“Coburn”, de Pablo García Naranjo, por Sergio Torrijos Martínez

coburnSergio Torrijos Martínez

¡Vaya sorpresa!

Además, de las gratas. No tenía ni idea de lo que me iba a encontrar porque si llegó a mis manos Coburn fue por una recomendación de un conocido, de cuyo criterio desconfío por principios. Pero tengo que reconocer que ha acertado. Por lo pronto comienzas la lectura y recuerdas esas frases contundentes como martillos pilones, ese ambientazo de derrota y crimen que rememoran al mejor Chandler, ese clasicismo expuesto sin ningún rubor, colocando las cosas en su sitio y siendo sincero con los lectores, porque se nota que al autor le gusta lo que escribe.

Coburn bordea el tipismo, esas formas ya conocidas de tipos duros y de asesinos despiadados, de hampones de medio pelo y policías corruptos, en algunos momentos se adentra en sendas ya trilladas pero no por ello deja de ser divertido. Lo que cuenta y cómo lo cuenta te hace reencontrarte con lo mejor de la novela negra clásica.

Coburn es un asesino a sueldo, un hombre en clara decadencia física, con más pasado que presente. Por hechos que es mejor no reproducir, tiene que huir a Los Ángeles y allí se adentra en la venganza por una muchacha que cayó en muy malas manos. Coburn es un hombre básico, alcohol y armas, con una ética muy particular que sin dudarlo se mete en la boca del lobo, el caladero de varios agentes de la policía de L. A. corruptos cuyo dinero está manchado con semen y sangre, como indica el propio autor.

Lo mejor de la novela es la claridad, todo está bien colocado, todo funciona perfectamente y todo encaja. Parece mentira pero el género todavía es capaz de ofrecernos novelas como esta, sencillas, bien hechas y, sobre todo, capaces de hacernos disfrutar, porque les puedo asegurar que aunque todo suene, yo me lo he pasado muy bien leyéndola.

Por ahí me ha recordado a esas viejas historias del oeste, cuando sabes de sobra que llegará el Séptimo de Caballería o que el sheriff terminará por imponer la ley de su revolver, pero no por ello dejan de ser adictivas y entretenidas.

Me ha gustado mucho cómo el autor ha entendido a los personajes. No se ha vuelto loco con circunloquios ni con histerias de un pasado oscuro, los personajes tienen mucho trasfondo, muy oscuro en algunos casos, pero no por ello hacen un acto de fe de lo que dejan atrás. En algunos momentos parece que tiene más tensión su pasado que su presente pero el autor, de manera muy inteligente, ha limitado mucho esa parte de su vida, dejándonos el regusto de querer saber más.

Se mantiene el artificio con una prosa clara y limpia, con algunos momentos buenos, sirva como ejemplo:

“Coburn olvidó el nombre del bar nada más entrar. Olía a lo que debía oler un local en el que sus mejores clientes ya habían muerto diez años atrás. Las paredes estaban invadidas por un ejército de recortes de periódico enmarcados: jugadores de tercera bateando la última bola; starlettes de miradas perdidas en brazos de boxeadores de efímera gloria; la mano de un actor fracasado como si quisiera bloquear la luz del flash…”

Esto en el primer párrafo, el resto se pueden hacer una idea.

Pablo García Naranjo tiene mano para juntar letras. Le animaría a seguir profundizando en ello, tal vez buscando nuevas formas de contar una ficción desde un punto de vista novedoso. De esta novela sólo puedo pedirles que la compren y la lean, seguro que lo disfrutan como cuando uno se encuentra a un viejo amigo después de un tiempo sin tratarse.

Coburn
Pablo García Naranjo
Tyrannosaurus Books

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