“El mensaje que llegó en una botella”, de Jussi Adler-Olsen, por Sergio Torrijos Martínez

Sergio Torrijos Martínez

Nueva novela de Jussi Adler-Olsen continuadora de los casos del Departamento Q. Si ya asombró el primer libro, el segundo se valoró como bueno y este tercero no decepciona. Vuelve el escritor poderoso, que nos atrapa desde la primera página y consigue arrastrarnos tras él sin descanso.

Ha sumado los elementos que le hacían un autor tan característico a otros más como una mayor aparición de personajes y un ritmo más cercano al thriller. Aún así que nadie piense que es una novela americana de fácil digestión, es de trato amable pero poco más, tiene su punto de bestialidad, muy a la danesa, y dosis de calado de humor y de ironía, como por ejemplo:

“Ya, pero por muy bien que estés sentado en una estaca, cuando te levantas te duele el culo”.

En esta novela tiene momentos de delirio, pues el inspector Morck se interesa por la vida de sus ayudantes y claro, descubre lo que nadie quisiera descubrir, que vive en mitad de alunados. Pero lo curioso no es eso, pues ya lo esperábamos. Lo curioso es la capacidad de adaptación del propio Morck, que te hace plantearte muy seriamente si no será él el mayor alunado de todos ellos.

Como decía, la novela es de un gran ritmo, la acción es incesante y no hay un pequeño espacio para un respiro o para la calma, recuperando el tono del primer libro y superándolo en algún momento.

Adler-Olsen usa también la novela para mucho más, para hablar de los problemas de su país, de su propia visión de la realidad que le rodea y no es nada complaciente con aquel pequeño rincón del mundo, sirva como ejemplo:

“Desde la última vez que vino ha habido diez tiroteos en la calle. Dos personas han muerto. El mercado de hachís está fuera de control. El ministro de Justicia ha destinado doscientos agentes, que no tenemos. Hay dos mil desempleados más, la reforma fiscal castiga a los pobres, los alumnos pegan a los maestros de escuela, hay jóvenes cayendo destrozados en Afganistán, la gente no tiene para pagar la hipoteca, las pensiones no valen un carajo ya y los bancos quiebran si no pueden seguir engañando a la gente. Y mientras tanto, el primer ministro va de aquí para allá tratando de buscarse otro trabajo a cuenta del contribuyente. ¿Por qué diantre se preocupa de que yo esté aquí o a doscientos metros, en otra parte del sótano donde todo está permitido? ¿Y acaso no importa –aspiró hondo- TRES COJONES dónde esté, siempre que haga mi trabajo?

Studsgaard había escuchado la perorata con paciencia. Después abrió su carpeta y sacó un folio.

 ¿Puedo sentarme? –preguntó, señalando una de las sillas al otro lado de la mesa. Después habló con sequedad–. Voy a tener que elaborar otro informe. Es posible que el resto del país descarrile, pero está bien que algunos mantengamos derecho el rumbo”.

La realidad danesa no es nada complaciente, por lo que leemos, y nos suena tan cercana a nosotros y a nuestro entorno que me hace meditar y mucho sobre lo que nos rodea, pues apenas se diferencia nada con lo que tenemos aquí.

También aprovecha en esta ocasión a incluir unos buenos palos a ciertos elementos, no puedo explayarme en ellos pues se ha hablado mucho sobre sectas y sobre ciertos tipos de culto, pero el autor danés no deja en muy buen lugar ciertos comportamientos.

Para los que no hayan leído anteriormente a este escritor tengo que comentarles que su estilo esta lleno de sencillez, de una cercanía muy lograda, no precisa de grandes frases ni de pensamientos elevados –aunque existan algunos– para llegar al lector, ese estilo y ese tono se transmite por toda la novela y nos demuestra a un escritor de una pieza, capaz de ficcionar con mucho gracejo.

La edición es la acostumbrada en Maeva, muy cuidada y de mucho estilo, sólo puedo poner una pega y es en la traducción. En anteriores novelas se habló de que algún término no era el correcto, es decir en lugar de hijastro se usaba la expresión “hijo mestizo”, en esta novela se usan ambos términos, sería mucho mejor usar sólo uno de ellos, el más castellano que es hijastro.

Una muy buena novela, que nos deja unas cuantas horas de disfrute y de acción continua. Parece mentira pero, con tres novelas, al menos para mí este escritor se ha puesto a la cabeza de toda la armada nórdica de escritores de género pues en muchos casos los supera con mucho y le suma alguna que otra frase con tal grado de ironía que eriza el vello:

“Después metió la pistola reglamentaria en el bolso. Con los suecos nunca se sabe.

No, al menos, si son daneses emigrados”.

 

El mensaje que llegó en una botella
Jussi Adler-Olsen
Trad.: Juan Mari Mendizabal
Maeva

Un comentario en ““El mensaje que llegó en una botella”, de Jussi Adler-Olsen, por Sergio Torrijos Martínez

  1. Me gusta que lo dejes tan bien por que lo tengo a mi lado para empezarlo; de hecho me sedujo su portada pues al no ser pro-nórdico (no acabo de triunfar con lo que leo) no le hubiera hecho caso, pero que el autor viniera a BCN y me firmara un ejemplar acabó de decidirme.
    Espero que me complazca tanto como parece contigo.

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