Cine: “Comanchería”

comancheriaTeresa Suárez

Lo mío con Texas lleva camino de convertirse en un Bad Romance, Lady Gaga dixit, que amenaza con hacer añicos mi imagen de buena señorita. Son muchas las pistas que así lo indican, por ejemplo mi tendencia a escupir, como si mascara tabaco (¡yo que nunca he fumado y detesto a quienes lo hacen!), después de pronunciar su nombre, esa forma asquerosa y absurda, pero tan bravucona, de demostrar arrogancia.

Puede que sea mi manía de llamar a Houston cada vez que tengo un problema. O tal vez se deba a las ocurrencias del señor con nombre de pato que el 20 de enero de 2017 se convertirá en el 45º Presidente de Estados Unidos, quien, ante la incapacidad de los Border Patrol Agents (con sus inconfundibles sombreros de cowboy, Ray-Ban de espejos, armas reglamentarias a la vista y las de andar por casa escondidas en el calcetín) para contener el avance de los innumerables espaldas mojadas que cada día intentan cruzar la frontera, está decidido a construir, a cobro revertido, un Muro desde la desembocadura del Río Bravo con el Golfo de México hasta un punto situado entre El Paso y Ciudad Juárez, 3.185 kilómetros de longitud, para frenar la inmigración ilegal. Desconozco el motivo, solo sé que últimamente no salgo del jodido Texas.

He olvidado el momento exacto en el que se inició esta malsana atracción por el territorio de las grandes llanuras y los vaqueros (“Texas, más ganado que demócratas”) pero no al culpable, ese cabrón de Jim Thompson, descendiente de cuáqueros y menonitas, con sangre (mala) de sheriff turbio por parte de padre y de indio Cherokee por parte de madre, que durante su infancia recaló, entre otros muchos lugares de la América profunda, en los campos petrolíferos de Texas. Allí situó Central City, localidad imaginaria, donde la vida transcurría apacible y serena hasta que el sheriff adjunto Lou Ford, paleto de pocas luces, un buen día desató toda la violencia que llevaba escondida dejando patente ante sus conciudadanos que, lejos de de ser el hombre tranquilo que todos creían, llevaba El demonio bajo la piel.

Recientemente, durante visita al particular zoo de Tom Ford, el tejano más elegante (o puede que el único,) para ver sus Animales nocturnos, volví a recorrer las interminables y polvorientas carreteras de Texas acompañada de Ray Marcus, psicópata (la escalofriante interpretación de Aaron Taylor-Johnson le ha valido el merecidísimo Globo de Oro 2017 al Mejor actor de reparto), y los impresionantes 1,90 de estatura de otro representante de la ley, el sheriff Bobby Andes.

Este sábado, sin ir más lejos, decidí apoyar a los hermanos Howard (Tanner, exconvicto, y Toby, exmarido) en su carrera delictiva como atracadores de sucursales del Midlan de Texas, entidad bancaria donde los Howard tenían contratada la hipoteca cuyos abusivos intereses a punto estaba de hacerles perder la granja familiar.

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Melancolía, fatalismo y una desesperación económica que, aunque el auténtico criminal de la historia sea el banco, coloca en diferentes lados de la ley a estos dos nuevos Robin Hood (Tanner y Toby unidos por un inquebrantable amor fraternal) y a la pareja de Rangers (Marcus, a punto de jubilarse, y su compañero Alberto que aguanta estoicamente las pesadas bromas del primero a causa de su origen mestizo) que, de ser otras las circunstancias, estarían condenados a entenderse y ser amigos.

He disfrutado como una perraaa con ese humor chusco tejano, tan similar al manchego, basado en la burla cruel y la mala hostia (mucha, mucha), que impregna toda la película.

Además este moderno Western, con mucho de thriller negro, cuenta con una espectacular banda sonora, unas impactantes persecuciones (algunas al más puro estilo Harold LLoyd de tan divertidas como resultan) y unos esplendidos diálogos, verdaderos duelos verbales que, pese a tratarse de una oda a la camaradería masculina, en ocasiones dejan escapar una ternura que te remueve en lo más profundo por muy vaquero que seas.

Pase lo que pase (traducción de Hell or High Water, verdadero título de la película, equivalente a nuestro “llueva o truene”), más que recomendable, imprescindible.

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Un comentario en “Cine: “Comanchería”

  1. El guionista, según reza la presentación, es el mismo de “Sicario”. Pues bien, creo que aquí ha subido algunos escalones. En la película de Denis Villeneuve la primera parte tiene una tensión y suspenso remarcable. Pero hacía el final, tal vez por imposiciones del “mainstream” hollywoodense, se iba haciendo previsible. En el caso de “Comanchería” ocurre todo lo contrario. La primera parte se toma su tiempo, con la presentación de cada uno de los personajes y sus motivaciones, para luego de mitad de metraje hasta el final obtener una tensión, suspenso, humor y dramatismo superlativo. En ello tiene que ver la mano de Mackenzie para la dirección, pero fundamentalmente al señor Ben Foster (cuyos personajes desquiciados y violentos suelen ser muy creíbles), a un Chris Pine muy alejado del Capitán Kirk, con el gesto típico del vaquero de armas llevar, pero con el plus de la inteligencia y la frialdad. Y por supuesto el enorme Jeff Bridges (que ya había demostrado que las botas de John Wayne le iban a la perfección en la remake de “True grit” de los hermanos Coen). Estos dos últimos intérpretes tienen un duelo actoral espectacular, en un diálogo cargado de tirantez, suspenso y sobreentendidos sobre el final del film.

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