“Ritual de muerte”, de Warren Ellis, por Francisco J. Ortiz

ritual-de-muerteFrancisco J. Ortiz

Ritual de muerte: La historia secreta del género negro

No es una metáfora ni una frase hecha, sino una realidad: hay dos Warren Ellis, tal cual, y no son pocas las veces que se les confunde entre sí: de hecho, en la ficha de IMDb (Internet Movie Database) correspondiente al que nos ocupa aparece la fotografía del otro. Esto, además de muy apropiado por lo que tiene de chiste conspiranoico, resulta en parte lógico ya que ambos son artistas, tienen una edad parecida, esconden su rostro tras una poblada barba y se caracterizan por un cierto aire excéntrico y excesivo que acaba contagiándose a su obra. Pero mientras el australiano nacido en 1965 es un músico todoterreno popular sobre todo por ser uno de los miembros de los Bad Seeds y de Grinderman, las dos bandas de Nick Cave, el británico que llegó al mundo en Essex apenas tres años después se ha labrado un nombre como guionista de algunos de los mejores cómics mainstream publicados en Estados Unidos durante las últimas décadas.

Este último Warren Ellis, toda una celebridad para los aficionados al noveno arte y a la sazón guionista también de series de televisión y videojuegos, es además el polifacético escritor que ha parido novelas como Crooked Little Vein, Listener y Gun Machine. Hasta hace bien poco en España solo habíamos podido leer la primera, traducida como Camino tortuoso en 2008 por Norma, editorial especializada en cómic que en su colección Brainstorming se atrevió a publicar las novelas y los relatos de escritores curtidos en las viñetas como Neil Gaiman, Mike Mignola, Greg Rucka, J. Michael Straczynski o el propio Ellis. En cambio, ahora es una de las editoriales con más solera de nuestro país, Alianza, la que incluye la más reciente -su publicación original data de este mismo año- dentro de su aún muy joven colección temática Alianza Negra con el título de Ritual de muerte. Por su parte y lamentablemente, Listener permanece todavía inédita en nuestro idioma.

Como ha demostrado en varios de sus cómics, Ellis tiene una cierta predilección por uno de los rasgos constituyentes más relevantes de la novela policíaca: la figura del investigador hard boiled, ya sea privado (un detective a lo Sam Spade o Philip Marlowe) o público (un detective de la Policía). De una forma u otra, hablamos del mismo tough guy independiente y solitario que habita en un sistema social por lo general degradado y corrupto, y dentro de cuyas coordenadas se ve impelido a resolver algún enigma o atrapar al criminal de turno, elementos estos que no son sino los síntomas de un mal mayor cuya denuncia imprime al relato cierta naturaleza política. Así, son policías los protagonistas de Down (dibujo de Tony Harris y Cully Hamner) y Fell (dibujo de Ben Templesmith), mientras que ejerce de investigador privado el de Desolation Jones (dibujo de J. H. Williams III), obra esta en la que un osado Ellis se atrevió a reescribir El sueño eterno de Raymond Chandler en clave de thriller futurista.

Curiosamente, aquellas historietas en las que el guionista ha recurrido al género no se cuentan entre sus obras maestras, más cercanas a otros ámbitos como el superheroico, la fantasía o la ciencia ficción: pienso sobre todo en la magistral Planetary, aunque Global Frequency, The Authority o Transmetropolitan no le anden muy a la zaga. Desde luego, el nombre de este Warren Ellis no pasará a la historia por títulos como Red y su secuela, aunque estos sean de los más populares de su producción gracias a sus (en verdad mucho más mediocres) adaptaciones cinematográficas. En cambio, el noir y el subgénero aquí referido son las fuentes de las que bebe buena parte de su todavía escasa producción novelística: si en Camino tortuoso el personaje principal, Michael McGill, era un cochambroso investigador privado del barrio neoyorquino del Soho, en esta Ritual de muerte el protagonista es un detective de la Policía de Nueva York que responde al nombre de John Tallow; un agente de la ley que, en las primeras páginas del libro, pierde a su compañero de patrulla y mejor amigo en un tiroteo producido en las escaleras de un viejo edificio de la calle Pearl, en el Primer Distrito de Manhattan. Este trágico suceso abrirá de forma inesperada un nuevo caso, en cuya investigación Tallow contará con la ayuda de otros dos agentes casi tan peculiares como él, y que se convertirá en una verdadera obsesión para el protagonista: su fin último será descubrir quién es el propietario de un gran número de armas de fuego halladas en el interior de un apartamento agujereado durante la balacera; una serie de pistolas de las cuales algunas descansan colgadas de la pared formando un siniestro collage.

