El asesino invisible

Juan Mari Barasorda

En uno de los mas lúcidos artículos que he leído sobre novela negra y policial, Andreu Martín recordaba cómo en los ochenta se llegaban a decir tonterías como que la literatura policíaca representada por Agata Christie era de derechas y que la novela negra era de izquierdas, afirmación que ni a Andreu Martín ni a este lector satisface.

Para aplicar un poco de espíritu critico al estudio de la novela policíaca y negra -decía- trate de comprenderlo desde el punto de vista del lector”. Y hay algo que encuentra en común: el juego. Una complicidad entre el lector y el autor. De ahí llega a la afirmación -que también comparto- de que no es verdad que la novela policíaca y la novela negra sean diferentes sino que una deriva de la otra, porque también en Chandler o en Hammet están “el misterio, la incógnita, el enigma que hay que resolver”. Añadía que la mejor novela negra es la que combina el juego (el quién lo hizo) con la descripción del entorno social (el análisis), y que solo apreciaba un cambio significativo en esta evolución de la novela policial clásica a la novela negra: el papel del protagonista, que pasa a ser un perdedor.

Agatha Christie

El artículo es todo él digno de varias lecturas, pero este lector, ávido consumidor de aquellas colecciones de El Séptimo circulo o del Circulo del Crimen no puede dejar de recordar otro elemento que echa en falta en sus lecturas mas negras de estos últimos años, un elemento usado por los clásicos habitualmente y que se nos antojaba familiar cada vez que leíamos una novela de Agata Christie, de Dorothy L. Sayers, de John Dickson Carr y de todos los clásicos. No, no estoy hablando del mayordomo (presente desde el señor Rogers de Diez Negritos hasta el irrepetible James Señor Benson Señora (Alec Guiness) de aquella parodia del genero que fue la película Un cadáver a los postres, sino de un elemento cambiante, utilizado en todas sus combinaciones y variaciones. El asesino invisible: el veneno.

Los escritores de la Golden Age, empezando por Agata Christie dominaban el uso del veneno. Como enfermera responsable del dispensario del Hospital de Torquay durante la Primera Guerra mundial, Agatha Christie aprendió a conocer los venenos, y cuando su hermana le incitó a escribir una novela, inmediatamente pensó en que esa seria el arma del crimen. “Dame una botella de veneno y construiré el crimen perfecto”, dijo.

Utilizó el veneno en la comisión de mas de la mitad de sus asesinatos -en 55 de 80 asesinatos, exactamente-, empezando por la estricnina en El misterioso caso de Styles y continuando por el cianuro como en Cianuro Espumoso o en Diez Negritos, la morfina en Se anuncia un asesinato, el arsénico en Matar es fácil, la nicotina en Tragedia en tres actos o la cicuta en Cinco cerditos. También la atropina y la cocaina pasaron por sus manos. Y otros menos habituales como el veronal en La muerte de Lord Edgware, el acónito en El tren de las 4.50, la digitalina en La casa torcida y en uno de los trece problemas de la señorita Marple –La hierba mortal, hierba que no es otra que la dedalera- o el talio en El Misterio de Pale Horse. Ngaio Marsh había utilizado antes el talio en Telón final, pero fue Agatha quien lo descubrió para el gran público y se dice que gracias a ella se descubrieron otros envenenamientos por talio, aunque no parece que los agentes del Kremlin necesitaran leer estas novelas cuando envenenaron con sales de talio a Litvinenko.

Dorothy L. Sayers había utilizado la digitalina en El Misterio del Bellona Club también antes que Agatha, y la cuarta gran dama del crimen que fue Margery Allingham había utilizado la cicuta en Policía en el funeral en 1931. Incluso a Anne Hocking (que nunca llegó a alcanzar la fama de este póker de damas) recibió el nombre de “La reina del veneno” por emplear venenos en casi la totalidad de su novelas -el título de una de ellas, Veneno, lo dice todo-: el embrujador beleñonegro de los druidas en Seis botellas verdes, la enigmática belladona de las brujasen Las víctimas juegan y hasta la mortífera seta Amanita Phalloides -la que se llevó al emperador Claudio a la tumba- en Los malvados huyen son aportaciones excepcionales de Anne Hocking a este catálogo mortífero. Y, hablando de setas, Dorothy L. Sayers también utilizo una, la Amanita Muscaria, en Los documentos del caso.

