“Castilla Drive”, de Anthony Pastor, por Francisco J. Ortiz

Francisco J. Ortiz

“A los hombres les parece sexy una mujer detective”

(Un personaje de Castilla Drive, de Anthony Pastor)

 

A la hora de dar cuenta como se merece del alcance de esta novela gráfica se impone, de buenas a primeras, una confesión: dado que el número de novedades pendientes de lectura crece a un ritmo imparable, el arriba firmante declara releer muy poco, aunque esta actividad conlleve ventajas tales como la de facilitar un análisis más certero de los mecanismos de la narración o, sencillamente, la de apostar sobre seguro a la hora de elegir a qué dedicar nuestro cada vez más contado tiempo de ocio. Pese a ello, cuando a comienzos de este 2013 di por finalizada la lectura de Castilla Drive de Anthony Pastor tuve muy claro que volvería a leerla muy pronto, probablemente antes de que terminase el año en curso, y decidí que sería entonces el momento idóneo para escribir una reseña como esta.

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Obviamente el momento de escribir las presentes líneas llegó, y pasó, como pasaron el verano y el calor. Y llegó el frío; un frío al que los habitantes de un pueblo como el caluroso Trituro no están nada acostumbrados: tanto es así que muchos de sus ciudadanos ya hablan de la llegada del Apocalipsis. De esta forma presenta el narrador a su protagonista principal y al lugar donde se desarrollará la acción: “Se llamaba Sally Salinger. Tenía dos hijos, y un marido huido Dios sabe dónde. Al igual que el resto de los habitantes de la ciudad, pensaba que algo no iba bien. Hacía frío, demasiado frío. El suelo estaba lleno de hielo y nieve, algo nunca visto en Trituro. Pero Sally Salinger no era de las que se dejan intimidar por los caprichos de la naturaleza. Y le hacía gracia oír a la gente hablar del Apocalipsis. Tenía otras preocupaciones en mente. Pagar la hipoteca, por ejemplo”. Pero mientras esta voz en off, recurso tan habitual del género policíaco, le habla de una mujer, el lector ve a un hombre vestido con un anorak y una gorra, que carga una mochila a su espalda mientras camina pesarosamente; acto seguido este personaje anónimo desaparece de escena al tiempo que aparece otro individuo, este con el rostro oculto bajo un pasamontañas. Pero no se trata de ningún atracador ni supone amenaza alguna para nadie, de igual modo que el sujeto anterior resultará no ser del todo anónimo. Porque en Castilla Drive, como en las calles de Trituro, (casi) nada es lo que parece.

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Tras la desaparición de su marido, un policía que en cuanto consiguió el diploma optó por abandonar el cuerpo para casarse y dedicarse a la profesión de investigador privado, la protagonista central del relato se ha hecho cargo de la empresa de aquel solo porque “limpiar casas o estar de cajera en un supermercado” le parecían opciones peores; no obstante, ha preferido apartarse del peligro que suponen algunas investigaciones más arriesgadas especializándose en fraudes a aseguradoras. Además tiene a su cargo a dos hijos adolescentes, y aunque cuenta con la ayuda de su mejor amiga, la dueña de un salón de manicura, esto no resulta suficiente y alguien tiene que hacerse cargo de pagar las facturas. Una necesidad tan prosaica como esta será la principal culpable de que Sally se salte una regla autoimpuesta -“nada de armas”- y acepte el caso de un posible cliente, Osvaldo Brown, al que sus paisanos conocen como ‘el Superviviente’ porque tiempo atrás recibió un disparo en la oreja y vivió para contarlo.

El guionista y dibujante de la presente obra, francés nacido en 1973 de padre español (de ahí su apellido), construye a partir del encuentro entre estos dos personajes una obra caracterizada por jugar con las expectativas y los prejuicios del lector respecto de algunos de los tópicos del género (véase la cita que inaugura esta nota), así como por los contrastes, presentes ya desde el mismo título y entre los que destaca la peculiar relación que se forja entre ambos protagonistas: mientras Osvaldo desestima pronto continuar con la investigación acerca de la identidad del sujeto que le disparó para centrarse en una relación sentimental con Sally que apenas empieza a sugerirse, es ella la que pone trabas a dicha relación y se empeña en descubrir la verdad que esconde ese siniestro y oscuro almacén del que surgió la bala que hirió a su cliente, un lugar que ejerce el papel de mcguffin hitchcockniano del relato. De esta forma es la mujer la que actúa como verdadero motor de la acción mientras que el hombre hace lo propio respecto del romance… lo que resulta curioso en un género de tradición tan masculina como el noir. Así, el personaje de Osvaldo se dedica a actividades tan poco varoniles como la limpieza o la escritura de poemas, mientras que Sally es la que desempeña el papel de uno de los estilemas fundamentales del género: el rol del detective privado, aunque el personaje en cuestión esté retratado con tanto esmero que la tentación a mentar como referentes a otros personajes femeninos de la tradición policíaca debería evitarse sin demasiado esfuerzo.

