Novela: «Yo fui mercader de mujeres», de Julián Ibáñez

yo_fui_mercader_rmujeresSergio Torrijos Martínez

En primer lugar debo alabar a la editorial, Cuadernos del Laberinto, no sólo por su buen gusto sino también por su ambición. No contentos con editar la obra de Ibáñez, han tenido la osadía de unir toda la producción del autor sobre el personaje Bellón en dos tomos. En este caso hablamos del segundo tomo de “Todo Bellón”. En esta compilación no sólo la integran varias novelas ya editadas de forma individual sino que le suman dos inéditas, lo cual ya sería un reclamo más que suficiente para los seguidores de semejante pedazo de escritor.

Entrando en materia y en esta obra en particular, Ibáñéz sigue como siempre.

El sol nace en oriente, las pelirrojas no se arrojan al vacío y el estilo de Ibáñez permanece inalterable, para este mundo tan cambiante es preciso tener semejantes certezas.

Siempre que reseño al autor, ya van varias ocasiones, intento descubrir al lector no iniciado en los entresijos de estas obras, describir un poco del carácter del protagonista, hablar del mundo que habita, tratar algo del autor, un escritor ya clásico, e intentar, en suma, acercar la obra a los que se adentren en el universo creativo del escritor, pero creo que en esta ocasión no pienso hacerlo. Si quieren saber algo más de Ibáñez léanse cualquier cosa suya, y si están interesados en Bellón tienen donde elegir. Sólo voy a hablar un poco del escaso papel que se le adjudica al autor, alguien tan canónico como Vázquez Montalbán o Andreú Martín, de los que es coetáneo. Las diferencias entre los tres no pueden ser más acusadas, pero en Ibáñez existe siempre ese poso mesetario y poligonero que lo hace único.

En esta obra Bellón trafica con mujeres, es decir se nutre de su esfuerzo para sacar algún billete que otro, pero no se crean que es un proxeneta al uso, es demasiado libre como para atarse siquiera a una fuente de ingresos regular. Bellón gusta de vivir a su aire en el más amplio sentido de la palabra. Cualquier intento de atraparlo en algo es como encerrar a una hiena en una jaula: terminará por romper los barrotes y devorar al que le quiere dar de comer. Es imposible que se esté quieto y adormilado en una esquina, no puede tratar mal a una mujer porque su egoísmo le obliga a vivir en libertad y valorar la ajena. Puede que suene contradictorio, pero nadie ha dicho que sea un personaje homogéneo. Es tan libre que el concepto de aprovecharse de alguien haría que renunciará a parte de su propia idiosincrasia vital.

Por eso lo pasa tan mal cuando, Gaitán, un policía corrupto le tiene cogido por sálvese las partes y le obliga a hacer de chófer de una misteriosa mujer que huele a perdición, sexo y policía a partes iguales. Con ese cóctel pueden imaginar cómo puede acabar el asunto.

La prosa de Ibáñez es tan arisca como su protagonista, ruda y certera. Los personajes que rodean todo el entramado son esquivos en sus explicaciones y obtusos en sus intenciones, así con esos elementos trabaja el autor y hace que el lector nunca sepa por donde va a desarrollarse la historia.

Para ir terminando una obra de Ibáñez que ya es marca de la casa. No soy capaz de decir si es mejor o peor que otras entregas, para mí es Ibáñez en estado puro y con eso ya basta para que el lector tenga un disfrute asegurado, siempre pensando en su mundo apresurado y riesgoso.

Yo fui mercader de mujeres

Julián Ibáñez

Cuadernos del Laberinto

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