Novela: «Luna», de Carlos Bassas del Rey

Teresa Suárez

«Poncia: No tendrás queja ninguna. Ha venido todo el pueblo.

Bernarda: Sí; para llenar mi casa con el sudor de sus refajos y el veneno de sus lenguas», Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba.

Sinopsis:

«Luna es la historia de tres mujeres. Es la historia de Luna, también la de Sara y la de Adoración, nieta, madre, abuela, abocadas a convivir en la misma casa llena de silencios, colmada de olvidos y habitada por una presencia del pasado, la del padre de Sara, el marido de Dora, el abuelo de Luna, que guarda un secreto».

Ambientada en un imaginario pueblo manchego, y protagonizada por mujeres, era inevitable que, desde las primeras páginas, resonaran en mi cabeza ecos almodovorianos.

Tres generaciones de una misma familia (abuela, madre e hija adolescente), en la que la ausencia de la figura paterna guarda relación con oscuros secretos que hay que proteger a toda costa. Y el fuego como elemento purificador de la culpa… Volver.

Gracias a la presencia de las integrantes más jóvenes de la familia de Dora, el sofocante verano de calor y moscas habitual del pueblo, se convierte en una estación atípica en la que el aumento inesperado de cadáveres anima el fresco y desempolva rencillas pendientes.

Celos, envidia y odios ancestrales en entornos idílicos.

«Los factores están siempre en el individuo, terreno sobre el cual obra el ambiente», sostienen las teorías biológicas, «de tal modo que lo social solo incidirá sobre la forma y frecuencia del delito».

Asesinos en ciernes que, ansiosos de explorar esa pulsión que los domina, y que aún no comprenden del todo, cuando se deciden a dar el paso definitivo eligen una víctima, especialmente vulnerable, y la agreden de manera brutal, desproporcionada e innecesaria para la comisión del delito.

Mientras que el crimen urbano se produce en bares, parques o en la calle, lugares donde interaccionan extraños, los ocurridos en pequeñas localidades tienen un componente que, cuando el delito se produce, alimenta el ensañamiento: todo el mundo se conoce.

«La Prado es un mal bicho, como su madre, la hermana no es mejor, su familia solo sabe sembrar cizaña. La Magdalena no hace más que enredar, debería callarse, como si no supiera todo el pueblo a qué se dedican el marido y el hijo (…) La hija de Dora ha vuelto a casa sola, ha venido sin el marido, dicen que ni está ni se le espera, era demasiado para ella, un chico de buena familia, de la capital, se ha traído a la hija, esa cría rara, las tres en esas casa llena de secretos, eso no va a acabar bien».

Predisposición genética al comportamiento criminal más el lado oscuro de la España poco poblada, la España profunda.

El homosexual («aquí soy el sarasa, pobre la madre, le ha salido el hijo al revés»), la divorciada («lo que ha unido Dios que no lo separe el hombre, Mateo 19»), la madre soltera («puta, puta, puta, Aurora es una puta y Miguel no tiene padre»).

¡Cuando de violencia gratuita y desaforada se trata, los crímenes rurales nada tienen que envidiar a los urbanitas!

Cariño riguroso, asfixiante, irreconocible…

-«No eres nada sin un hombre.
-¿Y usted, madre?
-No es lo mismo, yo soy viuda, a tu padre se lo llevo Dios antes de tiempo.
-Ya.
-No es natural. La esposa debe estar con el marido
-Dejémoslo, madre.
-¿Qué ejemplo le estás dando a la niña?»

Es en esa telaraña de relaciones dañadas, defectuosas, donde las mujeres de Bassas, siguiendo la estela de Bernarda y sus hijas, reclaman su protagonismo en la novela: drama de mujeres en los pueblos de España.

Las novelas de Carlos Bassas, cuentan lo que cuentan, pero suelen hacerlo, me consta, con una especial sensibilidad y acompañadas de referencias cinematográficas y literarias (Sinántropos, Cielos de plomo, Justo), que dejan traslucir una vasta cultura.

Puede que encuentres fallos en la historia, pero no te aburres. Aprendes, recuerdas, y siempre encuentras alguna que otra escena, y más de una secuencia, que te remueve.

¡Solo por eso siempre merecen la pena!

Y no, no es Luna la novela que más me ha gustado de Carlos Bassas (difícil destronar a esa dama que se llama Soledad), pero la devoré en dos ratos.

Luna

Carlos Bassas del Rey
Alrevés

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