Novela: “La banda de Arruti”, de Jon Arretxe

Ricardo Bosque

Conocida es mi querencia por las novelas cortas, esas historias concentradas en menos de doscientas páginas que exigen de su autor una precisión de cirujano para ir a la esencia sin perderse en disquisiciones innecesarias que solo sirven para el engorde artificial de la obra o para la “justificación” de un determinado PVP. Llevando el asunto a otro terreno, otra de mis aficiones es la publicidad, y siempre he admirado a esos creativos con mentes privilegiadas capaces de contar una historia en un spot de veinte segundos. Trasládese esta afición a la de las letras y tendremos ahí la explicación de mi gusto por los relatos y novelas que demuestran continencia “paginal”.

Jon Arretxe aparca a su impagable Touré -aunque no se olvida de los inmigrantes africanos o de su querido San Francisko que, si bien puntualmente, están presentes- y nos regala 164 páginas basauritarras que harán las delicias de los aficionados a la mejor novela negra en general y de los vizcaínos en particular, pues abundan en La banda de Arruti las referencias locales, ya sean geográficas, urbanísticas (sírvanse ustedes de introducir en san Google los términos “monumento rotonda Basauri” por si necesitan ubicarse espacialmente en algún momento de la narración), gastronómicas (esos talos de chorizo o morcilla que no he tenido ocasión de probar pero que suenan a gloria bendita), deportivo-populares o incluso pertenecientes a la tradición festiva, con una Eskarabillera de altos vuelos protagonista de uno de los pasajes más divertidos de la novela.

Cuatro personajes principales -Arruti, Urrutxurtu, Delgado y Ereño- más un puñado de escogidos secundarios se bastan y se sobran para llevar en volandas al lector a lo largo de la narración, haciéndole saltar de sorpresa en sorpresa hasta la sorpresa final en una historia poblada del mejor humor (negro, mayormente) y una acción trepidante (a ver, que también yo soy capaz de recurrir a adjetivos así de originales cuando me pongo). Cuatro integrantes de una banda de macarras de barrio venidos a más que haría las delicias del maestro Westlake, ese estadounidense que, a falta de txapela, se sacó del sombrero allá por los años setenta al inefable John Archibald Dortmunder y compañía para regocijo de quienes entendemos que el mejor género negro nunca puede estar reñido con la sonrisa permanente en los labios.

He dicho cuatro personajes principales, pero todavía hay un quinto esencial: la propia Basauri en plenas fiestas de San Fausto y con sus calles pringadas con el dulzón zurracapote que mana de las diferentes lonjas de la localidad.

La verdad, no soy yo mucho de este tipo de bebidas (ni de festejos, todo sea dicho), pero por Arretxe sería capaz de hacer una excepción.

La banda de Arruti
Jon Arretxe
Erein

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