Reseña: “Mientras mueres”, de Javier Hernández-Velázquez

Ricardo Bosque

17 de marzo de 2017, 7.06 a.m. Salgo de Zaragoza con destino a Tenerife (Tenerife Noir, concretamente) vía Barcelona, lo que significa una hora y cuarenta minutos de AVE y tres horas de avión, tiempo suficiente para leer Mientras mueres, la última novela de Javier Hernández-Velázquez.

Aterrizo en Tenerife Norte y busco a los aduaneros marroquíes a los que espero encontrarme tras saber, a través de la historia que acabo de disfrutar, que la isla ahora se llama Zbel Beyda y que se ha convertido en una provincia más del reino alauí tras una ocupación de derecho consentida por el Reino de España y las Naciones Unidas.

Consecuencia lógica, como nos dice el autor en la presentación de la novela que tiene lugar esa misma tarde, de una ocupación de hecho que se prolongó durante largos años desembocando en la actual situación administrativa del archipiélago.

La situación delictiva ya es otra cosa, mucho más internacional, con conexiones en Turquía y Alemania sin ir más lejos.

Y alemán es el protagonista, Thomas Vettel, antiguo jugador del Borussia Mönchengladbach que recaló posteriormente en las filas del Club Deportivo Tenerife, donde triunfó hasta que una lesión le apartó de la competición reconvirtiéndose, aunque parezca improbable, en asesino a sueldo por diversos azares del destino.

Vettel, residente de nuevo en Alemania, recibe casi simultáneamente una noticia y un encargo profesional: el encargo profesional, obviamente, acabar con la vida de uno -o varios- individuos a cambio de la vida de su hija de ocho años -a la que no llegó a conocer, nacida tras la separación de hecho de su mujer- que ha sido secuestrada para forzarle a aceptar la misión; la noticia, que la enfermedad que padece se ha agravado y que debería ingresar en un hospital inmediatamente si quiere mantenerse con vida un tiempo más. Se impone, por tanto, tomar una decisión: cumplir con esa misión y salvar así la vida de una hija a la que no conoce o pensar en ese dicho de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo y tratar de alargar su propia vida unos cuantos años más.

Evidentemente, de haberse decantado por esta última opción no habría novela, así que Vettel, ayudado-vigilado por una enigmática Aysel, decide posponer su ingreso hospitalario y cumplir con la misión encomendada en lo que, de paso, se convertirá en una suerte de acto de contrición que le redima de tanto dolor como ha causado con su comportamiento en los seres que más deberían haberle importado.

Con un ritmo frenético -quizás demasiado en algunos momentos en los que el autor podía haberse demorado más en contarnos lo que pretendía-, Mientras mueres se lee como el thriller que es, disfrutando de una acción sin descanso que no impide los momentos para la reflexión e incluso la espiritualidad que llegan a manifestar tanto el protagonista Hassan el Sarraceno, su perseguidor -lo que convierte al protagonista en algo así como un perseguidor perseguido-, así como la propia Aysel quien poco a poco, se irá convirtiendo en una pieza angular de la novela.

Para cerrar el apartado de los protagonistas, citar al siempre dispuesto y fiel a su manera Willi Ferrell, a la fría y eficaz Robin Marshall -no me pregunten por qué, pero desde que irrumpió con fuerza en la novela no dejé de imaginarla con el rostro de Dame Judi Dench; ya saben, M, la eterna jefa de James Bond- y Lukas Rahn, el causante de… Dejémoslo ahí, mejor lo descubren ustedes mismos.

Decía el autor en el acto de presentación de la novela que el manuscrito inicial constaba de algo así como setecientas u ochocientas páginas, muchas de ellas dedicadas a explicar el proceso de la “marroquinización” de las islas, y que era preciso un ejercicio intenso de poda porque ninguna editorial en su sano juicio estaría dispuesta a publicar semejante tocho. Había que dejarlo en algo más convencional, en esas algo más de doscientas páginas que se leen en un vuelo -perdón por el chiste- y que se antojan algo cortas: tal vez la poda podía haber sido menos intensa y el lector habría disfrutado más de este estupendo thriller internacional que, si peca de algo, tal vez sea de un desenlace demasiado precipitado, cerrando en pocas páginas unos cuantos frentes abiertos que, en mi opinión, aceptarían un desarrollo mayor.

Que ustedes la disfruten como yo lo he hecho.

 

Mientras mueres
Javier Hernández-Velázquez
Alrevés
 

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