Navidades negras y criminales. Edición corregida y aumentada

Juan Mari Barasorda

Llega la navidad. El lector imagina con nostalgia aquellas deliciosas escenas navideñas tantas veces evocadas. La llamada sorprendente para una cena misteriosa. La sinuosa carretera entre montañas cubiertas de nieve. La encantadora mansión en medio de la nada y el extraño mayordomo recibiéndonos servicial en la puerta. El olor a pavo que proviene de la cocina entremezclado con el de los leños que arden en la chimenea. Los invitados desconocidos pero con los que auguramos disfrutaremos de una maravillosa velada. Una cena magnifica mientras la nieve en la ventana enmarca un árbol de navidad y continúa con su inexorable misión de aislar la casa. Un excelente gin-tonic (cada cual que imagine la bebida que más le guste)… y un cadáver a los postres.

El lector policial tiene gustos variados pero la fértil imaginación de quienes nos hacen disfrutar con esta y otras escenas no ha dejado pasar la oportunidad de estas fechas tan señaladas para crear alguna de sus tramas más inolvidables.

CHARLES DICKENS creó su inolvidable Cuento de Navidad en 1843 y con él a su entrañable villano Ebenezer Scrooge, que no llegó a cometer crimen alguno y gracias al cual creó una expectativa en el público inglés para sus anuales historias de fantasmas, primero en el Household Words y más tarde en All the Year Round, magazines ambos gracias a los los que la Ghost Story of Christmas se convirtió en una tradición. En el numero de navidad del All the Year Round de 1859, Dickens desplegó su fascinación por el mundo criminal con un relato (Hunted Down) sólo comparable en su elaboración al A sangre fría de Truman Capote, recreando los crímenes del asesino en serie Thomas Griffiths Wainewright, gran pintor que ha conseguido pasar a la historia como “el asesino de las bellas artes”, un envenenador precursor del uso de la estricnina que tanto juego ha dado en la novela policial y que le causó tanta fascinación que le llevó a entrevistarse con él en prisión (fascinación a la que también sucumbió Oscar Wilde). El lector que quiera empezar por esta historia dickensiana puede disfrutar de ella con el nombre de Acorralado y publicada por la editorial Rey Lear.

El recurso al magazine navideño también fue utilizado para un relato a mitad de camino entre lo fantasmal y lo criminal por ROBERT LOUIS STEVENSON. Este magazine fue el Unwin’s Christmas Annual de 1885 y el relato fue Markheim, frecuentemente incluido en las antologías de los mejores relatos policiales. Markheim se inicia con la compra de un regalo navideño que acaba en un crimen (y a quién no le pasado que ha planeado cometer uno durante una de esas interminables tardes de compras navideñas) para concluir en un camino hacia la redención.

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SIR ARTHUR CONAN DOYLE había publicado en el Beeton’s Christmas Annual de noviembre de 1887 su primera historia de Sherlock Holmes, Un estudio en escarlata, pero se merece en honor de inaugurar la tradición del relato policial a la sombra de un árbol de navidad. Esta historia policial navideña se publicó en 1892 en The Strand Magazine y fue El rubí azul (The adventure of the blue carbuncle). Un caso menor de Sherlock Holmes en plenas navidades victorianas. Relato menor pero delicioso como el pavo de mi cena con el que aprendí que, además de rojos, también hay rubíes azules, y que a Mr. Holmes, como a Mr. Scrooge, también le puede tocar el espíritu de la Navidad y perdonar al criminal confeso. Esta nochebuena de Sherlock Holmes y John Watson a la búsqueda del rubí azul fue llevada al teatro con el nombre de Sherlock Holmes and the Christmas Goose.

En 1911, G. K. CHESTERTON retoma la tradición en uno de los relatos de El candor del padre Brown. En Las estrellas voladoras es Flambeau (el alter ago de Vidocq, el criminal-detective) el villano creado por Chesterton para acompañar al padre Brown en alguno de sus relatos, que será redimido de su pasado criminal quien protagoniza “un crimen de navidad… un crimen género Charles Dickens… el más hermoso crimen que he conocido” (sic). Otra vez joyas desaparecidas en un día de Nochebuena (diamantes esta vez), un ladrón inteligente (Flambeau) y el curita sabio, el padre Brown, capaz a la vez de descubrir el cómo y el quién y conseguir, gracias al espíritu de la navidad, la redención del criminal.

La dama del crimen, AGATHA CHRISTIE, utilizó el recurso a las fiestas navideñas en varias de sus tramas. En uno de los relatos de Trece Problemas (1933) es Miss Marple quien relata a sus amigos una Tragedia navideña, una de las mejores disecciones de la naturaleza humana a la que nos tiene acostumbrados la adorable anciana que siempre quise tener como tía.

