“Snowtown”, por Teresa Suárez

cartelTeresa Suárez

¿Crees que lo has visto todo? Pues te equivocas.

Los aficionados a lo negro y criminal tendrán que echar el resto para aguantar las dos horas que dura esta estomagante película; para los demás espectadores será una pesadilla de la que despertarán gritando en los diez primeros minutos.

Desde que vi Wolf Creek supe que nunca viajaría a Australia, extensos territorios casi despoblados habitados por gente huraña y poco amigable. Gracias a Snowtown he comprobado que, por lo que parece, la periferia de las grandes metrópolis tampoco es mejor.

La acción transcurre en un suburbio de Adelaida, quinta ciudad más poblada del continente, donde vive Jamie, un chico de dieciséis años, y su familia. ¿Es una buena zona para vivir? Si eres drogadicto, pederasta o asesino, es tu barrio ideal: lo suficientemente degradado como para que pasen desapercibidos tus comportamientos delictivos y lo suficientemente marginal como para que a nadie le importe lo que allí suceda.

Lo primero que te desconcertará será la crudeza de las imágenes: ya sea una bicicleta infantil, una comida familiar, un paisaje o un perro, no encontrarás ni una sola que no te provoque malestar y desasosiego. El magnetismo visual de Adam Arkapaw (responsable de fotografía de la serie True Detective) tiene la culpa: nadie como él para mostrar a través de su lente el lado oscuro de las cosas; nadie como él para poner imagen, en blanco y negro, a pensamientos de violencia y muerte. ¡Despiadada genialidad de un maestro en el arte de perturbar!

Después te sorprenderá Justin Kurzel, el director, a quien acabo de conocer gracias a su audaz, creativa y brutal versión de Macbeth, la mejor película de 2015, a cuyo preestreno tuve la suerte de asistir en mi ciudad. Mientras que en Macbeth Kurzel narra de una manera enfebrecida y violenta, oscuro presagio de lo que va a ocurrir, en Snowtown lo hace de una manera pasmosamente calmada, recubierta de un halo de normalidad y cotidianidad que no te prepara en absoluto para la conmoción interior que va a provocar en ti la historia. ¡Es sobrecogedora!

Luego está la música, irritante, dolorosa, casi como si tuvieras una rata en el interior de tu cuerpo que te va royendo lentamente las entrañas.

Por último, pero no menos importante, los actores. Niños interpretando a niños que, con una naturalidad pasmosa, acatan órdenes de mayores que abusan sistemáticamente de ellos. Adultos que saben y callan. Y luego está él, Daniel Henshall, con ese aspecto bonachón que esconde al asesino carismático y manipulador que se adueña de vidas y conciencias. ¡Resulta tan escalofriante como probablemente fue el asesino real en quien está basado el personaje!

Humillaciones, golpes, torturas, crímenes…

No, verdaderamente no es una película apta para todos los paladares.

Snowtown es drama y thriller pero, sobre todo, es terror.

Un terror que te arrinconará y hará estremecer cada vez que recuerdes alguna de sus escenas.

Qué ¿te atreves?

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