Pero ninguna como Agatha nos confundió e intrigó con el uso del veneno en sus distintas variedades, camuflado en bebidas tan variadas como el champán, el té, el café, el oporto, la cerveza y la ginebra. Y no solo en bebidas. Utilizó el veneno de serpiente (la Boomslang, mortal) impregnando una punta de flecha en Muerte en las nubes e impregnó igualmente un cepillo de dientes con el bacilo del ántrax en Cartas sobre la mesa.

Arthur Conan Doyle, aunque Holmes fuera un experto en venenos y él mismo fuera doctor en medicina, lo usó tan solo ocasionalmente, como el caso del curare en El vampiro de Sussex. Y aunque Robert Van Gulyk enfrentó al juez Di con un veneno chino tan exótico como la raíz del árbol de serpiente en Tres cuentos chinos y H. R. F. Keating al inspector Gothe con un cóctel de venenos de serpientes indias en Haciendo preguntas, en exotismo quien se lleva la palma es Edgard Wallace, que utilizo el veneno de la mamba negra en su novela El delator y el veneno del escorpión en La marca del escorpión.

Edgard Wallace

De hecho, en la época dorada de la novela policíaca, ademas de Wallace otros grandes aportan su granito de arena no solo buscando nuevos venenos, lo cual después de Christie y Hocking ya era muy difícil, sino nuevas maneras de administrarlo, como hace S. S. Van Dine en Asesinato en el Casino, donde el veneno -la atropina en este caso- se introduce en un colirio para los ojos; o John Dickson Carr, que plantea un caso en que el asesino usa el veneno a la vista de varios testigos en Los anteojos negros. De los clásicos, Anthony Berkeley Cox se merece una cita especial: utilizó el aceite de almendras amargas o ácido prúsicoel que mato a Napoleón según los expertos-en su excepcional novela El caso de los bombones envenenados con sus aficionados integrantes del Círculo del Crimen dando distintas soluciones al asesinato cometido. Y repitió esta trama, cambiando el nombre de los personajes y con su detective favorito como protagonista, en un delicioso relato corto: El azar vengador, calificado como uno de los mejores relatos policiales jamás escritos. Y ahora hablando de bombones, Poirot también se las vio con bombones envenenados con nitroglicerina en La caja de bombones,el único caso en que la asesina salio triunfante ante su sagacidad.

Tras esta proliferación en la utilización del veneno por los clásicos llegó la novela negra. Una pléyade de buenos -buenisimos- escritores y magníficas novelas nos ha regalado otra forma de disfrutar del juego del misterio. Otros ambientes, otras historias, los mismos odios… Los asesinatos se suceden, la prosa se enriquece. El calibre 38 de la Smith & Weeson irrumpe en la escena del crimen y a cambio la pluma policial ha condenado al olvido al versátil, infalible e invisible veneno. Algún veneno clásico se asoma tímidamente como la estricnina en La piscina mortal de Ross McDonald, pero lo normal es que su lugar sea ocupado por la sobredosis de somníferos o de barbitúricos como el nembutal,como sucede en La bella durmiente -no hay que olvidar que el propio Poirot utilizó este método para acabar con su enemigo mas diabólico… y de paso con su propia vida en Telón.

Sin embargo es mas habitual en la novela negra que el papel del veneno sea más bien secundario en la trama. Así, Margaret Millar utiliza la escopolamina o burundanga (la droga de los violadores) para preparar una trampa para el asesino en El gusano invisible; Ed McBain, fuera de los casos de sus policías del distrito 57, tiene un relato corto, Improvisación, en el que dos de las mujeres malas más malas de la novela negra utilizan el curare sintético cometiendo un crimen que se produce antes de lo deseado; y Raymond Chandler otorga papel protagonista al demerol meperidina al nivel del gimlet en El largo adiós.

