los mejores finales de la historia del cine negro, con Paul Newman levantando los brazos justo antes de que se congele el fotograma y aparezcan los créditos finales.


Pasado, presente y futuro de Mayo Negro

Mayo Negro es uno de los pocos casos en los que se trata el género negro desde un ámbito universitario. ¿Los aficionados a la novela negra hemos dejado de ser mirados por encima del hombro?

MSS: Os explicaré cómo funciona el asunto… Punto 1: Salamanca. Hace siete años, dos individuos de la Universidad, Álex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero, que están terminando o acaban de terminar de estudiar sus respectivas carreras, deciden montar un congreso sobre novela negra. Es un éxito, e insisten al año siguiente, y al otro, y al otro también. Han sacado libros, actas, etcétera… pero han sido ellos. Casi todo el trabajo lo han hecho ellos. Son grandes estudiosos del género, no es solo que les apasione desde el punto de vista del aficionado. Pero cuando lo hicieron no tenían apoyo institucional y no sabían si iba a funcionar. Punto 2: León. Desde hace varios años vienen haciéndose congresos porque una de nuestras invitadas de este año, María José Álvarez Maurín, profesora que hizo su tesis doctoral sobre Hammett y que es una entusiasta del género además de una persona excelente, introduce de alguna manera en su universidad el interés por el género… y acaba desarrollando un proyecto de investigación de I+D+I sobre el género. Punto 3: Alicante. Al mismo tiempo que en León, una semana después poco más o menos, aparece Mayo Negro… aunque yo llevaba seis o siete años con el taller de narrativa negra, el único que había por aquel entonces en todas las universidades de Europa.

Mariano Barroso (centro), acompañado por J. D. Sanderson y D. G. Panadero en Mayo Negro V (2009)


FJO: A estos eventos habría que añadir a la gran precursora, la Semana Negra de Gijón, un festival veraniego de corte intercultural que en sus orígenes impulsaron Paco Ignacio Taibo II y el hoy fallecido Justo Vasco, que nos visitaron en el primer Mayo Negro. También Getafe Negro, coordinado por David Barba y el escritor Lorenzo Silva…

MSS: Y Barcelona Negra, con Paco Camarasa (librero de Negra y Criminal) y antes el mismo Barba, una idea del Ayuntamiento que surge tras la muerte de Vázquez Montalbán; en Valladolid ha habido alguna cosa; en Castellón surge una iniciativa personal de un profesor, Pedro Tejada… ¿De qué estamos hablando? De media docena de personas montando saraos, no de una eclosión de la novela negra que la haya llevado a las facultades de Filología Inglesa como textos dignos de estudio. Si en el ámbito docente saco una novela popular de Jim Thompson en edición barata y digo: “Este es Dios”, todos se quedarían boquiabiertos.

FJO: Posiblemente te abrirían un expediente. (Risas.)

MSS: En el mundo académico, este género, estos autores, no existen. La cosa funciona, va bien, y hay que seguir apoyando el género, pero surge de la iniciativa individual de seis, siete personas que montan encuentros, unos más grandes, otros más sencillos.

Pero al menos es algo. Antes no había nada.

MSS: Sí, claro. Se ha dado la situación de que profesores de generaciones posteriores a la mía, como Fran, se han planteado: ¿Por qué no? Si esta literatura es genial… Y se la juegan, ante el desconcierto del espectro docente que solo se atreve a estudiar la obra de escritores muertos.

Convénzannos, por favor, y dennos tres razones para no faltar a este Mayo Negro.

MSS: Os daré una sola razón: que es estupendo. Es ameno, orienta a la gente y divierte.

FJO: Si nos obligan a dar dos razones más, añadiría lo guapos que son nuestros invitados y el maravilloso clima de la ciudad de Alicante. (Risas.)

Y para terminar con Mayo Negro, aunque seguramente sea demasiado pronto, ¿pueden adelantar algo de futuras ediciones?

MSS: No, porque luego llegarán Álex y Javier del Congreso de Salamanca, María José en León, Paco Camarasa en Barcelona o el equipo de la Semana Negra de Gijón, y nos lo copian.

FJO: Y además, como no sabemos qué es lo que vendrá después de los suecos, casi esperamos a ver qué pasa.

MSS: A lo mejor vienen las suecas… (Risas.)


Gustos personales, placeres culpables… y algún silencio piadoso

Hablando de cuestiones más personales… ¿Cómo se despertó su interés por el género negro como lectores?

MSS: Pues porque era un tipo de literatura que iba al fondo del asunto, a mostrar la condición humana sin ningún tipo de cortapisas. Además estaba muy vinculada al tipo de cine que a mí me gustaba, y no es una literatura moralista, sino que deja que sean los lectores quienes tomen sus propias decisiones. Además, es fenomenológica: habla de fenómenos y no presenta una tesis previa. Y sobre todo añadiría la economía de medios: siempre he sido admirador de escritores como Hemingway, capaces de decir con una palabra lo que otros dicen con diez.