Pero Poirot no podía faltar una celebración navideña. En 1939, Christie escribió Navidades trágicas, una de sus más redondas novelas (aunque me gusta más el título Hercules Poirot’s Christmas de la versión inglesa o el Murder for Christmas de la versión USA). Un anfitrión que reúne para la cena de Nochebuena a todos los parientes y sus odios más escondidos, secretos de familia en versión Christie, y una de las pocas incursiones en el juego de “crímenes imposibles en habitación cerrada” de la reina del crimen.

poirot

Como buena cocinera inglesa miss Christie cocinó un postre navideño. En El pudín de Navidad (1960) recopila varios de sus mejores relatos cortos. En el primero de ellos disfrutamos de unas navidades “a la antigua usanza”, en plena campiña inglesa acompañando a un invitado de excepción, monsieur Poirot. Casa de campo y el juego de personajes que Mrs.Christie dominaba: impostores, ladrones, el mayordomo y el cadáver, un rubí muy famoso (otra vez un rubí, creo que este año cortar el roscón de reyes va a tener especial emoción) y un pudding de ciruelas. El whodunit en su esencia.

Y ya que hablamos de joyas (aunque no estén ocultas en roscones) es la otra gran dama de novela policial clásica, DOROTHY L. SAYERS, quien situó en una celebración navideña la acción de El collar de perlas (1932), donde invita a descubrir quién y cómo ha robado un collar de perlas en una de esas interminables y criminales cenas de nochebuena aderezadas por esos divertidos juegos familiares que amenizaban la velada hasta altas horas de la madrugada en aquellas épocas pretéritas en las que los programas televisivos (mucho más criminales) no habían nacido aun para sumir al personal en el letargo nocturno .

Sin embargo, y aunque estamos en la época dorada de la Golden Age, es el padre de la novela negra, DASHIELL HAMMETT, quien en 1934 recrea unas fiestas navideñas detectivescas en El hombre delgado (The thin man). Una trama que se sustenta en la maravillosamente bien construida sucesión de enredos protagonizados por una pareja inolvidable: el detective privado Nick Charles y su mujer y Nora. Una semana navideña, entre la nochebuena y la nochevieja, de vacaciones en el Nueva York de la Ley Seca donde sus protagonistas se beben hasta el agua de los floreros y donde la investigación policial con su cadáver, con sus sospechosos evidentes que dejan de serlo al instante siguiente (no spoilers), y con sus pistas equívocas perfectamente analizadas por el brillante detective, van desfilando como los platos de un buen menú navideño. Una estructura narrativa brillante y unos diálogos deliciosos y donde el pudding de navidad se ve sustituido por el Martini. Solo una recomendación: disfrútenla. En novela o en película (perfecta por cierto para la noche navideña del lector policial) que con el nombre de La cena de los acusados y protagonizada por William Powell y Mirna Loy como Nick y Nora Charles asegura un entretenido pasatiempo navideño-policial.

Title: THIN MAN, THE ¥ Pers: LOY, MYRNA / POWELL, WILLIAM ¥ Year: 1934 ¥ Dir: VAN DYKE, W.S. ¥ Ref: THI004AM ¥ Credit: [ MGM / THE KOBAL COLLECTION ]

Y sin embargo el lector policial anglosajón ha encumbrando las últimas navidades como novela policial más vendida (superando a Perdida) un misterio clásico reeditado de un autor poco conocido en España y que bien se merecería una edición en castellano coincidiendo con las fiestas navideñas. J. J.FARJEON publicó en 1937 Mystery in White. Una nochebuena en la que la nieve inmoviliza un tren junto a un pequeño pueblo y donde seis pasajeros deben de refugiarse en una aislada casa de campo en la que el hogar de la chimenea esta encendido y la casa deshabitada… Y donde comienza a actuar un asesino. ¿Delicioso, verdad?

En 1938, el prolífico JOHN DICKSON CARR continuó la tradición dickensiana de la “historia navideña de fantasmas” publicando Blind’s Man Hood en The Strand… aunque con el aderezo de un asesinato y que es calificada por el extenso club de seguidores de Mr. Carr como “one of the most unforgettably horrific stories”. Una pequeña joyita a descubrir no sólo por el lector policial sino también por el seguidor de la tradición del relato de fantasmas.

farjeon

Un excelente escritor policial como NICHOLAS BLAKE, padre de Daniel Day Lewis y al que muchos recordamos por la excelente La bestia debe morir publicada en El Club del Misterio, publicó en 1941 El abominable hombre de nieve, que aún encontraremos en librerías de viejo editado en la inolvidable colección de El séptimo sello de J. L. Borges y Bioy Casares. Una investigación en fechas navideñas con uno de los detectives mas reales y menos efectistas de la Golden Age: el detective Nigel Strangeways.

Un clásico, GEORGE SIMENON, publicó Una navidad de Maigret en 1951, recomendación pues para los irredentos seguidores de este autor belga.

