“Adiós en azul”, de John D. MacDonald, por Sergio Torrijos Martínez

adios en azulSergio Torrijos Martínez

Si no hubiera sido por su fecha de su primera edición, 1964, la pondría como uno de los mejores descubrimientos de este año; bueno, mejor dicho, del año pasado. No he tenido noticia de este señor ni tampoco del personaje, Travis McGee, que arranca su andadura con esta novela y lo lamento, porque ha sido una lectura placentera, agradable e interesante, sin que pueda poner una coma a los tres adjetivos citados.

La novela me parece un pepinazo, hablando en vallecano profundo, es decir algo de verdad, de las que dejan poso, de las que marcan tendencias y de las que siempre terminas por acordarte. No sólo por la acción, los personajes o el ambiente sino también por la claridad y calidad de la prosa.

Como novela me ha parecido de esas que crean influencia, que tienen un valor que va más allá de las doscientas páginas de disfrute. MacDonald tiene mucho arte y mucho talento. Lo que fastidia es no haber tenido antes la posibilidad de su lectura. Debe haber sido por la acumulación de grandes autores americanos que en esa época eran los amos en esto de la novela negra.

Partiendo de un clasicismo evidente, Chandler, Hammett, varios más que me guardo, están ahí, entre las páginas de la novela, entre las líneas, escondidos, agazapados pero se percibe su perfil, se presiente su aliento… esa sensación del clasicismo mejor entendido es imposible de obviar. Cierto es que la novela es más actual, aunque siempre respetando la época en la que se escribió.

El clasicismo arranca con el propio protagonista, Travis McGee, que es una especie de solucionador de problemas, aunque se le podría dar otros muchos calificativos. Ni es un detective, ni un policía, pero sabe de delitos, de delincuentes y de apuros.

Travis vive al día. Cuando el dinero comienza a escasearle toma algún encargo y hasta la próxima, en el interin vive y deja vivir. Intenta rodearse de armonía y también de alguna mujer hermosa, las cuales terminarán por acosarle, como no podría ser de otra manera.

En un momento dado no puede obviar una petición de Cathy, una chica bella y maltratada. No lo hace por ningún motivo económico sino por un tinte quijotesco que todo buen personaje de novela negra debe tener. Eso sí, el señor McGee, no se mueve por los parámetros habituales, vive en sociedad pero siempre en un ladito, lejos de préstamos, hipotecas, cuentas corrientes y demás líos que sólo provocan que se sea menos libre.

La investigación llevará a encontrarse con personajes muy curiosos, vamos a poner un ejemplo para que también se hagan cargo de cómo maneja el lenguaje el autor:

“Los peores crímenes del hombre contra la mujer no figuran en los anales legales. Un hombre sonriente, rápido y habilidoso como un gato, con unos buenos músculos, cargado de dinero, sigue en libertad y nadie sospecha de él, ávido como una comadreja en un gallinero. Ahora entiendo el motivo. El motivo era el asesinato. Y ese asesinato simbólico podría fácilmente venir seguido de un acto más literal.

Astuto y temerario, compulsivo y falaz. El dios Pan con sus pezuñas, su sonrisa y sus peludas orejas, el sátiro al timón del Play Pen.

Ámalo, compréndelo, perdónalo, condúcelo tímidamente hacia Freud o hacia Jesús.

O asume el actualmente inasumible planteamiento de que el mal, sin diluir por ningún indicio de trauma infantil, existe en el mundo, existe porque sí, la pustulosa herencia de la bestia, tan inexplicable como Bergen-Belsen.”

No quiero desvelarles más de lo preciso porque una de las cosas más importantes de la obra es la idea de ciertos crímenes, que asoman por las páginas de las novelas, pasan desapercibidos si no se observan con cercanía. Se sazonan con unas reflexiones sobre la conducta humana de elevada profundidad y certezas casi absolutas.

Para mí una novela que tiene que tener sí o sí espacio en nuestra biblioteca. Es una joyita de la que se sentirán sumamente orgullosos, confíen en mí, pónganla con el resto de las buenas novelas.

Adiós en azul

John D. MacDonald
Trad.: Mauricio Bach
Libros del Asteroide

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2 comentarios en ““Adiós en azul”, de John D. MacDonald, por Sergio Torrijos Martínez

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