El pasado sábado, como si hubieran traído consigo un ciclón tropical, los escritores cubanos Rebeca Murga y Lorenzo Lunar presentaron sus obras más recientes en Librería Picasso, en el marco del festival Gravite patrocinado por Caixabank. Y lo hicieron en feraz conversación con el granaíno-mexicano Gustavo Bernal y con gran llenazo… a pesar de la lluvia, el viento y el granizo que azotaron Granada.
‘De Rosa a Negro’ es el libro más reciente de Rebeca Murga, publicado por la Editorial Arraigo. Rebeca es una escritoraza que, como muy bien planteó Pedro Ocaña Agrela, un gran lector y asiduo a los mejores eventos literarios de nuestra tierra, forma parte de ese auténtico nuevo Boom de autoras sudamericanas, fenómeno sobre el que deberíamos hablar más.
Murga no escribe ni con bolígrafo ni con pluma o lápiz. Ella escribe con estilete y puñal. ¡Hasta con cuchilla de afeitar! Y luego usa el teclado del ordenador para pasar a limpio sus relatos, sean sueltos o, como en este caso, más o menos concatenados.
Comenzamos por los cuentos supuestamente rosas a los que alude el título del libro. Pero con Rebeca Murga, hasta el rosa se puede ver teñido de negro, no en vano, el libro se abre con toda una ‘Triste parábola de la alegría’. Pensemos por ejemplo en esa Eva en la que confluyen tantas Evas. ¿Y qué me dicen de la importancia de los nombres, algo que ya sabemos que es capital desde que leímos a Florence Knapp? “Su esposo le dijo que con un nombre como el suyo sólo sería una mujer de a pie. Eduviges… la que no habla. La que no escucha. La que arriesga el pellejo con su carga para el marido preso”. Ahí lo dejamos.
Durante su conversación con Bernal, Rebeca Murga insistió en la importancia de poner el foco en las muchas violencias que se ciernen sobre las mujeres de todo el mundo, algo constatable, por desgracia; y en absoluto opinable. Focalizarlo a través de la literatura, no del panfleto. Y la suya es una prosa poética excelente en la que se sugiere tanto como se muestra, maestra de la elipsis y de las distancias cortas, las que más y mejor noquean.
“Esta escena de puchipapilindo me repugna. Creía no poder repetirlo y aquí estoy de nuevo, tentada por la miseria. La miseria de la que quiero escapar para volver a ella. Espantada por una miseria aún mayor: mi propia miseria”. No pregunten. Láncense sin paracaídas sobre la obra de Rebeca Murga. El despertar de la sexualidad, el fin de la inocencia, la infertilidad, el miedo, el abuso y la familia como asidero o como pesadilla.
Rebeca Murga recordó en Librería Picasso su paso por Semana Negra y la influencia en su prosa de autores como Raúl Argemí, Paco Ignacio Taibo 2, Guillermo Saccomanno, Mario Mendoza, etc. Y como ahora está afincada en España, en Madrid, la novela que actualmente tiene entre manos será muy española… a la vez que cubana.
Y permítanme que termine con uno de esos cuentos que cortan como el filo de un papel. Se titula ‘Víctima narcisista’ y dice así: “Comenzó por la muñeca izquierda, en busca de un hermoso corte”. ¡Foh!
Me quedo sin espacio para hablarles de ‘Cobre en la sangre’, con la que Lorenzo Lunar ganó el prestigioso Premio L’H Confidencial, y de su sorprendente y originalísimo libro ‘Cocina criminal cubana. Cuba, el delito de comer’. Lo retomamos la semana que viene y ya les adelantamos que ambos autores estarán de vuelta para la próxima edición de Granada Noir, aprovechando que ahora somos vecinos, que Madrid está a tiro de piedra.
Jesús Lens
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