“Siempre pagan los mismos”, de Carlos Bassas del Rey, por Ricardo Bosque

siempre-pagan-los-mismosRicardo Bosque

Dicen las malas lenguas que Carlos Bassas del Rey (nacido en Barcelona y residente desde hace bastantes años en Pamplona) ganó en su día el VII Premio Internacional Novela Negra Ciudad de Carmona con su novela El honor es una mortaja. De esto hace ya dos años y yo, sin leerla (en mi descargo diré que a otro colega de Calibre ,38, Jesús Lens, le pasó lo mismo y se arrepentía muy mucho hace unas semanas de no haberla leído antes), aunque a dios pongo por testigo que, tras las fantásticas sensaciones recibidas con la segunda protagonizada por el inspector Herodoto Corominas, Siempre pagan los mismos, no tardaré en hacerlo.

Corominas es inspector de policía en la imaginaria ciudad de Ofidia, 300.000 habitantes encerrados en algún lugar se supone al norte y en el interior de la península, localidad con su casco antiguo y su desparrame hacia las afueras en formas de nuevos barrios hechos de uvepeoses.

Un tipo normal, Corominas, sin esos traumas del pasado que suelen amargar la vida a muchos de sus compañeros de papel, ni héroe ni cobarde sino todo lo contrario. Casado con Laura, la combativa esposa que deja claro su papel ante las injusticias que nos han tocado vivir:

“Nuestro hijo. A este paso, no le va a quedar nada: ni sanidad pública, ni pensiones, ni educación, ni trabajo, ni futuro. ¿Te das cuenta que van a ser la primera generación que viva peor que sus padres?. Ya estoy harta de que aquí siempre paguen los mismos. Juego, set y partido”.

Hijo adolescente y padre moribundo completan el panorama familiar de Herodoto.

El profesional arranca, en esta ocasión, con el hallazgo del cadáver de un policía municipal, apuñalado, destripado y emasculado, en un callejón de Ofidia. La víctima, Antonio Falcón, era, además de policía, protector de los negocios del barrio de los que cobra unas suculentas cantidades con las que complementa cada mes su nómina de funcionario..

A partir de ahí y a través de una doble narración que permite desde el principio al lector ir por delante del investigador, Carlos Bassas nos pone frente a los terribles problemas cotidianos a los que la mayoría de los ciudadanos de esta económica Unión Europea nos enfrentamos cada día, ya sea como desgraciados protagonistas o como simples videntes de telediarios que -cada vez menos, parece que hay que ir ocultando las terribles consecuencias de la crisis de la que hay quien dice estar saliendo, curiosamente aquellos que jamás llegaron a entrar en ella- abren o abrían con la miseria humana y moral que suponen los desahucios o la falta de ayudas sociales mientras los fondos destinados a ella se desvían a bolsillos particulares. Ya saben, lo de la privatización -perdón, externalización- de los bienes públicos.

Mi desde siempre admirado Petros Márkaris lleva un tiempo dedicado a plasmar la realidad griega sirviéndose de la excusa de un Jaritos obligado a resolver determinado crimen.

Mi desde ya mismo admirado Bassas hace lo propio en esta excelente novela mostrándonos una ficticia Ofidia que bien podría ser cualquiera de las reales ciudades de un país que aseguran no es Grecia pero no sé qué les diga yo.

Bueno, sí sé que decirles: que se hagan con un ejemplar de Siempre pagan los mismos y se preparen para pasar un par de tardes del mejor modo que puede imaginar un aficionado al género negro.

 

Siempre pagan los mismos
Carlos Bassas del Rey
Alrevés

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