“Jim Thompson ilustrado”, por Francisco J. Ortiz

Francisco J. Ortiz

Cuando a un aficionado a la novela negra le preguntan por su autor favorito, la tentación de obviar a Dashiell Hammett y Raymond Chandler es muy fuerte: se evita así el tópico de recurrir a los padres del género y también el pasar por alguien que no ha superado el par de lecturas indispensables de rigor. Es entonces cuando muchos recurren a Horace McCoy, algunos a Chester Himes, otros a Ross Macdonald y otros, los menos, a David Goodis. En mi caso y en el de muchos amigos con los que comparto afición, así como en el de otros escritores reconocidos (de géneros afines, como Stephen King, o de fusiones mestizas, como Barry Gifford), nuestro favorito (y tercer punto de apoyo sobre el que se sustenta el género) no tiene competencia posible: Jim Thompson.

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Caricatura de Jim Thompson por Joaquín Aldeguer para “Gangsterera” nº 7, que incluía dossier monográfico dedicado al autor
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Una vez puesta de manifiesto esta predilección, la siguiente pregunta es obligatoria: ¿cuál es tu novela preferida de tu autor favorito? Para un servidor, la respuesta es igual de rápida y precisa: El asesino dentro de mí. Pero también es cierto que cuando me paro a reflexionar acerca de este asunto, llego a la conclusión de que pocas diferencias significativas aprecio entre esta y otra novela más tardía del autor, y que es posible que me decante por la más temprana solo porque fue la que leí primero y la que me descubrió a un escritor al que he vuelto repetidas veces con sumo placer. ¿Quizá si hubiese leído antes la otra novela mi respuesta sería distinta? En efecto, creo que muy probablemente acabaría decantándome por la otra. Esa otra novela es, por supuesto, 1280 almas.

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Considerada por muchos como la obra maestra indiscutible de su autor, 1280 almas vuelve a estar de actualidad (si es que alguna vez dejó de estarlo) gracias a una nueva edición, esta vez ilustrada por un maestro del noveno arte como Jordi Bernet. Francamente no se me ocurre mejor elección para acompañar a un texto como el que nos ocupa, y no solo porque Bernet sea el dibujante de uno de los clásicos incontestables de la historieta de género negro, el Torpedo escrito por Enrique Sánchez Abulí: este hijo y sobrino de dibujantes de tebeos es también un autor todoterreno curtido en el cultivo de los más diversos géneros, siendo el western uno de los principales. Y qué son la mayoría de novelas de Thompson, muy especialmente El asesino dentro de mí y esta 1280 almas, sino westerns contemporáneos de igual modo a como lo fueron filmes del género en su vertiente crepuscular: recuérdense Grupo salvaje o La balada de Cable Hogue, cintas ambas dirigidas por Sam Peckinpah… que no en vano sería también el encargado de realizar la primera película (y hasta la fecha la mejor) basada en un libro de Thompson: La huida.

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Dos ejemplos de la aproximación de Bernet al “western”: el actor Clint Eastwood en la trilogía fílmica de Sergio Leone y el personaje de DC Comics Jonah Hex

Para los lectores y espectadores de este lado del charco, el western y el policíaco se nos antojan dos compartimentos estancos con poco o nada en común más allá de la presencia recurrente de un elemento, en realidad también habitual en otros géneros, como la violencia. Pero para la tradición cultural estadounidense, el segundo no es sino la evolución natural del primero: todo forma parte del mismo continuum temporal, como sugería en cierta ocasión el guionista de cómics Dean Motter: “Las historias de detectives de las revistas baratas de los años 30 que dieron lugar a la novela negra eran descendientes directas de las novelas de diez centavos del viejo Oeste. Tenían mucho más que ver con las hazañas de Doc Holiday y Bat Masterson que con los folletines históricos en los que aparecían Sherlock Holmes, Bulldog Drummond y sus coetáneos. (…) [Philip] Marlowe era esencialmente un vaquero. Un individuo curtido, solitario… y aparentemente amoral. Este tipo de personalidades emergían con facilidad en el Oeste. Si no las produjo la Fiebre del Oro, lo hicieron las migraciones a Hollywood y Las Vegas. La brutalidad era, de hecho, una cuestión de supervivencia, no una característica cultural (…). A todos los efectos, todavía vivimos en Tombstone” (1).

Efectivamente, esto es algo que no se le escapará a nadie que tire de hemeroteca y revise los orígenes de Black Mask, el más popular e influyente de los magazines de la época (las revistas baratas de los años 30 a las que hace referencia Motter, aunque esta arrancó en 1920), en cuyas cubiertas e interior convivían iconos policíacos con otros más propios del Far West o de aventuras en escenarios exóticos, y que acabó asentando las bases de lo que sería luego la literatura hard boiled al abrir sus puertas a relatos y novelas serializadas de Carroll John Daly o los citados Hammett y Chandler. Tampoco sorprenderá a quien consulte cabeceras como Texas Monthly, Prairie Schooner, True Detective o Master Detective, que harían lo propio con algunas narraciones breves del propio Thompson.