Pero quien nos da una sorpresa es el propio creador de la novela negra, aquel que convirtió en arte los viejos pulps: Dashiell Hammett. Él, que es de todos los escritores de la novela el que mas importancia daba al juego, enfrenta en Papel Matamoscas al Agente de la Continental a un caso de envenenamiento magníficamente planteado y es “el Viejo”, su director, quien le que da una lección de toxicología. Hammett repite casi al pie de la letra párrafos completos de El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas, describiendo el método de un envenenador que desee asesinar a alguien tomando ambos un vaso de agua de la misma jarra envenenada, aunque Hammett desliza algún pequeño error al traducir a Dumas del francés. El arsénico de Papel matamoscas es un veneno bien fácil de conseguir y fue famoso en el “caso Maybrick” antes que el propio y asesinado James Maybrick se convirtiera en uno de los candidatos a ser Jack el Destripador.

Claro que, si hablamos de antídotos, volvemos al principio -¿no habíamos dicho que al lector de novela policial le gusta el juego?- y es nuevamente Agatha Christie quien nos demuestra que domina los antídotos igual que los venenos. A veces porque la victima deja una pista para descubrir a su asesino -en La huella del pulgar de San Pedro– y a veces porque el asesino lo toma para poder cometer su crimen en Un triste ciprés.

Al final, venenos y antídotos son parte del juego del que hablaba Andreu Martín. Las novelas que encontraré en la sección de novedades difícilmente tendrán al veneno como protagonista, aunque confío en que una arqueozoóloga y licenciada en historia como Fred Vargas me regale algún día con algún veneno histórico. ¿Por qué no el Acqua Toffana? El mejor veneno de la historia, con el que según algunos Mozart fue envenenado –La conspiración Mozart, de Scott Mariani-, veneno incoloro, inodoro e infalible con el que Teofanía D’Adamo (la Gnura Toffana) hizo posible en el siglo XVI que se cometieran mas de seiscientos asesinatos y que le valió el nombre de “la vieja del veneno” y no el éxito literario como a Agatha Christie, sino una espeluznante muerte en la horca en la plaza pública de Palermo.

Yo sí estoy envenenado… por el virus de la novela policial. De Agatha Christie a Hammett, de Conan Doyle a Fred Vargas. Disfrutaré con todas sus tramas, con sus enigmas y sus juegos. Ya no tengo antídoto ni curación. Y que me dure muchos años.

8 comentarios en “El asesino invisible

  1. En general, el repaso que haces me ha parecido una verdadera delicatessen (no envenenada). Sin embargo (pese a que admiro mucho a Andreu Martín y a que no he leído el artículo que citas) no sé si es tan tonto diferenciar entre novela policiaca y novela negra. No es que yo sea muy purista, ni que piense que la polémica es nueva (ya sé que siempre andamos discutiendo lo mismo), pero el hecho (indiscutible) de que deriven la una de la otra no las hace iguales. Por hacer una analogía burda: yo procedo de mi padre, pero seguro que a mi chica no le es indiferente acostarse con él o conmigo (al menos, eso espero).
    Y no es que la primera sea de derechas y la segunda de izquierdas, sino que la primera tiende a ser más conservadora (su imaginario está muy cercano a ciertos estereotipos, con personajes muy lineales: muchas veces son como elegantes teatros de marionetas, y, en ocasiones, se ven claramente los hilos) y en la segunda se tiende a la introducción de personajes más circulares, más verosímiles. Quizá la diferencia no esté tanto entre la novela policíaca y la novela negra, sino entre la novela enigma y la novela negra.
    Cuestión de denominaciones, podría decirse. Pues sí: es una cuestión de denominaciones. Yo sé que los editores no hacen la diferencia. Pero los lectores (al menos este lector) la notamos. Pensar que les diferencia el hecho de que los personajes de Thompson son perdedores no me parece, además, exacto, pues, ya puestos, yo me preguntaría hasta qué punto el Padre Brown o Miss Marple no son, también y a su manera, perdedores o hasta qué punto lo son los detective del hard boiled. Esto no quiere decir que una sea peor o mejor que la otra. A veces me apetece leer a Chesterton y a veces me apetece leer a Jim Thompson. Los disfruto en el mismo grado, pero no por los mismos motivos; sus juegos no son el mismo.
    Repito que sé que esta polémica es vieja, pero a mí no me aburre y me parece divertida, porque envuelve asuntos interesantes y nos obliga a pensar con detenimiento nuestras lecturas.
    Por lo demás, como te decía al principio, este artículo sobre el veneno me ha gustado mucho; me ha recordado lecturas y me ha descubierto otras, que buscaré.
    Un abrazo.

