Cine: “Animales nocturnos”

cartel-animales-nocturnosTeresa Suárez

Tom Ford me fascina, no puedo evitarlo.

Siendo el de la moda, como es, un mundo dominado por el histrionismo y el exceso de modistos (los diseñadores de las grandes marcas son hombres) dedicados a cubrir esperpénticamente el cuerpo femenino, empeñados (puede que debido a sus preferencias sexuales) en ocultarlo y ridiculizarlo o, por el contrario, exponerlo hasta la chabacanería, se agradece la presencia del contenido, guapo e inteligente Tom y su gusto impecable.

Nadie como él sabe vestir a la mujer. El majestuoso vestido capa en color blanco que Gwyneth Paltrow lució en los Oscar de 2012 la convirtió en la gran triunfadora de la noche. Nadie como él sabe vestir al hombre. Premios aparte, basta recordar como tapó la boca de aquellos que renegaban de Daniel Craig como nuevo 007 acusándole de falta de glamour y estilo, algo que Tom se encargo de desmontar (tampoco es que lo tuviera difícil, la verdad, porque una buena carrocería destaca por sí misma aunque nunca venga mal un cromado brillante) diseñando el vestuario de Skyfall, sobre todo el esmoquin en color azul noche tan favorecedor, tanto (¡como resaltaba sus ojos!), que Daniel no dudó en volver a lucirlo en el estreno de la película en Londres.

Pero Tom quería más, mucho más.

En 2005 fundó la productora Fade to Black y en 2009 produjo, coescribió y dirigió su primera película, A single man (Un hombre soltero), tan triste como exquisita, por la cual recibió numerosas distinciones y premios.

Ha tardado en repetir la experiencia pero por suerte lo ha hecho y sus Animales nocturnos, basados en Tres noches (título original Tony y Susan) de Austin Wright, se alzaron con el Gran Premio del Jurado en la pasada edición del Festival de Venecia.

Susan Morrow, galerista de éxito afincada en Los Ángeles, lleva una vida privilegiada, pero infeliz, junto a su segundo esposo. Un día recibe un paquete de su primer marido, escritor inédito, a quien abandonó y del que lleva años sin tener noticias: el borrador de su primera obra y una nota en la que Edward le ruega que lea el manuscrito porque siempre fue su mejor crítica. Durante tres noches seguidas Susan se sumerge en la novela.

Tras leer diferentes opiniones, como suelo hacer una vez vista la película, me sorprende especialmente la crítica de Daniel de Partearroyo para Cinemanía: “Bajo una apariencia de diseño e interpretaciones de lujo, Tom Ford expone de qué forma embriagadora e inquietante puede afectarnos la ficción”. ¿Por qué me ha sorprendido? Porque hay mucha diferencia entre cómo ambos interpretamos la historia.

Tal y como yo lo veo, no se trata en absoluto de que la ficción nos remueva o no por dentro (algo que cuando una novela es buena, sea del género que sea, se le supone) sino de la increíble capacidad del autor para demostrar como la acción de una mujer hermosa, elegante, aburrida y fría, acostumbrada a moverse en fastuosos escenarios donde no se concibe un insulto si no es con la corrección debida, violencia de alto standing, puede resultar tan dañina y demoledora para otra persona como un delito etiquetado como tal y, por tanto, constituir el germen de una historia de muerte y devastación.

Animales nocturnos comienza como dos líneas paralelas que se mantienen siempre a la misma distancia y nunca se encuentran: arrepentimiento y venganza. Por una de ellas transita Susan, instalada en su impresionante mansión de Los Ángeles, cómodamente retrepada en su sofá de diseño, entregada a la lectura de esa novela que Edward le ha dedicado y que le cambiará la vida. Por la otra se mueve Tony Hastings, profesor de matemáticas, que una noche, viajando con su mujer y su hija por las solitarias carreteras de Texas, tiene un percance con tres individuos que, igualmente, le cambiará la vida.

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Ambas historias, la de Susan y Tony, se suceden, se solapan, se proyectan la una sobre la otra. Susan, cada vez más hipnotizada por el relato, no puede dejarlo y alterna la lectura de sus páginas con momentos en los que rememora su pasado para cuestionarse las decisiones que tomó entonces.

Esta película me ha traído a la memoria recientes polémicas sobre la moda de escribir novela negra, policiaca o thriller, dando por supuesto que se trata de un género menor. Pero no lo es, no lo es en absoluto. Cuando están bien escritas, este tipo de novelas constituyen un compendio de cómo funcionan las sociedades humanas, casi un manual de sociología: son un espejo del momento y lugar en el que transcurren, critican los convencionalismos sociales, la falsa ética y los valores que si no gustan se sustituyen por otros sin pestañear; muestran la dualidad del alma humana, capaz de lo mejor y lo peor según las circunstancias, la fina línea que separa legalidad y delito, la jerarquía dentro de los grupos y las complejas relaciones hombre/mujer.

Animales nocturnos me ha fascinado, como Tom, por la originalidad de su planteamiento.

De un lado L.A., la gran urbe, con sus nudos de laberínticas carreteras que parecen conducir a un único destino. Del otro el Estado de Texas, segundo más grande de Estados Unidos, con sus rectas, polvorientas e interminables carreteras que también parecen llevar al mismo lugar. Diferentes paisajes, mismo trasfondo: soledad y vacío existencial.

La hierática Susan frente a su alter ego Ray Marcus (impresionante Aaron Taylor-Johnson), de profesión psicópata: “Matar gente es divertido. Deberías probarlo”.

Destacando por encima de todos ellos, y no solo por su impresionante 1,90 de estatura, Michael Shannon, cuya interpretación de Bobby Andes, un sheriff de rostro cadavérico, fumador empedernido, que esputa sin cesar y cuya mirada te sobrecoge porque siempre esperas de él lo peor, lo hermana directamente (sea en una localidad petrolera al Oeste de Texas o en la pequeña localidad de Potts Country) con Lou Ford y Nick Corey ambos nacidos de la mano de Jim Thompson, quien, estoy segura, no tendría inconveniente en prohijar al sheriff Andes.

Al final de la historia las dos líneas paralelas se cruzan abruptamente demostrando, como no podía ser de otro modo, que las cosas nunca son lo que parecen y que esa historia brutal que Susan cree tan ajena es, en realidad, la suya propia.

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Un comentario en “Cine: “Animales nocturnos”

  1. Pingback: Cine: “Comanchería” | Revista Calibre .38

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