“El niño”, por Teresa Suárez

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Directores como los Luises (García Berlanga y Buñuel), Fernando Fernán Gómez o Mario Camus, adalides del cine costumbrista, comprometido y con mensaje, proporcionaron al cine español una marca de calidad que aún perdura. En años posteriores, al brillo de la misma contribuyeron José Luis Garci, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar, éste en dos ocasiones, y Alejandro Amenábar, al traerse para casa el Oscar a la mejor película en habla no inglesa.

Siempre he defendido que en España, cuando nos sacudimos la caspa, aparcamos el chiste escatológico y por un momento dejamos de pensar que no existe nada más divertido que ver correr a unas cuantas mujeres, con tacones y las tetas al aire, perseguidas por un señor bajito que representa al macho omega patrio (para alfa no da la talla y no solo por falta de centímetros), se hace muy buen cine.

Películas como AzulOscuroCasiNegro, de Daniel Sánchez Arévalo, Vete de mí, de Víctor García León, Los últimos días, de Alex y David Pastor, o Stockholm de Rodrigo Sorogoyen, ponen de manifiesto que la última camada de directores que ha irrumpido en el panorama cinematográfico amenaza con devolver al cine español ese lugar entre los mejores que nunca debió perder.

Terror aparte (baste recordar El orfanato de Juan Antonio Bayona, REC, de Jaume Balagueró o 28 semanas después de Juan Carlos Fresnadillo) si hay un género en el que últimamente se está haciendo un buen trabajo es en el denominado thriller, policíaco, crimen o Neo-noir.

Agallas, Grupo 7 o No habrá paz para los malvados, aunque sobre ésta tengo alguna que otra reserva, son claros ejemplos de que otro cine es posible en España. Siguiendo la estela de las anteriores, Daniel Monzón, que ya nos cautivó con la fantástica Celda 211, trae a nuestras pantallas El niño, la historia de dos amigos que se introducen, con la insolencia, temeridad y poca cordura propia de la juventud, en el mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar.

Un elenco de actores consagrados, como Eduard Fernández o Sergi López, y otros desconocidos, encabezados por Jesús Castro (ese niño a quien ya comparan con Paul Newman por el color de sus ojos) capaz de retar con la mirada a Luis Tosar (el grande, el que convierte en oro cualquier personaje que tenga la suerte de contar con su persona para darle vida) y sostenerla ofreciéndonos ambos un duelo interpretativo que te llega y te conmueve.

Fantástica la calidad de la fotografía y los maravillosos escenarios en los que ha sido rodada. Verdaderamente impresionantes las escenas del puerto.

¿Les gusta la acción? Pues en esta película la tienen a raudales. Las persecuciones entre las lanchas que transportan la droga y el helicóptero de la policía son de un virtuosismo que nada tiene que envidiar a la mejor de este género rodada en Hollywood que se les pueda ocurrir. El sonido es tan increíble que cuando el pájaro de la policía se acerca nos vemos envueltos en la escena y casi sentimos como las aspas pueden despeinarnos y como el agua salada nos entra a bocanadas y casi nos impide respirar. ¡Adrenalina en estado puro!

La minuciosidad con que Monzón describe la labor de seguimiento de los narcotraficantes por parte de la policía, deja entrever que detrás hay una larga labor de documentación, muy exhaustiva, que busca no dejar ningún cabo suelto. Y lo consigue, vaya si lo consigue.

Pero si hay algo que a mí me llamó la atención especialmente es su empeño en dejar patente lo delgada que es la línea que separa los dos lados de la ley. Tanto, que a veces la frontera entre delincuente y policía se difumina, aunque sea por unos segundos, permitiendo que ambos sean capaces de ponerse en el lugar del otro y comprender sus respectivos mundos.

El director no juzga los motivos de ningún personaje, algo muy difícil de lograr, se limita a contarnos su historia, de una manera bastante realista, dejándonos plena libertad para que, una vez finalizada la historia, tomemos partido por unos u otros.

Me parece una película brillante, con una factura técnica más que notable, y con una manera de narrarla que grita a los cuatro vientos que Daniel Monzón es un activo muy valioso para el cine español.

Vayan a verla, les gustará.

5 comentarios en ““El niño”, por Teresa Suárez

  1. Solo, con la publicidad que le han otorgado en los medios de comunicación, merece ser enterrada en el ostracismo. Nunca la veré, ni siquiera cuando la pasen, de aquí a un año, por televisión. Además, me suena a la serie El Príncipe y, nunca segundas partes fueron buenas, dicen. Salud

    • No he visto El Principe así es que no puedo decirte si se parece o no. Yo fui prevenida en contra precisamente por el bombardeo publicitario en Tele 5. Pero la película me sorprendió, me enganchó y creo que es fantástica.

  2. En realidad, si tenemos que hacer una comparación televisiva, se parece mucho más a “The Wire”, la segunda temporada, la del puerto, que a “El príncipe”. Pero tampoco tiene que mirar a los referentes cinematográficos: se basa en algo muy real -el polen, el trapicheo, la coca en los containers- que es lo que al fin y al cabo documenta. Me parece bien que hagan promoción; no tienen la exclusiva del marketing Cameron y George Lucas.
    En cuanto al cine policiaco español, no olvidemos las aportaciones de los años 50 y 60, docenas de películas y siempre de nivel.

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