José Ramón Gómez Cabezas: “En este país tenemos una pequeña demencia, interesada, pactada o simplemente acomodada”

 

Laurentino Vélez-Pelligrini

José Ramón Gómez Cabezas es un autor que cuenta en su haber una primera novela, Requiem por la bailarina de una caja de música (Ledoria, 2010), así como numerosos artículos y relatos. Psicólogo de formación, es sobre todo y ante todo, un escritor vocacional. Vinculado a Novelpol, está cada vez más visible en las semanas y festivales de novela negra y policial y así lo demuestra su reciente participación en Getafe Negro 2016. En efecto, Gómez Cabezas hace hablar de él, sobre todo por su última novela, El ataque Marshall (Serial Ediciones, 2016), una obra que constituye un hibrido entre novela histórica y novela negra y que lleva ejerciendo un enorme magnetismo en el mundillo del Noir. De hecho, promete con convertirse en una de las grandes revelaciones de este año. A lo largo de esta entrevista, nos cuenta los aspectos motivacionales, ambientacionales, psicológicos, políticos, sociales e históricos de su trama.

Un avión Heinkel alemán nazi con un militar en huida ante la caída final de Alemania se estrella en España y después, claro, viene todo lo demás, no hagamos spoiler. Pero, en cualquier caso, ¿qué fue lo qué inspiró tu trama?

Después de escribir y publicar dos novelas negras ambientadas en los años 20-30 quería dar un salto temporal a otra época oscura cómo fue la posguerra española y mundial. España en los años 50 abandonó la autarquía y empezó a mirar a la ayuda de los americanos con otros ojos y a pensar que podía haber más cosas aparte del trabajo duro. La época ya la tenía, me faltaba buscar puntos interesantes y lo suficientemente oscuros para montar una trama negra, tenía el estraperlo, los maquis y por supuesto la vida esplendorosa de algunos nazis en España, no me hacía falta mucho más.

¿No te da la impresión de que se habla demasiado de América Latina como refugio de nazis tras la derrota del Tercer Reich, pero que en cambio se recuerda poco su paso por España y la propia protección de la que disfrutaron en nuestro país?

Si, parece que en este país tenemos una pequeña demencia, interesada, pactada o simplemente acomodada, sobre muchos detalles históricos de nuestro pasado lejano y también el más reciente.

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José Ramón Gómez Cabezas

Tu novela no es una trama sobre cazanazis en el sentido estricto, al menos desde un punto de vista narrativo. ¿Te apetecía quizás plantear la cuestión fuera de los cánones clásicos de la novela de espionaje?

No quería escribir novela de espionaje, siempre quise escribir novela negra, aunque bien es cierto que hay lectores y críticos que le han sacado al libro su perfil histórico, de espionaje y negro. No me disgusta, señal de que cada persona ha preferido quedarse con una parte significativa del libro y que en general es un trabajo ambicioso.

¿Qué es lo que diferencia a esa generación que vivió de primera mano la experiencia del nazismo y creyó en él y en su resurrección y lo que hoy denominamos grupos neonazis?

Me gustaría pensar que esa diferencia es abismal y que hoy en día no podríamos repetir los mismos errores que nos condujeron a una de las mayores estupideces de la historia, pero a veces no estoy tan seguro cuando veo crecer movimientos de ultraderecha en distintos países de Europa o veo la elección de gobiernos de algunos países no tan lejanos.

La ambientación de la novela es en una España a caballo entre la tardoposguerra y el desarrollismo, principios de los 60, justo cuando estalló en la escena internacional el juicio contra Eichmann. ¿Ese dato condicionó quizás la elección de la época?

En realidad no, podía haber sido así, pero tenía muy clara la época desde el principio, quería escribir de esos años, de gente normal que sólo quería trabajar y disfrutar un mínimo de esa luz que parecía abrirse después de tanta oscuridad, pero a estos personajes míos, prácticamente sin comerlo ni beberlo, se les cruza en la vida los intereses de los todopoderosos y a poco que alguien sepa de ajedrez, en este contexto, entenderá perfectamente el título del libro.

Veo también que tu mirada sobre los cazanazis vinculados a los servicios secretos israelitas y que plasmas a través de un curioso personaje no es muy complaciente. ¿De ese lado también se cometían abusos?

Si actuaban clandestinamente es que, de alguna manera, sus acciones no debían ser muy limpias, éticas o no. No sólo en España, estos nazis sufrieron intentos de secuestro o muertes accidentales en todos los países en que se ocultaban. En el caso del personaje en el que yo me inspiré están documentados dos intentos de secuestro, curiosamente de los que nunca se supo las consecuencias reales, para los cazanazis me refiero.

El protagonista de tu obra es un inspector de policía, Martin Sagaseta. ¿Te fue difícil perfilarlo psicológicamente y, sobre todo, afinar sus rasgos más profundos? Porque no se puede decir en absoluto que sea un personaje plano…

Esta novela empecé a escribirla en el año 2010 más o menos y ha sido publicada en 2016, en todo ese tiempo he tenido otras publicaciones, pero nunca he dejado de trabajar en esta obra y una de las labores que más tiempo me ha llevado, junto a la documentación, han sido los perfiles psicológicos de cada uno de los personajes. En el caso de Martín Sagaseta, es un tipo extraño o puede parecerlo desde el principio, a lo largo de la novela evoluciona y esa complejidad va dejando paso a una trasparencia evidente y justificada. Algunos lectores me han contactado para pedir que continúe con este personaje.