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Una de las ilustraciones de Bernet para “1280 almas”

Sentadas estas bases, volvamos a Thompson, Bernet y 1280 almas: a estas alturas quizá resulte una molesta obviedad, pero por si acaso no estará de más recordar que la acción de esta novela publicada en 1964 está ambientada en Potts County, un pueblo del sur de Estados Unidos de 1.280 habitantes, donde un individuo de dudosa moralidad que atiende al nombre de Nick Corey ejerce, como el Lou Ford de El asesino dentro de mí, de sheriff de la localidad, y cuya preocupación primordial es la de ser reelegido en su cargo. A partir de la figura del pusilánime Corey, Thompson propone una relectura de las manipulaciones ejercidas por el protagonista de la fundacional Cosecha roja de Hammett, pero tamizada las más de las veces por una mirada indudablemente personal, colindante con los territorios de la sátira y el esperpento, sin por ello apartarse de la denuncia del crimen, la corrupción y otros pecados mortales o veniales que caracterizan las muestras más puras del género negro.

Así pues, 1280 almas nunca dejó de ser también un western moderno, algo que ahora queda más de manifiesto que nunca tras contemplar las ilustraciones de Bernet, una elección que imagino debemos atribuir al responsable de la edición del libro, Carlos Sampayo (2), y que a la postre nos parece tan feliz como el accidente que provocó el acabar dejando la paternidad gráfica definitiva de Luca Torelli, alias Torpedo, al artista barcelonés: la fuga, tras un par de historietas protagonizadas por el personaje, de un Alex Toth escandalizado por la violencia y el sexo más o menos explícitos que Abulí incluía en sus guiones.

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Otro de los dibujos del “1280 almas” de Bernet

En resumidas cuentas: el que ya haya leído 1280 almas cuenta aquí con una ocasión inmejorable para reelerla en una edición impecable, característica esta habitual de la editorial Libros del Zorro Rojo. Y el que todavía no haya tenido el placer de hacerlo, no tema en optar por la presente edición: aunque los defensores más encarnizados de la subjetividad literaria, entre los que en ocasiones me he contado, defiendan la posibilidad que otorga la narrativa per se de que cada lector se imagine a los personajes como quiera o pueda, yo leí en su día 1280 almas atribuyéndole a Nick Corey los rasgos de Philippe Noiret (todavía no había visto la adaptación cinematográfica de Bertrand Tavernier, Coup de torchon, pero conocía el dato y la labor del actor galo (3)) y no me arrepiento de ello. Para el caso, no me cabe duda de que no me habría importado imaginarme por vez primera este western policíaco de Jim Thompson tal y como lo ha visualizado Jordi Bernet.

* * *

No es esta nueva edición de 1280 almas la única obra reciente vinculada a la figura de Jim Thompson que aúna texto e ilustración; por tanto, aprovecho la ocasión que me brinda el presente artículo para recuperar y recomendar El Cavalier: El Sr. Thompson, cómic que se publicaba en nuestro país a finales del año pasado. Lejos de ser una adaptación de un libro del escritor, la novela gráfica de Rich Tommaso viene a ser más bien la recreación de algunos episodios tempranos de su vida, empezando por su mismo alumbramiento: como se pone de manifiesto en sus primeras páginas, solo alguien como Thompson, nacido el 27 de septiembre de 1906, podía llegar al mundo en el segundo piso de una prisión; concretamente, la penitenciaría de Anadarko, condado de Caddo, en Oklahoma. Su padre, de nombre James Sherman Thompson pero al que todos llamaban Pop, era por aquel entonces el sheriff de aquella pequeña población, labor que luego abandonaría para dedicarse a la búsqueda de petróleo.

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En el presente cómic, James S. Thompson se transforma en Franklin J. Hill, y su hijo Sam Hill, que muy pronto se erige como el verdadero protagonista del relato, hace las veces de sosias de Jim Thompson (4). Quizá podríamos hablar, aunque es pronto para decirlo, de una serie protagonizada bien por este personaje, bien por algunos de los huéspedes del Hotel Cavalier donde se desarrolla el grueso de la acción, como dejan intuir tanto el título El Cavalier: El Sr. Thompson como el subtítulo “Una novela de Sam Hill. Primeros pasos de Sam: 1924”. Sea como fuere, con un estilo gráfico fresco y sencillo que recuerda al de un autor de cómic tan indispensable como el canadiense Seth, Tommaso lleva al lector hasta la localidad de Big Spring (Texas), a comienzos del siglo XX. Allí conoceremos a Sam, aspirante a detective privado e hijo del ex sheriff y ahora propietario del Cavalier donde aquel ejerce de conserje. A partir de estos elementos, Tommaso se acerca a la biografía del novelista con absoluta libertad, y construye un relato poliédrico que observa con igual atención a un gran número de clientes del hotel y a otros personajes cercanos a su universo, “ladrones de caballos, potentados del petróleo, jugadores, contrabandistas, matones, señoritas atrevidas, sibaritas, estafadores, borrachos, asesinos y un largo etcétera de personajes estrafalarios”, dando lugar a una “exquisita mezcla de novela negra y genuina historia de Norteamérica” (5).