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Porque ese es otro de los múltiples atractivos de Castilla Drive: sus personajes. Y no solo Sally Salinger, Osvaldo Brown o los hijos y la amiga de aquella, sino también supuestos figurantes como el inspector de Policía Raimundo Rayo o la esposa de este, casi siempre fuera de campo. Todos ellos son retratados como personas de carne y hueso que, lejos de ser figuras de una pieza, evolucionan, dudan, cambian de parecer y acaban por sorprender con sus decisiones y actos a sus semejantes tanto como a un lector estupefacto por cómo se desenvuelve ante sus ojos un pedazo de realidad en el que todos buscan la oportunidad de una vida mejor o al menos diferente, aunque se intuya que la de algunos va a ser más corta que la de otros. Y es que esta obra funciona igual de bien como relato de género negro urdido al milímetro (en el que nada es casual y donde todas las piezas acaban ocupando su lugar) que como eso que se ha venido a llamar slice of life (literalmente, “pedazo de vida”): el cúmulo de relatos costumbristas centrados en las vicisitudes vitales y sentimentales de sus protagonistas que vertebran buena parte del cómic de producción independiente desde hace varios lustros.

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Podría seguir enumerando, contraste tras contraste, los muchos atractivos de Castilla Drive hasta arriesgarme a cansar al lector: que si hace gala de unos diálogos lo suficientemente inteligentes como para describir a los personajes que los mantienen sin necesidad de molestos subrayados, pero no lo bastante como para bordear peligrosamente la falta de verosimilitud o la rimbombante literariedad mal entendida; o que si el apartado gráfico es lo bastante trabajado como para resultar funcional para el relato y agradable a la vista (atención al empleo del color), pero no tan recargado como para distraer al lector con detalles innecesarios… porque al hilo de esto, créanme, nada es gratuito en Castilla Drive: cada frase (algunas recurrentes, pero hay que estar muy atento para cazarlas al vuelo), cada detalle (unas cervezas, un inhalador, un videojuego…) tiene su razón de ser y (re)aparece cuando menos se lo espera uno. Pero obrar así sería hacerle flaco favor a la capacidad de sorpresa de la obra respecto de un lector inicial que debería dejar de perder el tiempo con las presentes líneas y lanzarse raudo a devorar uno de los mejores cómics (el adjetivo policíacos sería aquí un epíteto prescindible) del año, que vale muy mucho la pena leer por vez primera sobre todo para poder volver a leerlo de nuevo.

Permítanme, eso sí, un último apunte: en la contracubierta de la obra se menciona que Castilla Drive era uno de los títulos nominados este año en la categoría de cómic de género negro del Salón de Angoulême, el más popular de Francia y por extensión uno de los más prestigiosos del mundo; algo así como el Cannes de la historieta. El tiempo ha pasado, como pasaron el verano y el calor, y ya sabemos que la novela gráfica de Anthony Pastor no solo fue nominada para semejante galardón, sino que finalmente lo ganó. Y no me extraña: seguro que se lo llevó de calle.

 
Castilla Drive
Anthony Pastor (guion y dibujo)
La Cúpula, 2013

 

Nota bene.- Desde 2006 y antes de Castilla Drive, Anthony Pastor realizó y publicó Ice Cream, Hotel Koral y Las Rosas, títulos todos ellos todavía inéditos en España. Esperemos que las ventas y las críticas de su última novela gráfica sean las merecidas y animen a que se edite aquí el resto de obras del autor.

5 comentarios en ““Castilla Drive”, de Anthony Pastor, por Francisco J. Ortiz

  1. Tengo Hotel Koral en original francés y no conocía nada más de este autor hasta ver tu post: curioso, el tratamiento gráfico de uno y otro no tienen nada que ver. En Hotel Koral son dos imagenes, más que viñetas, dos postales, dos momentos fotografiados de la realidad con identico tratamiento realista, por página y muy poco texto. Muy potente visualmente y muy, muy espectacular en su resolución.
    Saludos!

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