“Grima”, de John Arcudi y Jonathan Case, por Francisco J. Ortiz

grimaFrancisco J. Ortiz

Es Año Nuevo, pero a Oxel Karnhus no le parece que el que empieza vaya a ser mucho mejor que el anterior. Como a cualquier investigador privado que se precie, a Oxel el paso de los años no le sienta nada bien. En realidad, él lo tiene todavía más crudo que la mayoría de sus colegas: a su existencia rutinaria, marcada por la soledad y el recuerdo de un tiempo pasado que, desde luego, siempre fue mejor, se suma la grave enfermedad que padece, una acromegalia que como él mismo explica origina que “la hormona del crecimiento se vuelve loca”, y que poco a poco va deformando su estructura ósea, sus rasgos faciales y su voz. De esta manera, su aspecto físico resulta convenientemente amenazador en algunas ocasiones, pero le impide pasar lo desapercibido que debiera en otras.

Contra todo pronóstico, esta vez el Año Nuevo trae novedades: Stephanie Brinke, la que fuera su novia durante el último año en la universidad, no sabe nada del mal que padece Oxel; pero sí conoce cómo se gana la vida en la actualidad, y cuando la Policía se niega a investigar el suicidio de su hijo Curtis, un adolescente que al parecer no tenía razón alguna para poner fin a su vida, se pone en contacto con su ex pareja más de veinte años después del último encuentro entre ambos para pedirle ayuda.

Intrigado por el mensaje de Stephanie y por el hecho de que dos meses antes de la muerte de Curtis el mejor amigo de este se suicidara también, Oxel accede a viajar hasta Copiague, una pequeña localidad del condado de Suffolk, en Nueva York, para indagar en el asunto. Pero una vez allí, el detective se mostrará reticente a encontrarse cara a cara con la mujer que le ha contratado y con la que mantuvo una relación dos décadas atrás, por lo que antes se pondrá en contacto con Laura, la madre del primer chico fallecido, y con Jeffrey Brinke, padre de Stephanie y abuelo de Curtis, que acabó perdiendo el juicio tras la muerte del muchacho y que acabará por jugar un papel determinante en la resolución del caso… al igual que unos dibujos, una fotografía y un diario perdido, las otras piezas de un puzzle en cuya resolución el lector no dudará en participar con entusiasmo.

 

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Publicada en Estados Unidos con el título de The Creep, primero hace un par de años como miniserie de cinco entregas y luego reeditada como novela gráfica (lo que acaba de valerle una nominación a los prestigiosos premios Eisner del presente año), Grima llega a nuestro país en este último formato, el de un solo volumen, algo muy de agradecer si se tiene en cuenta el ritmo imparable y la intriga in crescendo de los que hace gala el relato. Esto es mérito sobre todo de John Arcudi, un guionista todoterreno que lo mismo escribe historias de superhéroes para DC y Marvel como cómics que explotan las franquicias cinematográficas de Aliens, Depredador, Robocop o Terminator, sin olvidar las obras que más fama y prestigio le han dado: AIDP, Abe Sapien, Sir Edward Grey y Bogavante Johnson, series todas ellas derivadas de ese gran éxito que es Hellboy de Mike Mignola. Con Grima, Arcudi logra su obra más personal y mejor construida hasta la fecha; y a ello contribuye y no poco la labor a los lápices de Jonathan Case, un dibujante ya fogueado en el relato policíaco con aquella estupenda novela gráfica basada en hechos reales y titulada El asesino de Green River. En esta su nueva obra, el ilustrador cambia el blanco y negro de aquella por el color, y opta por experimentar con el trazo y el acabado para diferenciar presente y pasado, realidad y ensoñación, pero manteniéndose siempre fiel a su estilo limpio y supeditado en todo momento a la claridad narrativa.

 

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Es en esta dualidad entre lo real y lo imaginario, dialéctica que se establece tanto por parte del protagonista como por parte de un lector que intenta adelantarse a los acontecimientos con la intención de resolver por sí solo el enigma que se le plantea, donde radica uno de los mayores atractivos de la obra. Los otros son, por un lado, el enfoque intimista del relato y su conclusión medianamente abierta, que pueden recordar a otra espléndida muestra reciente de historieta policíaca como Castilla Drive; y, por otro, el carisma del propio personaje principal: en un primer momento inspirados por la malformación que sufrió el actor Rondo Hatton (1894-1946), cuya presencia ya fue recreada en viñetas por el malogrado Dave Stevens en su mítico The Rocketeer, Arcudi y Case nos legan aquí un rol memorable, inscrito desde ya en la tradición de investigadores que sufren enfermedades que ponen trabas al desarrollo de su actividad, como es el caso del Frank Armstrong que protagonizara el cómic de Joshua Hale Fialkov y Noel Tuazon titulado precisamente Tumor o, ya en otro ámbito, el amnésico Leonard encarnado por Guy Pearce en el soberbio film de Christopher Nolan Memento (2000). No son estos malos referentes para un cómic que se ha ganado los elogios de firmas tan autorizadas como las de Joe R. Lansdale y Greg Rucka, ambos novelistas y guionistas de cómics especializados en el género negro; un género donde, visto lo visto, no estaría mal que John Arcudi empezara también a prodigarse más a menudo.

 

Grima
John Arcudi (guion) & Jonathan Case (dibujo)
Planeta de Agostini Comics

 

Nota bene.- La edición española cuenta con catorce páginas de material extra, entre el que se incluyen bocetos comentados por los autores y las cinco ilustraciones para las otras tantas cubiertas originales realizadas sucesivamente por Frank Miller, el citado Mike Mignola, Ryan Sook, Tonci Zonjic y el propio Jonathan Case.

 
 

 

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