Cine: “John Wick. Pacto de sangre”

Teresa Suárez

Que muchas personas afirman preferir a los animales en vez de a sus congéneres no es nada nuevo. Que para muchos humanos su coche es un santuario tampoco. Por eso que un asesino muy requeteasesino, presuntamente retirado, vuelva al tajo para vengar la muerte de su perro (regalo de su fallecida esposa) y el robo de su auto, no resulta demasiado sorprendente pero sí (a tenor de los primeros minutos de metraje) excesivamente caro en vidas humanas, porque tantas muertes no devolverán la vida al can y el coche, después de la dura jornada laboral del Sr. Wick, de Mustang del 69 pasará a chatarra del 17 en cero coma, aunque sin perder la clase porque después de tanto choque por aquí y choque por allá, el jodio sigue tirando.

Al bueno de John esa acción revanchística lo vuelve a colocar en el disparadero (¡nunca mejor dicho!) del crimen, donde existen unas estrictas reglas que todos los que forman parte de este prospero nicho de mercado (el trabajo nunca escasea) saben que están obligados a cumplir so pena de una excomunión que, dependiendo del precio puesto a tu cabeza, implicará que asesinos de todo pelaje se consagren a propinarte hostias en cualquier lugar antes de darte, como la persona próxima a la muerte en la que te has convertido por decreto, la extremaunción con pólvora bendita (santas balas).

John Wick contrajo en el pasado una deuda de sangre que le obliga a devolver el favor que le pidió a un hijo de la Camorra italiana que ahora quiere hacer efectivo su pagaré. Por más que se resista, John sabe que se trata de un pacto de honor que está obligado a respetar pues, de lo contrario, será liquidado por El Continental, la hermandad de asesinos garante del orden en el juego de la muerte.

Únicamente aquellos que se peinan la raya en medio con las balas que tiran los fanfarrones, es decir los mejores, logran sobrevivir un par de años en esta liga de los asesinos extraordinarios porque al final, como ocurría con los Inmortales, solo puede quedar uno.

Ultraviolenta secuela de John Wick (Otro día para matar), primera de la saga, que yo no he visto pero que, según he leído por ahí, ya ha sido etiquetada como “de culto” con todo lo que eso implica.

Una estética cercana al cómic, unas peleas excelentemente coreografiadas (mezcla de judo y jiu-jitsu), un concepto de acción medido en disparos/segundo o muertos/minuto, una cámara furiosa que intenta abarcarlo todo y un Keanu Reeves concentradísimo en su papel, convertirán John Wick en una apabullante diversión para unos mientras que para otros, entre los que me encuentro, despertarán una terrible exasperación por la carencia de diálogos y el exceso de tiros, tiros y más tiros, que componen la sanguinolenta banda sonora.

Las balas le resbalan.

Nadie puede matarlo.

Con John Wick no vuelve el hombre, vuelve el SUPERHOMBRE.

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