  2. Hola Alexis.
    Estoy absolutamente de acuerdo contigo. Andreu decia que no era correcto calificar a la novela enigma ( me gusta mas calificar asi a la novela de la Golden Age ) era de derechas y la novela negra ( ambas novela policial) de izquierdas. Creo que la primera se origino tambien en hechos reales ( basta pensar en Poe y el asesinato de Mary Rogers…y algun caso mas sobre el que perpetrare algun otro articulo) pero esta claro que evoluciono hacia el juego en su faceta puramente deductiva. Algunas novelas ( como la mayoria de las de Dorothy L. Sayers ) se me hacen insufribles y las abandono y bastaria con que hubieran sido un buen relato corto. Otras, como El hombre que fue jueves de Chesterton ( que no es enigma) son apasionantes , me enamoran. Esta claro que el giro que da Hammett es hacia otra direccion: la realidad que el conocio como detective ( no el juego de deduccion que imagina A. Christie o Dickson Carr) se vive por el lector. No importa que el protagonista sea el detective o el propio asesino, el “juego” es otro, no es descubrir al asesino sino sumergirse en una historia criminal que solo a veces va pareja a una investigacion. Desde esta nueva perspectiva puedo decir que pase de estar “envenenado” por A .Christie ( recuerdo que fueron sus libros los siguientes que lei despues de Enyd Blyton ) o por Conan Doyle a estarlo por las novelas de Hammett ( puedo decir lo mismo de Jim Thompson o del injustamente olvidado David Goodis , un escritor que me encanta) .Tambien es cierto es que en El septimo circulo – coleccion que consegui completar en mi muy lejana vida universitaria entre encantes y librerias de viejo- Borges y Bioy Casares solo me regalaron unas pocas novelas negras…suficiente para engancharme para siempre.
    Llos excelentes escritores de este blog diseccionais de manera excelente este genero en el que no solo navegais ( algunos por los canales de una Zaragoza soñada) sino escribis de forma magistral. Yo , avido lector impenitente , aun recuerdo algunas claves de la novela enigma ( el crimen en la habitacion cerrada, el imaginativo uso de los venenos…) que tanto me hicieron disfrutar y no puedo menos que rendirles un humilde y pequeño homenaje.Creo que bien se lo ganaron con las horas de placer que me brindaron.
    Un fuerte abrazo Alexis . Que te haya gustado el articulo es el mejor halago. Que los alisios que acarician tu bella tierra te sean propicios.

  3. Ah, Juan Mari: tu respuesta me ha recordado otras lecturas queridas: Wilkie Collins, Chesterton o los cuentos de H. Bustos Domecq (porque empecé a leer a aquellos dos por culpa de Borges). Incluso una linda novela enigma que escribieron juntos Bioy y Silvina Ocampo, “Los que aman, odian”. Y, por otro lado, te alabo el gusto en cuanto a Thompson y Goodis (aunque este último está muy poco editado en España ahora mismo). Yo no tengo nada en contra de la novela enigma, sino solo que me parece distinta, otro palo muy diferente. A veces apetece el juego de acertijos; otras, hacer una catarsis. Y tiene razón Andreu: si la novela negra fuera de izquierdas, ¿dónde íbamos a poner a Spilane o a Ellroy?
    Gracias por el elogio a los compañeros y por los buenos deseos. Por otro lado, reitero que tu artículo me ha supuesto un placer y espero con interés tu artículo sobre Poe y los textos inspirados por crímenes reales.