FJO: En mi caso el deslumbramiento, por llamarlo de alguna manera, se produjo durante mis años como estudiante universitario… pero no en las propias clases de Literatura, claro. Recuerdo que compré Cosecha roja de Hammett, en la edición de bolsillo de Alianza, en la librería de la Universidad… Y, como en el caso de mi compañero, la influencia del cine fue decisiva: mucho antes de leer ninguna de sus novelas, ya conocía los nombres de Hammett y Chandler gracias a Bogart, John Huston y Howard Hawks. Fue un paso natural: querer conocer de primera mano a quienes habían inventado aquellos personajes, tramas y ambientes tan fascinantes.

¿Qué autores clásicos y títulos canónicos del género debería leer cualquier interesado por el mismo, o aquellos que quieren introducirse por vez primera en su universo?

MSS: Hammett y La llave de cristal, Chandler y El largo adiós, Jim Thompson y 1.280 almas

Ustedes son thompsonianos declarados…

FJO: De toda la vida. Por mi parte, y pese a resultar muy poco original, citaría a los mismos autores… pero de Thompson me quedaría antes con El asesino dentro de mí, ahora de moda por la decepcionante versión cinematográfica de Michael Winterbottom.

Siempre se habla de los autores que citan como “las tres patas” sobre las que se sustenta el género. ¿Cuál podría ser la cuarta?

MSS: Podríamos hacer ahora mismo una lista de veinte autores que podrían concursar para hacerse con ese mérito… Chester Himes, por ejemplo.

FJO: También Horace McCoy…

¿Y Charles Williams?

MSS: Sí, Charles Williams está muy bien.

FJO: Yo añadiría a Patricia Highsmith.

MSS: Sí, Patricia Highsmith también está muy bien… Estamos hablando de una muy buena literatura. Pero si hablamos de autores y de obras que nos gusten mucho, de Chester Himes Un ciego con una pistola es una novela que me entusiasma. Y más recientemente, James Ellroy y Los Ángeles Confidencial, sobre todo después de ver la película.

FJO: Esa novela de Himes es también una de mis favoritas… Sobre todo por el final, todo un coitus interruptus literario que no acaba por resolver la investigación policial y que recuerda más a los cuentos de Raymond Carver que a las novelas whodunit. Y desde luego, la adaptación que mencionas de la novela de Ellroy dirigida por Curtis Hanson supuso toda una revelación para los amantes del cine negro de corte clásico; no se había visto nada igual desde Chinatown de Polanski.

Sigamos con sus sugerencias… ¿Cuáles son sus autores favoritos del género negro en la actualidad? ¿Algún descubrimiento de última hora?

MSS: No, ningún descubrimiento reciente. De autores extranjeros no he leído mucho últimamente; y de autores españoles… no os lo voy a decir. Son colegas, muchos amigos, y prefiero no citar a ninguno. (Risas.)

FJO: Como yo no soy escritor de novela negra sí podría mojarme, pero de todas formas me pasa lo contrario que a mi compañero: no estoy muy al tanto de lo que se hace ahora en España en cuanto al género en sentido estricto. Pero recurriendo a nombres extranjeros, sí citaría como ejemplos del mejor hard boiled contemporáneo a Ken Bruen con Maderos y La matanza de los gitanos, y a Craig Russell y su ciclo novelesco protagonizado por Lennox y ambientado en el Glasgow de los años 50. Pero si tengo que quedarme con un solo nombre, y por no recurrir al sempiterno Ellroy, destacaría a Jake Arnott y su trilogía Delitos a largo plazo, Canciones de sangre y Crímenes de película; esta última se edita estos días en castellano, y si es la mitad de buena que las dos anteriores será la novela negra del año. Es uno de los grandes placeres que proporciona la narrativa, sea negra o no: cuando parece que ya está todo dicho, llega alguien que consigue engañarte y darte la sensación de que no, de que todavía quedan cosas nuevas por decir.

(Alicante, 28 de abril de 2011)

5 comentarios en “Mayo Negro. Encuentro con Mariano Sánchez Soler y Francisco J. Ortiz

  1. Me ha gustado especialmente lo que dice Mariano de la gente “hastiada” de la política, porque estoy bastante de acuerdo con él: es muy cómodo pensar que todos los políticos son unos cabrones y todos los pobres, delincuentes, porque así no tenemos que hacer nada. Vivimos muy bien instalados en la parálisis moral y la fomentamos.
    Me quedo también con su observación sobre los clásicos del cine negro, que han alcanzado el presunto “olimpo” de la excelencia artística, mientras la novela todavía es de género y despierta recelos. Se me ocurre que la gente que sienta cátedra sobre cine tiene menos prejuicios, también por ser un arte mucho más joven.
    Me ha gustado la charla. Un saludo.

  2. Pingback: Mayo Negro « Pateando el mundo

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