“Vigilias efímeras”, de Sergio Coello, por Ricardo Bosque

vigiliasRicardo Bosque

Decía Cortázar empleando un símil pugilístico que el cuento gana por K. O. mientras la novela lo hace por puntos. Y no puedo estar más de acuerdo con el maestro argentino, el cuento es el spot publicitario que debe conquistar la atención del destinatario en tan solo veinte segundos, la distancia corta en la que los fallos se hacen más evidentes y no hay tiempo para bajar los brazos ni margen de maniobra para la corrección de errores. O sale bien o, simplemente, no sale.

Sergio Coello se ha enfundado los guantes -no es la primera vez que lo hace, que ya es boxeador veterano con unas cuantas obras publicadas anteriormente- en Vigilias efímeras y ha subido al ring en diez ocasiones con el resultado de diez victorias por contundente K. O., de esas que hacen que el protector bucal del contendiente -en este caso, lector- salte por los aires a la primera guantada.

Diez son los relatos que integran este libro, diez relatos dedicados a Raymond Chandler y su simple arte de matar, diez relatos que nos hacen pensar en ocasiones en otros dos grandes maestros de lo corto, lo cotidiano y lo criminal: el Scerbanenco de Matar por amor (Uccidere per amore) o el Carver que nos hizo comprender que en lo diario, en las pequeñas cosas que a todos nos pueden suceder están las grandes historias que alimentan el mundo.

Diez relatos muy diferentes entre sí protagonizados por empleados municipales del servicio de limpieza, aparejadores enamoradizos, hombres hechos a sí mismos que no soportan que nadie haga daño a su familia, maridos cornudos que saben que lo son, premiadas escritoras de provincias, paranoicos o periodistas de una cadena local que, de repente, se encuentran con el reportaje que no buscaban.

Pero diez relatos que presentan bastantes aspectos en común, a saber: el amor -en ocasiones mal entendido- como motor de buena parte de los crímenes que en el mundo se cometen cada día; la condición anónima -por cotidiana o vulgar- de los sujetos a los que el autor pone frente a unos lectores tan anónimos, cotidianos y vulgares como los protagonistas que enseguida llegarán a la conclusión de que “esto le puede pasar a cualquiera”; y la exquisitez narrativa de todos ellos, sin excesos, sin florituras pero no exentos por momentos de un lirismo nada reñido con lo mundano.

Diez relatos de los que resulta difícil destacar uno sobre el resto pues todos ellos mantienen un nivel de notable a sobresaliente en cuanto a calidad y originalidad pero, tal vez por esto último y porque demuestra que incluso los suicidas pueden tener sentido del humor en sus momentos finales, me quedaría con el titulado Nunca soñé con los labios de Angelina Jolie y esas tres cartas de despedida dirigidas “a la una”, “a la otra” y “al señor Juez”.

Pues eso, léanlos todos y elijan el suyo, ya verán que no resulta fácil hacerlo.

@ricardo_bosque

 

Vigilias efímeras
Sergio Coello
Ediciones Atlantis

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