“Hannibal”, por Teresa Suárez

Teresa Suárez

Si tuviera que elegir un único adjetivo para definir esta serie y a su personaje principal, pese a tratarse de un asesino en serie, seria exquisito.

Muchos son los ingredientes que convierten este plato (todos los episodios, tanto de la primera como de la segunda temporada, tienen nombres de alimentos, recetas o costumbres culinarias) en una autentica delicatessen. La materia prima, es decir Mads Mikkelsen, el hierático actor danés que presta su imagen al Doctor Lecter, tiene gran culpa de su éxito. De porte aristocrático, andar pausado y rostro impenetrable, juega con la baza de su mirada, un auténtico muro de contención, para atraer, desesperar y confundir a cuantos le rodean.

Nadie puede pensar que debajo de esa elegancia, inteligencia, erudición y amabilidad, se esconde un psicópata asesino que disfruta comiéndose partes de sus victimas, con especial fruición cuando se trata de personas groseras, y sometiendo al resto, en posturas casi artísticas y escenarios elaborados, al escrutinio público.

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Su enigmática personalidad y encanto, cual si de una serpiente se tratara, le granjea la admiración de personas a las que él, invariablemente, desprecia y manipula, reservándose el derecho a castigar con especial crueldad a los que estomagan, con su vulgaridad, su refinado gusto.

El otro cabo de la tirante cuerda cazador-presa lo sostiene Will Graham, investigador especial del FBI y polo opuesto de Hannibal. Un individuo bastante desastrado, en apariencia apocado, silencioso y esquivo que resulta un magnifico ejemplar para el estudio del Asperger. Las personas afectadas de este síndrome, de inteligencia normal o superior a la media, presentan un estilo cognitivo particular y habilidades poco corrientes. Aunque en cada individuo se manifiesta de manera diferente todos tienen en común rasgos como problemas en el ritmo de la conversación, una coherencia central débil en beneficio del procesamiento de los detalles o dificultades para la interacción social.

Hannibal, convencido de su superioridad intelectual, se sorprende cuando conoce a Will. La capacidad de Graham para ponerse en la mente de los asesinos cuyos crímenes investiga y exponer sus motivos cautiva a Hannibal lo que le lleva a entablar una relación en la que Will cree hallar un amigo y Lecter encuentra una cobaya cuyo cerebro ansía diseccionar para encontrar el origen de esa empatía que él no es capaz de experimentar ni entender.

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Basada en la novela El dragón rojo, de Thomas Harris, acompañan a los dos protagonistas una serie de personajes especias que proporcionan más sabor a tan suculento guiso. Tenemos al imponente Jack Crawford, director de Ciencias del Comportamiento del FBI, jefe de Will e invitado habitual a las deliciosas cenas del Doctor Lecter. La Doctora Alana Bloom, profesora de psicología y asesora del FBI, cuyas preferencias oscilan entre Hannibal y Will sin que llegue a conocer realmente a ninguno de los dos. Freddie Lounds, la incansable e impertinente periodista. La fría e incisiva Dra. Bedelia Du Maurier, psicoterapeuta de Hannibal Lecter, quien mejor lo conoce y quien más le teme. El repelente Doctor Abel Gideon, que no le cae bien a nadie. Y por último Abigail Hobbs, la hija, la víctima, el catalizador.

Sorprende que una serie que no escatima violencia y sangre tenga una estética tan cuidada. Una excelente selección de música clásica, maravillosa fotografía, y el juego de luz y color, la delicadeza con la que están rodados todos los capítulos, imprimen una belleza sobrecogedora tanto a las escenas de crímenes como a las de los momentos master chef.

Encontrándose El silencio de los corderos entre mis películas favoritas dentro del genero thriller psicológico y considerando al Doctor Lecter de Anthony Hopkins, sus inquietantes ojos azules aún me hacen estremecer, como el asesino en serie por antonomasia, no hace falta decir que me acerqué a Hannibal con bastante prevención.

Pero con esta serie ocurre algo curioso: el primer capítulo te desconcierta bastante, el segundo te sorprende y sobrecoge, en el tercero te conviertes en un adicto sin posibilidad de rehab.

El final de la segunda temporada fue apoteósico. Todo un recital de sangre y muerte que nos dejó a los millones de seguidores pegados a las pantallas y más que dispuestos a llamar a la cadena NBC para exigir que Bryan Fuller, creador de la serie, nos diga de inmediato cuando estará disponible la tercera entrega.

¡Es sencillamente magnifica!

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