“La detective miope”, de Rosa Ribas, por Noemí Pastor

La Detective Miope - Rosa Ribas Noemí Pastor

¿Por qué no me he leído antes este libro?

Pues no lo sé muy bien; quizás porque alguien que me conoce bien vaticinó que no me gustaría. ¿Y por qué vaticinó eso? Pues porque ese alguien que me conoce bien sabe que no me gustan los relatos lúgubres que ahondan en lo negro y lo más negro y agotan los sinónimos del horror, como les pasa a Yasmina Khadra y a algunos nórdicos.

Y La detective miope tiene bastante de trágico, claro, empieza con una tragedia tremebunda, pero no se parece en nada, por ejemplo, a Mankell, porque posee otros ingredientes.

Oralidad

El ingrediente principal es la oralidad. Rosa Ribas simula un relato oral, en primera persona, un pelín destartalado, atolondrado, improvisado, pero simulado, repito, que funciona muy bien. La protagonista, Irene Ricart, se nos acerca mucho, conecta, transmite. Hace cosas extrañas, se comporta como una orate; ve claves ocultas el la normalidad más anodina. Elabora largas listas mentales para no dejar rastro escrito de sus planes; tiene más que un punto paranoico. Pero consigue que la comprendamos, porque nos abre las puertas de su vida, nos permite vivirla con ella y, así, llegamos a entender perfectamente su obsesión por no perder el tiempo, por organizarse la vida centimétricamente y no permitir que se abran resquicios.

Irene Ricart es un personaje que celebro haber encontrado, porque no hay muchos como ella. Es dura, no pretende agradar, caer simpática ni hacer amigos. No tiene que mentir para que la quieran. Es sincera y brutal; cínica, egoísta. Es violenta: cuando algo la molesta o la separa de su objetivo, no lo piensa dos veces antes de soltar un puñetazo o unas buenas patadas. No es una pobrecita viuda lacrimosa indefensa. Tiene clara una meta en el horizonte y camina hacia ella con algunas peculiares ayudas “clínicas”. Sus defectos la hacen humana; su sinceridad nos reconcilia con nuestras propias miserias.

La aritmética terapéutica

A consecuencia de su tragedia, del shock traumático que nos explica nada más comenzar la novela, Irene Ricart va paulatinamente perdiendo la vista y aumentando sus dioptrías. Es una cuenta atrás, pero al revés, porque va hacia delante: va acumulando, ganando dioptrías a velocidad pasmosa. En el capítulo veinte ya suma dieciocho.

Así pues, a medida que el relato avanza y el crimen sobre el que Irene investiga se va aclarando, ella se va adentrando poco a poco en la oscuridad.

Esa cuenta hacia delante, que normalmente es cuenta atrás, es un recurso muy simple para aligerar la parte final de un relato; muy simple, como digo, pero muy eficaz; de hecho, casi siempre funciona. Es curioso: me pongo a pensar en relatos con cuenta atrás y solo se me ocurren ejemplos de la literatura vasca: Atxaga en El hombre en su soledad y antes Saizarbitoria en Cien metros. En los dos casos narrativos el tiempo juega en contra del protagonista, le impone un ritmo fuerte, una premura, una presión.

Frases como piedras

Otra cosa que me ha conquistado de La detective miope es que nos deja un montón de citas, de frases lapidarias de esas que nos gusta soltar de vez en cuando para apoyar algún razonamiento. Quería seleccionar una para rematar este articulito y me ha costado decidirme, pues las hay muchas y buenas. Al final me he decantado por esta: “Los buenos mentirosos son los que mezclan suficiente verdad con la mentira. Los mentirosos de primera clase son los que solo desvían un poco la verdad”. Estos últimos, los gama alta de la mentira, son los manipuladores, ¿no?

La detective miope
Rosa Ribas
Viceversa
 

8 comentarios en ““La detective miope”, de Rosa Ribas, por Noemí Pastor

  1. Me gusta la forma de explicarnos que tiene Rosa Ribas y este lo tengo en la lista de pendientes, después de tu reseña aun me han entrado más ganas así que en cuanto termine el que tengo entre manos me pongo con él.
    Una abraçada Noemí,

  2. Me gustó mucho esta Detective Miope, es un libro que merece la pena ser conocido, aún me acompañan “la cantante calva”, la madre que creía que Denzel Washington era guapo (será que es guapo) y también el drama horrible de la protagonista, mezclado con humor inteligente.

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