    • Alexis. Nada mas agradable que poder tener esta charla en persona, sin prisa y degustando un buen gin tonic. Georgie , Adolfito y Silvina eran un trio increible. Ellos la adoraban ( aunque Bioy no renuncio a sus amantes) y ella aporto muchisimo a sus debates sobre la literatura policial y sus proyectos ( ” Creo que los mejores , los mas poeticos y fantasticos cuentos de esta epoca….han sido pensados, construidos como cuentos policiales” decia Silvina) . Por cierto no te pierdas ” El vastago” , un relato de Silvina incluido en la recopilacion (doble) que hicieron Borges y Bioy con el titulo de “Los mejores relatos policiales” .( Los tengo en dos ediciones)
      En cuanto a la relacion “muy cercana ” de Poe con el asesinato de Mary Rogers ya la tenemos publicada en Ficcionables: https://revistacalibre38.wordpress.com/2011/05/30/la-bella-cigarrera-el-misterio-de-marie-roget/. A ver que te parece .No fue Poe el unico “escritor y sospechoso” . En el numero 12 de Marzo de 2011 ( pag 35) de nuestra revista intente un pequeño juego recordando aguna de esas historias :https://revistacalibre38.files.wordpress.com/2011/04/3812.pdf.
      De Chesterton solo te puedo decir mas que me parece indispensable.Lo mismo que conocer los cuentos de ese increible escritor imaginado que fue Bustos Domecq. Casualidad que a ambos intente rendirles un homenaje el numero 9 de la revista de Junio de 2010 ( pag. 43) . Creo que te gustara.
      Y mas casualidad: el protagonista de ese articulo que estoy perpetrando ahora mismo va a ser Wilkie Collins .
      Conexion trasatlantica – como dices tu mismo.- va a ser esto.
      Un fuerte abrazo Alexis.
      Juan Mari

  4. Después de leer el artículo y los comentarios me siento empachado 😉 de hecho mi humilde aportación (después de este buffet libre de erudición me siento incómodo con mi hoja de lechuga en el plato) era solo para decir que creo que te has quedado muy corto con los 80 asesinatos atribuidos a miss Christie y que multiplicar la cifra por 2 o 2,5 se acercaría más a la realidad.
    Y ya roto el hielo deciros a ambos que creo correcta la distinción, me apunto más a enigma vs negra, por todo lo que se describe en ambas y el entorno que las rodea. También creo que no hay linea clara que las separe. Siempre se compara la novela policial/detectivesca/enigma inglesa de finales del XIX y principios del XX con la novela negra americana posterior. Si esto se produjera hoy y no tuviesemos esas referencias ¿cómo la denominaríamos?, cada país, cada cultura, tiene su forma de enfocar el género y si bien en un principio todos tendemos a copiar al que consideramos modelo acabamos dándole este toque personal que lo distingue: sucede en la pintura, la música, la gastronomía. Un autor, un creativo, lo que más odia es que lo etiqueten porque en el fondo siempre quiere aportar algo distinto que ayude a evolucionar. Y en su propia evolución picotea de aquí y de allá. El mestizaje es bueno. La Inglaterra de la época dorada de la novela enigma tenía unas inquietudes y unas preocupaciones en nada parecidas a las que sacudían la América de la época dorada de la novela negra. A igual condiciones igual se hubieran dado mismas respuestas. Creo que en el fondo es más estrategia de márqueting, interesada, que otra cosa y también miopía de libreros que ponen, por ejemplo, todos los libros de Lorenzo Silva en el estante de negra. Me encanta el jazz y lo escucho en todas sus variantes. Porque para cada momento hay una música adecuada. Igual que sucede con la lectura
    Y ahora si, mutis por el foro.

    • Jordi. De lechuga nada eh. Tu blog es como un buffet libre elaborado por Arzak. Cualquiera que sea el plato a probar: Cine, Musica, Literatura…y ya no te digo la reseña a agun restaurante ( ;-)) es una delicia. Incluida tu opinion -que yo comparto- sobre la magia y la novela policial. Obviamente en la Inglaterra victoriana o en la de la Golden age y en la America de Hammett las inquietudes eran distintas. . Pero hay tienes al americano Dickson Carr como el mayor y mejor escritor de la novela enigma en su concepcion mas radical. Un maestro en elaborar soluciones para misterios con crimen en habitaciones cerradas…y a su vez tienes al londinense James Hardley Chase ( o sea Rene Barbazon) utilizando enciclopedias en su Londres natal para escribir el mas puro “hard boiled” y realizar el mas despiadado y violento retrato de una sociedad americana que no vivia.El secuestro de Miss Blandish es brutal …y absolutamente negra, y Robert Aldrich no fue capaz de sacar de ese novelon el nectar que se merecia.
      Bienvenido siempre a esta tu casa Jordi.
      Juan Mari

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