“El puñal”, de Jorge Fernández Díaz, por Sergio Torrijos Martínez

el puñalSergio Torrijos Martínez

Aquí les presento mi elección para una de las mejores novelas de 2015.

Llega a nosotros de tapadillo, sin esa publicidad deslumbrante que lucen otras apuestas de las editoriales, sin el prestigio de un autor de fama y con el hándicap de ser un libro terriblemente argentino, con lo que eso conlleva, pero ay, amigos… la novela es como un puñal, no bien se clava se desliza hasta el fondo, suave y determinante, sin paliativos.

En una época donde la brutalidad toma carta de naturaleza y ya no nos asombramos de textos en los que no se hace ascos a la violencia, no hay nada más violento que una novela donde nos muestra la realidad más cercana. El puñal es una novela violenta pero no por asombrar al lector, ni por intentar impresionarle, es violenta porque cuenta con claridad la vida diaria en Argentina y eso provoca el efecto contrario, crea una sensación de inseguridad absoluta.

Argentina es un país violento, aunque la afirmación sería mejor razonarla buscando las causas de esa violencia, sin lugar a dudas está en la desigualdad social, en las profundas diferencias entre personas y en los nichos de pobreza que se han creado como consecuencia de la citada desigualdad.

A partir de ahí podemos hablar de las relaciones entre el poder, la violencia y los delitos, que es de lo que trata la novela.

La trastienda del poder está regada con dinero conseguido ilegalmente que sirve tanto para atacar a los rivales como para defenderse de ellos. El poder necesita de ese dinero y al mismo tiempo corrompe el resto del corpus estatal. Desde jerarcas del gobierno a mandos policiales pasando, claro está, por toda la ristra de policías de todas los departamentos y cuerpos conocidos, entrando así el aparato policial que se vende al mejor postor. Esto no significa que toda la sociedad argentina esté corrompida, pero destaca que la única manera de prosperar es vadearse en esa laguna ensuciada y esa suciedad penetra todo porque es una forma de vida.

Tal vez la única manera de contar todo esto es a través de la ficción, sería imposible que en ese nivel existiera un tercer poder ajeno a todo, de alguna forma está controlado por los otros. El universo de Jorge Fernández Díaz se nos muestra así complejo, relleno de múltiples lealtades y traiciones a pie de calle. Lo bueno de la novela no es la descripción que hemos intentado resumir sino que esa visión se hace desde abajo, sin juzgar, simplemente atestiguando el estado de cosas.

El protagonista es Remil, un excombatiente del conflicto de las Malvinas que fue reclutado por los servicios secretos argentinos. Su labor es la brega diaria en operaciones de todo tipo y en el fondo es un peón más de un juego mucho más complejo. Su misión es proteger a Núria Menéndez Lugo, que va a intentar poner en marcha negocios de exportación no muy lícitos. Entre ambos se creará una relación especial, mitad necesidad mitad posesión, que aprovechará el autor para reflexionar sobre las relaciones personales más íntimas.

Tanto Núria como Remil tienen anomalías, en el caso de Remil una inestabilidad psicológica que le hace brillante y desequilibrado, Núria, en cambio, es indescifrable, entrando en el enmarañado mundo de la femme fatale.

Ambos entraran en un mundo bizarro que no controlan en demasía, donde la traición es un elemento más y las lealtades son tan volubles como el interés de los poderosos.

La novela posee un ritmo trepidante, al que incluso los localismos propios no le sientan nada mal, la dotan de tersura, es cierto que la multitud de personajes que interactúan puede llevar a ciertas confusiones pero no por ello frenan el desarrollo de la trama.

La obra no sólo se lee con gusto sino con pasión, es imposible adivinar por dónde va a girar o qué senderos va a recorrer. Queda claro que el autor se ha esforzado por sorprendernos y lo ha conseguido.

Al final, tras las cuatrocientas páginas te quedas con ganas de más, de mucho más. Bien es cierto que se remata la obra de manera extraordinaria, dejando hilos pendientes como siempre hacen las buenas historias.

A estas alturas no voy a repetir lo que ya parece obvio, me ha encantado, lo he disfrutado mucho y creo que los lectores irán en la misma senda.

Es una obra de recomendación imprescindible.

El puñal

Jorge Fernández Díaz
Destino

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