planetary

“Planetary” es probablemente la obra maestra del autor

Aunque Warren Ellis parta por lo general de unas coordenadas muy precisas, su intención es siempre la de ofrecer algo diferente y original que sorprenda al lector; que alcance su propósito es otra cosa bien distinta, y cada cual emitirá su veredicto al respecto. En esta ocasión nos propone un duelo entre dos personajes antagónicos, el citado agente Tallow y un enigmático asesino a sueldo al que denomina escuetamente “el cazador”, y que al parecer lleva operando como tal en Manhattan durante dos décadas sin apenas dejar rastro. Obviamente, este personaje y su vinculación con las piezas que forman su macabra colección acaban siendo la gran baza del relato, pues sustentan el suspense y sirven de herramienta para que el autor pueda dar rienda suelta a una de sus principales obsesiones: la historia secreta de la humanidad y cómo esta se transmite a través de símbolos enigmáticos. Para articular la confrontación entre estos dos personajes centrales, Ellis construye la novela dedicando al personaje del policía largos capítulos constituidos principalmente por diálogos a su ya muy reconocible estilo, mientras que los protagonizados por el cazador son más breves y se ocupan de retratar, en tercera persona, cómo ve este asesino serial el mundo que le rodea.

Precisamente este mundo, que no es otro que la isla de Manhattan, es el otro gran protagonista del libro: llamada a comienzos del siglo XVII Mannahata a partir de la lengua lenape propia de los indios nativos de la zona, parte de su historia secreta a lo largo de los siglos se convierte en un factor determinante del relato, y el lector que haya estudiado un tanto su idiosincrasia (o, al menos, haya leído las más de mil páginas de la monumental novela Nueva York de Edward Rutherfurd) disfrutará aún más si cabe de la presente propuesta de Ellis, que sin ser una de las mejores ficciones de su producción -el ritmo del relato, por lo general vertiginoso, presenta algunos altibajos hacia la parte central- tampoco se cuenta entre las peores (probablemente buena parte de su trabajo para Marvel Comics, coartado por los férreos requisitos de la gran maquinaria que lo acoge).

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Manhattan es el escenario y un protagonista más de la novela

Dicho esto, cabe señalar que en este caso los prejuicios del lector habitual de cómics, más todavía del fiel seguidor de Ellis, pueden jugar en su contra: el perseguidor de quimeras que espere algo a la altura de Planetary o Transmetropolitan acabará con total seguridad defraudado. En cambio, el lector de novela negra que no conozca al autor pero confíe en el catálogo propuesto por la colección o en reseñas elogiosas como esta, es más que probable que se tope con una narración “diabólicamente divertida” (en palabras del escritor Ian Rankin, el creador de John Rebus), donde no faltan las dosis de violencia y sobre todo de humor negro marca de la casa, y de la que se agradece sobremanera que no se limite a ofrecer más de lo mismo.

Este último logro radica principalmente en el momento en que se resuelve el enigma y todas las piezas del rompecabezas acaban encajando; un instante en el que se desvela que el motor del relato se reduce en realidad a lo más fundamental. De este modo, lo que se intuía iba a terminar en una explicación sofisticada o una serie de argumentos enrevesados es de una sencillez aplastante y acaba por servir de justificación para (casi) todos los relatos policíacos que en el mundo han sido. En su simplicidad radica su belleza, y es que como afirma su compatriota y colega Grant Morrison, “Warren Ellis is writing our lives and you’d better listen” (“Warren Ellis está escribiendo nuestras vidas, así que más te vale escucharle”). Los que al parecer sí estaban escuchando son los ejecutivos del canal de televisión Fox, ya que por lo visto andan desarrollando un proyecto que adaptaría en formato serial la presente novela con la intención de tener entre manos otro fenómeno mediático al estilo de The Walking Dead. Una vez más, Morrison tiene razón: esta es la historia de nuestra(s) vida(s).

 

Ritual de muerte
Warren Ellis
Trad.: Mariano Antolín Rato
Alianza Editorial (Alianza Negra)

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