Brut Nature y jarrones venecianos

Ricardo Bosque

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Andaba servidor de ustedes hace unos días celebrando su cumpleaños en compañía de la familia y remataba la comida dando buena cuenta de una botella de cava, un Brut Nature de Raimat dado que estábamos en tierras catalanas -de haber estado en mi pueblo tal vez habríamos brindado con un Bordejé, un Monasterio de Veruela o un Reyes de Aragón, pero en todo caso la del Raimat fue una gran elección.

A la segunda copa, y supongo que por deformación profesional, me puse a pensar en la polémica literario-criminal del verano, saliéndome de pronto un ramalazo “jesulíndeubriqueño” con aquello de “la vida es como un toro, ¿no?”. Evidentemente, yo lo lleve al terreno que suelo pisar. Me explicaré.

En función de la cantidad de azúcar que se añada a lo que se conoce como licor de expedición, obtendremos como resultado final distintos tipos de cava, a saber y de mayor a menor concentración por litro: Dulce, Semi Seco, Seco, Extra Seco, Brut, Extra Brut y Brut Nature. Evidentemente, los productores (como los ladrones) son gente honrada y tienen a bien etiquetar cada uno de sus cavas con la denominación que le corresponde.

Pero, ¿qué sucedería si, por razones estrictamente comerciales y habida cuenta que lo de Brut Nature mola más, les diera por etiquetar así toda su producción? Pues dos cosas, sin ir más lejos:

1.- Que los consumidores “avanzados”, comocedores de la diferencia entre un Brut y un Seco, se llevarían un gran chasco si, al descorchar una botella etiquetada como Brut Nature, se encontrasen con un Semi Seco. Y no necesariamente porque no les guste el Semi Seco, sino porque, por ejemplo, habían pensado que un Brut Nature maridaba mejor con el menú que debía acompañar el cava elegido.

2.- Que los menos bebedores, aquellos que se limitan al brindis navideño y poco más y que suelen comprar el que anuncian en la tele, ese del anuncio de las burbujas, se harían una idea equivocada de lo que es el cava, pasando a relacionar el sabor de un Dulce con el de un Brut Nature pues así lo dice la etiqueta.

Afortunadamente, los productores de cava hacen bien su trabajo, saben que tienen diferentes tipos de clientes (o que para diferentes tipos de platos encajan mejor unos cavas que otros) y etiquetan correctamente sus botellas. Bien por ellos, felicitaciones desde aquí.

Pero claro, esto es una revista dedicada al género criminal y no a la gastronomía y, como diría el citado Jesulín, “la novela criminal es como un cava, ¿no?”. Pues no, no al menos en España, donde somos así de chulos, todo el monte es orégano (u orgasmo, como diría un amigo) y todo lo que tiene un muerto entre su páginas, así haya fallecido de infarto, es novela negra, sin más, y luego pasa lo que pasa. Muy mal, señores editores, tomen nota de los productores de cava y llamen a cada cosa por su nombre, por el bien de los lectores y el del género (o los géneros), y así ningún purista se llevará un disgusto cuando abra un “Etiqueta Negra” y se encuentre un jarrón veneciano ni un lector de “thriller psicológico” se pensará que aquello es lo que los especialistas denominan pomposamente jarboiled o algo así. O quien compre por Navidad lo último de Camilla Läckberg no se irá a casa pensando que se ha llevado consigo la novela negra de la década, que suele suceder.

¿No comprenden que hay sitio, público y momentos para todos y que, simplemente, se trata de llamar a cada cosa por su nombre?

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7 comentarios en “Brut Nature y jarrones venecianos

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