¿Qué leen los colaboradores cuando no leen novela negra? Siete preguntas para celebrar el Día del Libro. Hoy, Teresa Suárez

1.- ¿La primera novela que no me avergüenza haber leído?

Drácula, de Bram Stoker: “Se escuchó el ruido de cadenas que golpeaban y el chirrido de pesados cerrojos que se corrían. Una llave giró haciendo el conocido ruido producido por el largo desuso, y la inmensa puerta se abrió hacia adentro. En ella apareció un hombre alto, ya viejo, nítidamente afeitado, a excepción de un largo bigote blanco, y vestido de negro de la cabeza a los pies, sin ninguna mancha de color en ninguna parte. Tenía en la mano una antigua lámpara de plata, en la cual la llama se quemaba sin globo ni protección de ninguna clase, lanzando largas y ondulosas sombras al fluctuar por la corriente de la puerta abierta. El anciano me hizo un ademán con su mano derecha, haciendo un gesto cortés y hablando en excelente inglés, aunque con una entonación extraña:

—Bienvenido a mi casa. ¡Entre con libertad y por su propia voluntad!”

Y entré.

Desde entonces los vampiros son mis monstruos favoritos.

2.- ¿Un libro que no he sido capaz de terminar?

En mi lista de inconclusos hay unos cuantos, por ejemplo Ulises de James Joyce, El tambor de hojalata de Günter Grass o Rayuela de Julio Cortázar. En mi descargo decir que Por el camino de Swann, primera parte de las siete que componen En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, que ocupaba la primera posición, ya no se encuentra en esa lista (“Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan prestos, que ni tiempo tenía para decirme: “Ya me duermo”. Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Francisco I y Carlos V”).

3.- ¿El libro que más veces he leído?

Cien años de soledad de García Márquez. Cada vez que regreso a Macondo y me sumerjo en la historia de la familia Buendía encuentro nuevos motivos para seguir haciéndolo. Es un libro en movimiento, donde la magia, el amor y otros demonios, danzan sin parar sabiéndose abocados a la extinción. ¿Mi personaje preferido? Amaranta, la hija menor de José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán.

4.- ¿Una novela de aventuras?

El conde de Montecristo de Alejandro Dumas (padre): “El alma de Villefort todavía vaciló un instante. Había pronunciado muchas sentencias de muerte sin otra emoción que la de la lucha moral del juez con los reos; y aquellos reos ajusticiados gracias a su terrible elocuencia, que convenció al jurado y a los jueces, no puso en su frente una sola arruga, porque aquellos hombres eran criminales, por lo menos en la opinión del sustituto. Mas ahora variaba la cuestión; acababa de aplicar la reclusión perpetua a un inocente que iba a ser feliz, arrebatándole la felicidad y además la libertad; ya no era juez, era verdugo. Y al pensar en esto empezaba a sentir ese sordo golpear que hemos descrito, desconocido de él hasta entonces; oído en el fondo de su corazón, llenando su mente de quimeras. De este modo un dolor instintivo y violento notifica a los que sufren que no deben sin temblar poner el dedo en sus llagas antes que se cicatricen.

Pero la de Villefort era de esas que no se cicatrizan nunca, o que se cierran aparentemente para volver a abrirse más enconadas y dolorosas”.

Venganza en estado puro.

5.- ¿El libro que más esfuerzo me ha exigido?

La montaña mágica: el tiempo, la enfermedad y la muerte. ¡Nadie ha sido capaz de conmoverme como lo hizo Thomas Mann al narrar, sin adornos ni filtros, la muerte de Joachim Ziemssen!

6.- ¿El más violento?

Sin duda alguna Última salida para Brooklyn de Hubert Selby. Verdaderamente atroz.

7.- ¿Mi libro favorito?

Los miserables (1862) de Víctor Hugo y Crimen y castigo (1866) de Dostoievski. Escritos ambos hace más de ciento cincuenta años, siguen conservando su vigencia y dándonos lecciones sobre la naturaleza del bien y del mal, la igualdad de la justicia, las penas proporcionales al delito, el etiquetamiento de los delincuentes, las dificultades que entraña la reinserción y si existe realmente el perdón.

¡Son auténticos tratados de criminología!

No puedo elegir solo uno.

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