“Villa Triste”, de Fabio Girelli, por Ricardo Bosque

villa-tristeRicardo Bosque

Hace ya una década escribí un artículo para la tristemente desaparecida revista Gansterera titulado “La nueva squadra azurra” consecuencia del aluvión de autores transalpinos desembarcados en las editoriales españolas, antes de que que llegaran las hordas nórdicas a desplazar todo lo demás. Aquella squadra estaba integrada por nuevas e interesantes voces -Camilleri ya era un clásico por aquel entonces, casi tanto como Scerbanenco o Sciascia- como Marco Vichi y su comisario Bordelli, Massimo Carlotto y su Caimán, el exquisito Giorgio Todde reviviendo a un personaje real como el médico Efisio Marini, Carlo Lucarelli, el turinés Valerio Varesi…

Todo esto sucedía entre 2000 y 2005 aproximadamente. Ahora, tras unos años en los que, por desgracia, solo parece haber ojos para apellidos terminados en -sson o adornados con oes cruzadas por palitos en diagonal mientras que de Italia solo llegaban algunas cosas con cuentagotas, el panorama parece cambiar y hemos podido disfrutar más recientemente de las historias urdidas por Maurizio de Giovanni ambientadas en el Nápoles de los años treinta o en la actualidad o, este mismo año, con el debut del subjefe romano desterrado en las montañas de Aosta Rocco Schiavione, obra de Antonio Manzini.

Y del Piamonte llega precisamente mi último descubrimiento, el turinés Fabio Girelli, miembro fundador del grupo ToriNoir, integrado por una decena de autores de aquella ciudad que, con un poco de suerte, tal vez podamos ir leyendo por estos lares.

Su personaje, uno de los que más gratamente me ha sorprendido en estos últimos tiempos dominados por el estereotipo más repetitivo y aburrido que se pueda echar uno a la cara. El comisario Andrea Castelli es un tipo verdaderamente original en su concepción: dedicado en cuerpo y alma a su trabajo en sus momentos de gracia pero displicente cuando toca -y puede tocar en el momento menos pensado-; soltero y compartiendo sus deseos de sexo con Marina, cuidadora de ancianos, y Georgine, transexual en cuya cama acabó un buen día sin saber muy bien por qué y a la que visita de vez en cuando. tanto si necesita solo un poco de diversión como si busca consejo desinteresado; indisciplinado hasta la médula pero con un concepto muy arraigado de la lealtad, sobre todo hacia su subordinado y confidente, el inspector Giordano; amigo de consultar los avances de sus casos con el agente Caruso, a dos metros bajo tierra desde hace unos meses, como lo es un tal Saverio de comer todos los días con su esposa, alojada permanentemente en la tumba contigua; amante de la buena comida pero sin hacer ascos a un kebab con todo, si bien, y en materia culinaria -o simplemente a la hora de echar un trago- prefiere el Santo Domingo, local regentado por Renato, a la sazón exprofesor y exprofanador de cadáveres confeso y convicto.

Por lo dicho en el párrafo anterior, comprenderá el lector que no se trata de una novela de un solo personaje -aunque sí sea Castelli quien soporte el peso de la trama-, sino que todos y cada uno de los que rodean al principal tienen una personalidad propia, características individuales que los hacen muy atractivos y que permiten interrelaciones entre todos ellos de lo más peculiar.

Como peculiar es el caso a investigar, que arranca con la aparición de un cadáver terriblemente torturado al tiempo que un vecino del comisario comprueba cómo algún desalmado -o algún personaje propio de las mitologías o habladurías piamontesas- está acabando con las gallinas de su pequeño corral urbano. Pronto llegarán más cadáveres -y gallinas- hallados en idénticas circunstancias, algunos relacionados entre sí, otros sin ninguna conexión, jóvenes o viejos, prostitutas o científicos, lo que hace que Castelli se mueva de un lado a otro, como pollo sin cabeza hasta que… Hasta que aquí puedo seguir contando sin miedo a meterme en jardines indeseados o spoilear sin remedio una historia a la que el lector se verá arrastrado desde su inicio por el autor, que va hábilmente dosificando la acción, la reflexión, la relación humana, la historia de Italia hasta llegar a dos desenlaces, dos, ciertamente sorprendentes.

A todo ello le unimos una estupenda edición, un formato que se sale de lo habitual y la confesión -arrancada, eso sí, sin torturas- de que pronto llegará la segunda de Girelli -y, tal vez, algún negroturinés más- y ya tienen ustedes aquí a un fiel seguidor tanto del comisario Andrea Castelli como de la colección Muddy Mots Black que Sd-edicions estrena con esta triste villa del norte de Italia.

 

Villa Triste
Fabio Girelli
Trad.: Nadia Bettini
Sd-edicions

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