REX STOUT publicó The Christmas Party Murder (traducido como La fiesta de Navidad) en 1957, una novelita corta que resulta un poco pesada de digerir, más o menos como una cena degullida por el inmenso Nero Wolfe, detective tan poco partidario de la Navidad como yo de él. Me quedaré siempre con su mayordomo y cocinero Fritz que hasta se atreve, como yo mismo, a ponerse el gorro de Santa Claus.

el golpe final

También ELLERY QUEEN fue invitado a una fiesta de Navidad (de la mano de sus “padres”, los primísimos Frederick Dannay y Manfred B. Lee) en El golpe final (1958), una Navidad en la que los amenazantes regalos (uno por cada uno de los doce días de la navidad, como en la canción) que recibe el acaudalado propietario de una mansión no los envían los Reyes Magos sino un asesino que al terminará asestando su “golpe final”. El interés de esta novela es que Ellery Queen vive los hechos con 29 años (la Navidad de 1929/30), creando el ambiente típico de la Golden Age y resuelve el crimen con 58. Una de las más elaboradas -¿imaginativa?, ¿tramposa?… Bueno, es lo que se espera de E. Q.- novelas de la pareja, tal vez la mejor después de El gato de muchas colas y El misterio del ataúd griego.

Con NGAIO MARSH en Atado con cintas (1972) volvemos al misterio clásico: a una casa de campo en plenas navidades, un rico excéntrico, una servidumbre de exconvictos que en nada se parece a la de Downtown Abbey, un trineo cargado de regalos, un cadáver y la nieve que convierte a la novela en un misterio de lugar cerrado. Un cóctel de sospechosos perfectamente elaborado para la degustación del inspector Roderick Alleyn. Buena novela con una escenografía de obra de teatro que hace recordar a La ratonera de Agatha Christie.

En 1974, BILL PRONZINI volvió a envolver la navidad con el lazo negro de la más pura novela negra con Prisionero en la nieve (Snowbound), donde no es una idílica casa de campo inglesa la que ha quedado aislada por la nieve sino un pequeño pueblo entre montañas con 75 habitantes y donde la llegada de tres criminales en plenas fiestas navideñas transformará el sueño de la navidad en una pesadilla de violencia.

Y también en la mejor tradición hard boiled está Downtown (1991) del prolífico ED McBAIN (es decir, Salvatore Lombino, es decir Evan Hunter), una excelente novela negra que transcurre durante las fiestas navideñas. Y LAWRENCE BLOCK en su Antología de relatos de misterio (1999) tiene un As dark as Christmas gets en la tradición del mejor relato corto policial de los pulps como Black Mask.

Ed-McBain-Downtown

Pero el crimen navideño parece ser patrimonio de la novela enigma. Ya en el sigño XXI, la reina de la novela policiaca victoriana, ANNE PERRY, es decir, Juliet M. Hulme, “celestial criatura”, asesina precoz y ahora novelista de éxito, ha escrito desde 2003 un misterio navideño por estas fechas (novelas que siempre empiezan con un A Christmas…) año tras año. Es el cadáver que llega por navidad en las letras británicas (como si fuera el turrón ese que vuelve por navidad pero en versión criminal). Una larga lista de seguidores irredentos espera cada navidad un nuevo enigma policial (yo no estoy entre ellos).

En la línea del thriller forense, PATRICIA CORNWELL sitúa en fechas navideñas dos de sus novelas: El factor Scarpetta y El último reducto, aunque más allá de las fechas las referencias navideñas son escasas porque no hay pudding de pasas ni árbol de navidad. Por lo menos sí es un icono identificable el muñeco de nieve, uno de los protagonistas de la novela homónima de JO NESBO, aunque en manos de Nesbo el muñeco, más allá de portador de una enigmática bufanda no hace sino ser el icono de un brutal asesino y muda imagen para un más atormentado que nunca Harry Hole. La novela negra ha vuelto con Nesbo a apropiarse del relato navideño negro y criminal.

Hay relatos y novelas para todos los gustos y en este modesto artículo solo están citadas veinte plumas negras y criminales. Pero en todos estos cuentos de navidad, sea en una oscura calle victoriana, en una enigmática casa de campo o en un jardín presidido por un muñeco de nieve, nos espera un crimen (o varios) para nuestro deleite. Aunque para mí el crimen sería no comprar en estas fechas una buena novela policial y a ser posible en una librería policial. O pedirla a los Reyes Magos, a Papa Noel o al Olentzero. Y puestos a imaginar yo me quedo imaginando una larga mesa de Navidad con Poirot y miss Marple sentados a cada lado, un cadáver propicio y muchos, muchos sospechosos. El pavo y el pudín… y, por supuesto, una botella de Bollinger.

¡Feliz Año 2016 policial para todos!

4 comentarios en “Navidades negras y criminales. Edición corregida y aumentada

  1. Después de leerte apetece una sesión maratoniana de lectura de todas las obras mencionadas, como aquellas antiguas sesiones de 6 u 12 horas de cine club hoy en desuso como casi todos los autores mencionados pero aún vivos en la memoria y en las librerías.
    Feliz Navidad!

  2. Pingback: El asesino en serie regresa a casa por Navidad: J. Jefferson Farjeon y otras sugerencias de antaño | Revista Calibre .38

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