“Spectre”, por Teresa Suárez

spectre-cartel-6110Teresa Suárez

Culto a la muerte. “Si ya te ha dado la vida, Llorona, ¿qué más quieres?, ¿quieres más?”, suena Chavela de fondo. Mientras México DF celebra el Día de muertos, James Bond, en cumplimiento de una misión que le ha sido encomendada desde el Más Allá, pulula por sus calles más que dispuesto a aumentar el número de difuntos a quien honrar. ¡Espectacular y colorido comienzo!

Continuando con su luctuosa labor a lo largo y ancho de este mundo, desde el País Azteca se traslada a Italia donde el hecho de acudir al funeral de un capo mafioso no le impide disfrutar de la dolce vita romana en brazos de Lucía Sciarra, la viuda, aunque para ello tenga que elevar peligrosamente su hándicap 00 (número de fallecidos colaterales de ventaja que tiene un agente con licencia para matar sobre otro) determinante a la hora de decidir la continuidad al servicio de su Graciosa Majestad.

Entretanto M, adicto al ibuprofeno gracias a los quebraderos de cabeza que 007 no deja de provocarle, se enfrenta en Londres a la doble tarea de intenta controlar a James y frenar al nuevo director del Centro para la Seguridad Nacional que niega a Bond, cuestiona la importancia del MI6 y quiere implantar un Gran Hermano que posibilite el control del mundo con un solo clic. Pero ¿a quién pertenecerá el dedo que pulse el botón? 007 tiene trabajo.

Skyfall es mejor que Spectre, lo admito; la supera, sobre todo, en los ingeniosos diálogos. Aún sonrío cuando recuerdo la pelea verbal que Bond entabla con el nuevo Q, versión pop del anterior, a propósito de la fuerza de la juventud y la importancia de la experiencia o la entrevista que uno de los psicólogos del MI6 le hace a James para valorar si es apto para volver al servicio activo (una de mis escenas predilectas):

– Dígame la primera palabra que se le ocurra. Por ejemplo, si yo le digo:

– Día, usted diría / malgastado.

– Pistola / tiro.

– Agent / Provocateur (conocida marca de lencería femenina).

– Mujer / provocadora.

– Corazón / diana.

– Pájaro / cielo.

– M / zorra.

– Sol / nadar.

– Luna / bailar.

– Asesinato / empleo.

Para no defraudar a sus millones de seguidores, Spectre está repleta de momentos de acción espectaculares y frenéticos. Aunque, comparada con Skyfall, vuelve a subir el nivel de decibelios (hay más carreras, choques, tiros y explosiones), Sam Mendes continua con su particular empeño en humanizar a 007 para lo cual no duda en enfrentarlo a sus enemigos, a sus amigos, y especialmente a sí mismo, en un cara a cara sin cuartel que nos ayude a entender quién es Bond y por qué es cómo es.

Roger Moore, el actor que durante más tiempo ha interpretado al afamado agente secreto, afirmó en su libro Bond on Bond que Daniel Craig ha sido, hasta la fecha, el mejor 007. Craig sin embargo, agradecido, sostiene que el mejor ha sido Sean Connery. Yo comparto la opinión de ambos: el mejor fue Connery hasta que el testigo pasó a Craig.

Desde que Daniel le prestó su imagen, la figura de Bond no solo recuperó el encanto que le confirió Sean Connery, su primer interprete, sino que le proporcionó un irresistible atractivo animal que logró que miles de hombres y mujeres de todo el mundo acudiéramos en masa a ver una saga que languidecía de la mano de actores blanditos como Roger Moore (fue 007 durante doce largos años), relamidos como Pierce Brosnan y algún que otro francamente poco agraciado, como Timothy Dalton, que hacían bastante difícil creerse el personaje.

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Steve McQueen

Pero entonces llegó Daniel (¡el hombre!), el único capaz de dar hostias como panes. Con su imponente físico, su rostro curtido y esos ojos azules tan fríos como el acero, fuimos muchas y muchos los que comenzamos a disfrutar con la franquicia… aunque no precisamente como niños. Porque si algo representa Craig es el placer adulto que hay que saborear con los cinco sentidos: Con la vista porque no hay mayor deleite que verlo caminar: ¡que elegancia, que porte, que sensualidad! (solo Steve McQueen, a quien Craig me recuerda mucho, era capaz de moverse de la misma manera). Con el gusto, porque no dejas de relamerte cada vez que ofrecen un buen plano de su magnífico culo (y ofrecen bastantes). Con el tacto porque no te resulta difícil imaginarte entre esos brazos fuertes y poderosos… ¡ay! Con el oído porque el doblaje, voz ronca y parco en palabras, te hace suspirar toooooodo el rato. Y con el olfato, porque aunque no percibas su aroma, te hueles que sea el que sea te dará igual porque el conjunto es irrepetible.

En Casino Royal, la escena de Daniel Craig saliendo del mar, con ese bañador azul y sus potentes músculos relucientes bajo las gotas de agua, lo convirtió en el auténtico sex symbol de la serie, papel que, hasta ese momento, siempre había recaído en las mujeres. De hecho es una copia de otra escena perteneciente a la primera película de 1962, Agente 007 contra el doctor No, en la que Úrsula Andress emergía del agua con un bikini que a unos les levantó ampollas, por lo escandaloso para la época, mientras que a otros les levantó el ánimo.

Por eso cuando leí la crítica del Diario ABC, una sola frase me bastó para deducir que quien la escribió, E. Rodriguez Marchante, era un hombre: “a Seydoux no se la ve muy entusiasmada con Craig”. ¿Perdooonaaaa?

Hombres del mundo: entiendo que os podáis sentir intimidados ante semejante ejemplar masculino, pero que ello no os nuble el sentido. La evidente falta de química entre Craig y Léa Seydoux no se debe al poco entusiasmo de ella, sino al nulo entusiasmo de él. ¡Vamos que la francesa no le pone nada!

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Aunque al principio no comprendía por qué a Daniel, con el físico más fornido de todos los actores que han interpretado a 007, le colocaban como oponentes femeninas (tanto para la chica mala como para la chica peor) mujeres tan flacas que para simular curvas debían realizar contorsiones imposibles con la espalda según el objetivo fuera dibujar caderas o algo de culo, ahora tengo mi propia teoría: no son los directores quienes eligen a las Chicas Bond sino Rachel Hannah Weisz, su esposa (de ahí que la impresionante Mónica Bellucci, una mujer como Dios manda, tenga un papel tan cortito en Spectre).

¡Y lo entiendo, vaya si lo entiendo! Cuando Rachel abandonó al atormentado Darren Aronofsky (aún me sorprende como fue capaz de llevar al cine Réquiem por un sueño, adaptación de la novela del mismo título de Hubert Selby Jr., uno de mis escritores americanos favoritos, la narración de los erráticos pensamientos de unos adictos) y lo sustituyó por Craig era consciente de que mantenerlo a su lado le iba a exigir un enorme esfuerzo, no por él sino por ellas, unas ofrecidas y regaladas, entre las que me incluyo sin ningún rubor, deseando caer en sus brazos.

¡Es lo que tiene el estar casada con el 007 “más sucio” (no por su falta de higiene sino por el tipo de pensamientos que despierta) de la historia del MI6!

Y eso sin contar su socarronería:

– ¡Les trajiste un cadáver!

– Si querían el alma haber enviado a un cura.

¿Se nota que Daniel Craig me pone cardíaca?

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