“Sévère”, de Régis Jauffret, por Noemí Pastor

sévère de régis jauffretNoemí Pastor

Edouard Stern hacía honor a su apellido: era uno de aquellos banqueros estrella que molaban hace lustros; los que inventaron las opas hostiles y ganaban pasta a chorramortero con grasientas piruetas financieras. Era un francesito con carisma, brillante, de familia bien, pero que muy bien, de ricos de toda la vida.

Una mañana de febrero de 2005 fue encontrado muerto en su casa de Ginebra, impecablemente vestido de látex, con un balazo en la cabeza y otros tres en el cuerpo. La policía tardó pocos días en detener a su amante, Cécile Brossard, con la que, al parecer, se entretenía en juegos sado-maso. Brossard fue juzgada, condenada y encarcelada. Salió de prisión en noviembre de 2010, al mismo tiempo que la novela Sévère.

Esto que os cuento no es una invención novelesca, sino un hecho real, todo un escandalazo en Francia. Le Nouvel Observateur envió a Suiza, a cubrir el juicio de Brossard, al escritor Régis Jauffret y éste, además del contratado artículo para el semanario (http://bibliobs.nouvelobs.com/documents/20101210.OBS4472/donner-c-est-donner-le-proces-stern-raconte-par-regis-jauffret.html), escribió también sobre el caso Stern una novela: Sévère.

Insisto: una novela. No un reportaje ni un relato. Una novela, con los nombres de los protagonistas alterados y narrada en primera persona por la propia asesina. Todas las precauciones eran pocas, pues los familiares de Stern, que no son lo que se dice unos mindundis, amenazaron con todo su ejército de abogados bien pagados y más de una editorial se acobardó. De hecho, el manuscrito de Jauffret pasó por unas cuantas (Gallimard, Flammarion) hasta que Seuil se atrevió a publicarlo.

Sévère vio la luz, como digo, en 2010 y ese mismo año comenzó la persecución judicial contra Jauffret. Otras escritoras y escritores (Beigbeder, Despentes, Houellebecq, Lévy…) salieron en su defensa y, al final, la familia Stern renunció a su querella por intromisión en la vida privada.

Al parecer, Jauffret le ha cogido el gusto a meterse en líos, pues su última novela, Claustria (2012), trata del horroroso caso Fritzl, el llamado monstruo de Amstetten, y ha sentado muy mal en Austria. Yo todavía no la he leído, pero estoy deseando.

El caso Stern ha impregnado otras dos novelas (Latex, de Laurent Sweizer, y Comme une Sterne en plein vol, de Julien Hommage), una pieza teatral (Affaires privées, de Dominique Ziegler) y dos pelis (Boarding Gate, de Olivier Assayas, y Les Adorés, de Hélène Fillières).

Pero, bueno, ya es hora de que os cuente algo de Sévère; todo pura ficción, claro, como repite una y mil veces, por la cuenta que le tiene, Jauffret en el prólogo. En Sévère todo lo sabemos por boca de la asesina, una manipuladora de las buenas, de las que deberían dar cursillos. Para quitarse la culpa de encima nos intenta convencer alternativamente de varias cosas: de que el banquero y ella se querían mucho, de que él estaba deseando morir y casi como que le hizo un favor, y de que ella también era una víctima.

Lo más creíble es lo último, porque lo del amor, lo que ella dice que era amor, yo lo llamaría humillaciones mutuas; unas en público, otras en privado; unas más teatralizadas que otras. Pero, en fin, qué sabré yo de banqueros y sado.

La narradora asesina no solo nos cuenta su historia de amor con el banquero, el crimen y el juicio; también habla de su familia y su pasado, como en una confesión muy larga en la que no se esfuerza demasiado por caernos simpática. Tampoco se priva de decirnos qué piensa del dinero, el sexo, el poder, la dominación, los verdugos y las víctimas. Y así va soltando verdades con mentiras, mentiras con verdades entremezcladas. Al fin y al cabo, lo que es una novela y su atractivo principal: ser capaz de mantener una historia, sea ficticia o real, porque la realidad no es suficiente para que una narración se tenga en pie.

A mí es lo que me fascina de la narrativa: su juego, su recreación, su tergiversación del material “real”. Y me inquieta esta definición que da Jauffret: “Una novela es una mentira que dice siempre la verdad.”

Sévère
Régis Jauffret
Éditions du Seuil

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