Novela: “Soledad”, de Carlos Bassas del Rey

Teresa Suárez

“La reacción normal ante las atrocidades es exiliarlas de nuestra conciencia. Hay violaciones del contrato social que son demasiado horripilantes como para mencionarlas en alto. Este es precisamente el significado de la palabra inconfesable… Las atrocidades, sin embargo, no se dejan enterrar” (Judith Lewis Herman, Trauma y recuperación, 1992).

Esta es la historia de un crimen.

Esta es la historia de una familia que nunca lo fue.

Esta es la historia de cómo el resto, aliviados, nos comportamos ante el dolor de los demás, de cómo nos afecta el sufrimiento ajeno.

Esta es la historia de un inspector que convive con los fantasmas de todas las víctimas cuyas muertes ha tenido que investigar a lo largo de su carrera.

Esta es la historia de una investigación policial que, según avanza, desmonta mentiras, saca a la luz secretos inconfesables y destapa las miserias humanas.

Esta es la historia de una madre, muerta como su hija muerta, y su lucha para completar las cuatro tareas del duelo: aceptar la pérdida, drenar el dolor (darte permiso para enfadarte, para desfallecer, para llorar), aprender a vivir en un mundo en el que esa persona que tanto quieres ya no está presente y, por último, desear seguir viviendo.

Esta es la historia de un grito angustioso y desgarrador: ¿CÓMO SE SUPERA LA MUERTE DE UN HIJO CUANDO SE PRODUCE DE MANERA INESPERADA Y TRAUMÁTICA?

Esta es la historia de Soledad

No sé si seré capaz de reseñar este libro.

No al menos como se merece.

Podría comenzar hablando de la trayectoria profesional del autor. De sus numerosos y premios y reconocimientos.

Podría incidir en la originalidad de la forma. En lo acertado del uso de corchetes para la presentación de los personajes (tajos en mitad de los párrafos, sin detenerse, para no interrumpir el devenir de la historia), para intercalar observaciones o para frenar, en el discurrir del pensamiento, sentimientos que, por intensos, amenazan con impedir la posibilidad de toda cordura.

Podría destacar la amplitud de miras que aporta el hecho de que un mismo momento se nos cuente desde el punto de vista de dos personajes distintos. Hablar de cómo ese recurso, en apariencia simple, nos muestra que el mundo no se acaba en nuestra propia realidad.

Podría contar que con solo la primera frase del día primero, “La nena está muerta”, supe que la banda sonora de esta novela sería Qué va a ser de ti. A medida que leía sobre la víctima “acababa de cumplir 14 años (…) Llevaba puesto el vestido blanco con estampado de flores azules (…) Llevaba puesto los zapatos de tacos altos de charol (…) Se los regalaste para su cumpleaños. Te insistió: ya soy una mujer, quiero esos zapatos”, la melodía de Serrat se intensificaba en mi cabeza: “Me decía que en el alma y la piel, se le borraron las pecas y su mundo de muñecas”. Una letanía que “se instaló en mi oído como un acúfeno”, susurrada por Soledad, la madre muerta de una niña muerta.

Pero no sería suficiente.

Porque más allá de los personajes con nombre y apellidos (Abigail L., la víctima, Soledad, la madre, Wilson G., el padre, Romero, el inspector, Alberto Alcaraz, el forense, Claudia, la mejor amiga de la nena muerta) y el resto de secundarios anónimos (la abuela, el sanitario que estaba de guardia, el taxista que trasladó a los padres al Anatómico Forense, el policía que los acompañó una vez dentro, la mujer de Romero que “está hecha de aire”), los auténticos protagonistas de esta historia de crimen y castigo son una serie de sentimientos (culpa, soledad, dolor, vacio, miedo, odio, rabia, venganza y verdad), la virulencia con la que se manifiestan y el manto de tristeza con el que lo cubren todo.

Ya lo avisa el autor.

Por eso se me ocurre que, para hacerle justicia al texto, tal vez debiera hacer terapia de grupo con otros lectores, presentarnos y exponer lo que Soledad ha supuesto para cada uno de nosotros.

Empiezo yo.

Me llamo Teresa y Soledad es la primera novela que leo de Carlos Bassas del Rey. Sé que no será la última.

El comienzo (seis frases y diez palabras) me estremeció.

En la ficción de los hechos relatados reconozco los rasgos de todos los crímenes reales que cada día recogen los medios de comunicación (“es imposible echar una ojeada a cualquier periódico, no importa de qué día, mes o año, y no encontrar en cada línea las huellas más terribles de la perversidad humana”, Charles Baudelaire, Diarios).

Por su dureza, este libro te desgasta, te oxida, te carcome, te asola.

¿Qué es Soledad para mí? Soledad es una completa, perturbadora y devastadora iconografía del sufrimiento.

Duele leer Soledad, sí, pero dejar de leerla no es una opción.

Ahora les toca hablar a ustedes.

Soledad
Carlos Bassas del Rey
Alrevés

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