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Por lo que veo, Sagaseta es un policía atípico para la época que ilustras, un hombre joven y con una infancia difícil, que no se mueve con demasiada soltura en el ambiente policial filofascista. ¿Querías quizás romper tópicos y recordarnos que también hubo policías que se percataron de la anormalidad histórica del franquismo?

Martín Sagaseta es más bien un verso suelto, no tiene amigos en el cuerpo policial, sólo Pastor, pero es que fuera, tampoco. No es un tipo rebelde que se enfrente al sistema, ni mucho menos. Es un tipo bastante gris, egoísta, que no duda utilizar a los demás en su favor, como a Eva y a los tres muchachos. Es el competidor que está en uno de los lados del tablero del ajedrez, le obsesiona su trabajo, quizás para olvidarse de los problemas personales y pretende moverse por dicho tablero con sutileza y astucia. Cuándo quiere darse cuenta está jugando una de las partidas más importantes de su vida, sin posibilidad de vuelta atrás.

¿Integrarse y participar de las estructuras represivas del régimen franquista, como es el caso en efecto de Martin Sagaseta, era la única forma de supervivencia para los hijos de los “vencidos”?

Entiendo que era una opción que ante los ojos de los demás pudiera, al menos, mostrar un arrepentimiento por los pecados propios y/o ajenos. Como a los soldados de la república que enviaban a luchar al frente ruso. La otra opción es cargar con esa marca durante mucho tiempo, vivir con ello o sobrevivir ateniéndose a las consecuencias.

También aparece el escalofriante universo penitenciario de la dictadura, con todos sus abusos y arbitrariedades y que, en el caso de Barcelona, quedó emblematizado por la siniestra Modelo.

La modelo tiene una historia muy interesante que os invito a descubrir, pretendía ser una de las cárceles más modernas y dignas de España, creo que no lo consiguió y allí se vivieron historias tristes, pero otras, al menos algunas que yo escuché, de represaliados que te muestran lo mejor del ser humano. Una historia más siniestra tuvieron los calabozos de Vía Laietana, de allí sí que se cuentan historias siniestras como las que sufre alguno de mis personajes.

Veo que también tratas de la inmigración de los años 60 en Barcelona, a través del periplo de dos hermanos y un amigo y que van a desempeñar un papel determinante. Esos chicos en cuestión son inteligentes, avispados, deductivos. ¿Querías quizás romper el mito del inmigrante de origen rural, paleto e ignorante?

Bueno, este país como muchos otros, está formado por inmigrantes, aunque como hemos comentado antes, la memoria es frágil. Dentro de esa inmigración que llegaba a las grandes capitales venía, lógicamente, gente muy humilde. Uno de los tres muchachos que llegan a Barcelona, no es muy inteligente y algo bruto, ahí radica su encanto, además echa mucho de menos su tierra, no se adapta. Otro, es silencioso, de una inteligencia normal, hermano mayor, trabajador, resignado y por último, está Alfonso, guapo, muy inteligente, pero impulsivo como nadie, un cóctel ideal para meterse en líos.

La novela ilustra también el ambiente sórdido de la prostitución, el juego y los clubs, con capos mafiosos, gorilas y matones de por medio. ¿Aquello representaba el submundo de esa España moralista, represora y más o menos hipócrita del franquismo?

El tema de las queridas en el Liceo de Barcelona, por aquella época, era algo bastante normal, casi tradicional diría. Una época ultrareligiosa en las formas, pero en el fondo farisea. Hasta cierto punto, coincido con esas teorías que hablan de ésta como una gran estrategia del franquismo, de esta manera tenía contenta y controlada a la población. La historia reciente de Barcelona no se puede entender sin los famosos meublés que ya en aquella época eran unas instituciones.

Los elementos políticos e históricos vinculados al totalitarismo están presentes en la trama. ¿También se puede decir que tu novela pretende ser un alegato contra la desmemoria?

Probablemente, empecé a escribir por mi abuelo y en mis primeras novelas quise reflejar cómo y dónde él se movía cuando era joven. Aquí me sitúo en la época de mis padres. Mi padre hizo parte del servicio militar en ferrocarriles destinado en Barcelona, otro de los motivos para elegir esta ciudad y esta época, lo suficientemente oscura para no olvidarla y aprender de nuestros errores.

Ya para terminar, ¿qué nuevos proyectos literarios tienes?

Este año publiqué en junio un cuento infantil y en septiembre El ataque Marshall. Algunos conocidos cuando lo vieron me decían “pero cuanto escribes ¡Qué productividad”. No, no es que escribiera en tres meses la novela, ni mucho menos, tengo escritos varios textos, la continuación de la saga ambientada en los años 30, un manuscrito juvenil y otra historia policíaca ambientada en la actualidad, una especie de ucronía con grandes dosis de oscuridad. Y por supuesto seguir escribiendo.

 

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