La semana de James Sallis: “Vidas difíciles”

Ángeles Salgado

Vidas difíciles, más que un ensayo es una obra de amor. Una prueba del amor de James Sallis por tres autores de novela negra de los años cincuenta y sesenta casi olvidados o, como dice el propio Sallis, que “viven en un raro callejón sin salida de la historia”. Se trata de Jim Thompson, David Goodis y Chester Himes.

Sallis muestra su admiración por tres autores que supieron buscar entre sus demonios personales y convertir a estos en un relato sencillo, después de hacer una exploración del mal y de elaborar unos procesos psicológicos que se considerarían más propios de la “literatura seria” que de las novelas baratas de bolsillo.

En opinión de Sallis, estas novelas de bolsillo tuvieron éxito porque reflejaban una realidad de su tiempo, frente a la irrealidad y la propaganda de Hollywood o del gobierno americano. Cita al ensayista americano Geoffrey O’Brien: “la cultura popular, después de todo, no es más que la caricatura de la historia”. Claro, que, pienso yo, por qué hemos de dar por sentado que la historia es el retrato realista. A veces el naturalismo es tan deformante como la caricatura. Que se lo digan a la familia de Carlos IV, tan realista ella.

Bueno, dejando de lado los efectos de la canícula en mis neuronas y volviendo a los paperback de los que se ocupa Sallis. Fue una producción en serie en la que algunos autores intentaron plasmar una visión y un estilo personal. Tanto Thompson, como Goodis, como Himes intentaron, en opinión de Sallis, subvertir un género y “se dieron de bruces con las limitaciones de la forma y con sus propias limitaciones interiores”.

Por otra parte, también siguiendo a O’Brien, señala la importancia que tuvo el alcohol en la producción de las pulp:

La novela negra se asemeja a los ciclos de la bebida, depresión y euforia alternándose de manera más bien previsible, con el héroe (nunca mejor en su papel que cuando no hace nada) recuperándose de las palizas que podrán deberse tanto a los recuerdos de las resacas del autor como al propio argumento.

Esta negativa a seguir las reglas condenó a Thompson al “gueto de los paperback”, pero, a la vez, le permitió explorar su propia individualidad. La ruptura de estas reglas convierte la obra de Thompson en una novela de ideas, en un reflejo del autoengaño de una sociedad más comprometida con la imagen que con la realidad.

Sallis realiza un recorrido por las obras más importantes de Thompson, señalando en todas ellas este afán subversivo y la huella alcohólica a la que me he referido más arriba.

El mismo respeto y aprecio muestra Sallis por David Goodis. Este autor no trata de transgredir las normas del género, sino que sus obras se dedicaron a reflejar, sobre todo, la cara oculta del sueño americano.

Sallis pone de relieve la condición de “extranjero” de Goodis que, por cierto, salvo seis años fracasados en Hollywood, no se movió de Filadelfia. Este extrañamiento era debido a su nihilismo, a su existencialismo; quizá por eso fue recuperado y valorado por el cine francés. Ciertamente, señala Sallis, lo mejor de la obra de Goodis es su poética de la soledad y el miedo, la angustia de sus personajes, nacida del alejamiento de la realidad.

La tercera vida difícil a la que atiende Sallis es la de Chester Himes, seguramente la más querida por él y al que ha dedicado un ensayo en solitario que no ha sido traducido al español.

Lo primero que quiere dejar claro Sallis es que Himes no es un escritor social, ya que “esa expresión lleva implícita una voluntad de mejora, de cambio redentor, que en rarísimas ocasiones se manifiesta en la obra de Himes”.

De Thompson, la subversión, de Goodis, el extrañamiento y de Himes, el estilo:

Admiré su voz singular, la exacta economía de las imágenes y descripciones, la extravagante adecuación de sus caracterizaciones y la velocidad que imprimía a sus relatos, la limpia fuerza de su imaginación. Pero tal vez haya admirado aún más la creación de un mundo propio en estas novelas, no Harlem, sino una respuesta a Harlem.

Es decir, Sallis admira –y suponemos que envidia– aquello a lo que todo escritor aspira, a tener voz propia.

Himes sigue la línea de la novela negra americana clásica establecida por Hammet y Chandler, pero sus novelas tienden más a la confusión y al absurdo seguramente porque en ellas hay menos lugar para la esperanza de una sociedad en la que la ley tenga alguna cabida y en Himes la corrupción está absolutamente generalizada, no sólo entre los blancos o de los blancos contra los negros, sino incluso de los negros contra los propios negros. Que viene a ser lo que Héctor Malverde califica como parricidio de Himes contra papás Hammet y Chandler. Estos autores habían creado unos personajes idealizados, Spade y Marlowe. Himes necesitaba escribir desde las entrañas y crea a Ataúd Ed y Sepulturero Jones.

La mayor cualidad de este ensayo de Sallis está en su reivindicación de los paperback, de la cultura popular de los cincuenta, de donde salieron, o más bien donde se ocultaron verdaderos talentos de la literatura. Sallis los saca a la luz y los saca con delicadeza, haciéndonos ver sobre todo sus virtudes, aquellas facetas que mejor han sobrevivido al tiempo y, os aseguro, han pervivido muchas más de las que podíamos imaginar y mucho mejor que algunos experimentalismos literarios “serios” que a estas alturas huelen francamente a podrido.

 

Vidas difíciles
James Sallis

Trad.: Alberto de Satrústegui
Poliedro

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