“La banda de los postizos”, de David B y Tanquerelle, por Francisco J. Ortiz

la-banda-de-los-postizosFrancisco J. Ortiz

El cómic francés sigue dando motivos de júbilo a los amantes del género negro: después de títulos ya comentados en esta misma revista digital como Sherman, el magistral Castilla Drive o alguna que otra obra del inevitable Jacques Tardi, se publica (el año pasado en el país vecino, ahora en España) La banda de los postizos, escrito por uno de los nombres imprescindibles de la novela gráfica contemporánea: David B. Autor más que conocido gracias a La ascensión del Gran Mal (después reeditada con el título de Epiléptico), relato autobiográfico centrado en la enfermedad de su hermano y obra de referencia cada vez que se realiza un listado con los mejores cómics de la historia, David B. da un giro a su carrera con esta narración policíaca en la que se limita a escribir el libreto cediendo los lápices a su compatriota Hervé Tanquerelle, cuyo trazo por momentos recuerda aquí al del mentado maestro Tardi.

La banda de los postizos se presenta como un relato “basado en hechos reales”: a comienzos de la década de los ochenta, y durante más de un lustro, ocho atracadores asaltaron 27 bancos y abrieron más de 1.300 cajas de seguridad mientras conseguían tener en jaque a una Policía francesa incapaz de atraparlos. Su rasgo más característico, que sirvió para que las fuerzas de la ley y los periodistas del momento les diesen el apelativo con el que pasaron a la historia del crimen, fue que los ladrones ocultaban su verdadera identidad durante los atracos tras pelucas y bigotes postizos.

De tal guisa se presenta a los protagonistas del relato, y es conveniente que sus autores indiquen basarse en hechos verídicos porque ante semejante estampa es fácil, como ocurre en películas como Fargo o la reciente Dolor y dinero (aunque en el caso del film de los hermanos Coen la leyenda inicial fuese una falacia), responder con absoluta incredulidad. Para solventar la situación, y con la intención de ser más o menos fieles a los hechos acontecidos, los autores se muestran preocupados (y consiguen salir triunfantes) a la hora de reflejar la psicología de los personajes principales y, muy especialmente, de retratar con un cierto distanciamiento semidocumental las actividades profesionales tanto de los policías como, sobre todo, de los criminales.

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Y es que, al contrario que los títulos mencionados al principio de estas líneas, La banda de los postizos es de principio a fin lo que cualquier aficionado al género negro que esté un tanto curtido en el llamado polar (esto es, el género negro de estirpe gala) esperaría de un cómic de género parido al otro lado de los Pirineos; sobre todo, si se es aficionado al otro gran arte narrativo y visual: el cine. Así, si un título como Sherman apostaba por cruzar las fronteras del género con la novela histórica o Castilla Drive era el resultado de un arriesgado cóctel que incluía ingredientes más propios del cómic indie estadounidense, no es difícil apreciar en esta obra de David B. y Tanquerelle los ecos estéticos del cine policíaco, depurado hasta el extremo y donde la frialdad no estaba reñida -muy al contrario- con la poesía, de Jean-Pierre Melville o el también novelista José Giovanni, o de casos más específicos como la monumental La evasión (Le trou) de Jacques Becker.

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Cabe destacar que aunque la presente obra se componga de nueve capítulos, la narración puede dividirse en tres partes: un prólogo, ambientado en 1975, en el que se nos relata un primer atraco en el que participará un futuro miembro de la banda; una parte central, el grueso del relato, en la que se narra la formación del equipo y los asaltos que cimentaron su fama; y un epílogo, que abarca el último capítulo y se centra en los últimos días del grupo. Esta parte final de La banda de los postizos es, al parecer del que firma estas líneas, lo más conseguido del relato, pues da sentido (narrativo) a todo lo que se ha contado antes, y justifica que casi se pudiera decir de esta espléndida y muy recomendable novela gráfica aquello que dijo un crítico de cine de Reservoir Dogs de Quentin Tarantino: que era “una tragedia griega en formato de serie B”. Y digo casi se pudiera decir, porque tanto el género negro en general como la historieta políciaca en particular, hace mucho tiempo ya que dejaron de ser, por pura definición, serie B.

La banda de los postizos
David B (guion) y Tanquerelle (dibujo)
Norma Editorial, 2013

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