Como podrá suponer el interesado, resulta muy ilustrativo acompañar la lectura de este cómic de la consulta de algunos de los textos biográficos dedicados al autor de Una mujer endemoniada, siendo quizá el más autorizado Jim Thompson. Sleep with the Devil, escrito por Michael McCauley y publicado por Warner Books en 1991. Para los que no estén versados en la lengua inglesa -lamentablemente, esta biografía permanece sin traducir al castellano-, se aconseja la lectura del ensayo de Mariano Sánchez Soler “El infierno existencialista de Jim Thompson” (6) y, por qué no, la primera novela del propio autor, Aquí y ahora. Recuperada por fin en 2003 por la editorial Diagonal en formato de bolsillo y más recientemente por RBA en su Serie Negra (junto con otros muchos títulos del autor), este debut de Thompson es un relato marcadamente autobiográfico que todavía carece del contagio de los estilemas del noir, y que por el contrario se centra en la descripción de experiencias vitales propias más o menos disfrazadas de ficción, destacando la labor del protagonista como conserje en un hotel que pertenecía a su familia.

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Viñeta perteneciente a una de las páginas de “El Cavalier: El Sr. Thompson”

Como señalábamos antes, esta y no otra es la anécdota principal de la narración de Tommaso, un autor que ya había llamado la atención sobre su talento a la par que demostrado la libertad con la que encara los géneros con El horror de Collier County, su particular y muy reivindicable revisitación del género de terror (7). De igual forma a esta, El Cavalier: El Sr. Thompson está mucho más cerca de la novela gráfica independiente o de autor que de la literatura de género, aunque los seguidores de Jim Thompson -y también todo aquel interesado en leer lo mejor del cómic contemporáneo- harán bien en dedicar parte de su atención y su tiempo a la presente obra. No vaya a ser que les pase con Rich Tommaso como les pasó a casi todos los lectores coetáneos de Thompson: que descubrieron la literatura de este demasiado tarde, cuando la cirrosis provocada por su alcoholismo y una serie de trombosis sucesivas pusieron fin a su existencia en 1977, sin permitirle disfrutar del prestigio y la fama merecidos, adaptaciones ilustradas incluidas, de los que goza aquí y ahora.

1280 almas
Jim Thompson
Ilustraciones: Jordi Bernet
Libros del Zorro Rojo, 2013
 
El Cavalier: El Sr. Thompson
Rich Tomasso (guion y dibujo)
La Cúpula, 2012
 

(1) En “Marlowe”, prólogo de LARK, Michael, Philip Marlowe: La hermana pequeña, Barcelona, Norma, 2005, p. 6. Se trata de una adaptación al cómic de la novela homónima de Raymond Chandler.

(2) Escritor y guionista de cómic argentino, y nada menos que creador -junto a su compatriota el dibujante José Muñoz- de otro gran hito de la historieta noir: el investigador privado Alack Sinner.

(3) En el film, los guionistas (Jean Aurenche y el propio Tavernier) decidieron cambiar la ambientación y la nacionalidad de los personajes del relato: así, la acción acontecía en una colonia francesa de África, y Nick Corey pasaba a llamarse Lucien Cordier.

(4) De hecho, y salvo que hipotéticas entregas futuras ofrezcan alguna pirueta (meta)narrativa que acabe contradiciendo esta desvinculación, el “Sr. Thompson” del título no es Jim Thompson ni tiene nada que ver con el autor de Los timadores; se trata de uno de los personajes secundarios pero más relevantes del relato: Ross Thompson, al que se describe como “un hombre fornido, de cuarenta y dos años, con pocos escrúpulos… Un timador y un degenerado con el talento necesario para engañar tanto al pobre ingenuo como a la astuta élite urbanita de Norteamérica”.

(5) Ambas citas forman parte del texto promocional de la contracubierta de la obra.

(6) En AA.VV., Gangsterera n.º 7 (Dossier: Jim Thompson), Asociación Cultural Novelpol, diciembre 2006, pp. 10-22. En este mismo dossier se incluyeron un par de artículos, también muy recomendables, centrados en algunas de las obras del escritor de marcado carácter autobiográfico: “Jim ‘Edipo’ Thompson. Un asunto de familia” de Ricardo Bosque y “Jim Thompson, o la cirrosis del alma” de Claude Mesplède (pp. 27-36 y 53-56 respectivamente).

(7) Publicada en España a mediados de 2009 por La Cúpula, editorial que ahora nos ofrece la nueva obra de Tommaso.

Un comentario en ““Jim Thompson ilustrado”, por Francisco J. Ortiz

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