Novela: “Ya nadie llora por mí”, de Sergio Ramírez

Sergio Torrijos Martínez

“Desde que se había propuesto encontrar a Marcela, el inspector Morales se preguntaba cómo sería su voz, y ahora por fin la escuchaba, en la más extraña de las circunstancias. Pasada la medianoche, en un cine de otros tiempos. Era una voz un tanto ronca, como la de quien sale de un resfrío prolongado, aunque quizás había en su tono algo más profundo, parecido a un resabio de sollozos.”

De perlitas como esta está trufada toda la narración. Sergio Ramírez tiene un pulso encomiable para la escritura, la imágenes que nos muestra, los personajes y sus interacciones tienen una profunda gracia, se disfruta como un niño pequeño el jugueteo que mantiene con el idioma y más aún con la manera de ver la vida de todos los protagonistas, hijos del sandinismo y por lo tanto diferentes a todo lo demás.

Pero, y ahora empezamos, para una novela negra se quedan cortos. Los personajes pintan francamente bien pero no para estos trajines, la trama es débil desde el punto de vista “noir” y los personajes, salvo excepciones, no resisten bien el ajetreo del género, es cierto que todo se salva por la gracia del autor y por sus mañas literarias. En ese punto me recuerda al afamado Benjamín Black, que personalmente siempre me ha parecido demasiado impostado y que los enmarco dentro de un ejercicio literario que un autor de este calibre nos ofrece. Queda muy claro que la frontera entre géneros, a veces, resulta una tapia demasiado elevada.

No quiero decir que no haya disfrutado la lectura, todo lo contrario, ni que merezca que ustedes no la compren y la lean, es más se lo recomiendo, es una ocasión estupenda para disfrutar de una obra de ficción bien realizada y mejor ejecutada. Ahora bien no esperen una gran sorpresa en la trama o en los personajes, todo queda como el protagonista, Dolores Morales, buenas intenciones, mejores elementos pero alejado de la humanidad salvaje que se le supone a un exinspector de policía, curtido guerrillero y azote del narcotráfico.

La trama tiene su toque, muy bien ilustrado, cuando roza las “cloacas” del sistema político y económico, como se muestra la interacción de todos los poderes cuyo respaldo es la economía o el dólar para ser más explícito.

Es encantador el sentido del humor del autor, repleto de gracia y de una querencia personalísima, aunque tiene momentos que su claro significado se nos escapa pues la obra tiene la tendencia a ser localista.

La novela merece ser leída y les aseguro que gustará, aunque les aconsejo que no se la tomen como un obra de género, creo que le sobra calidad y le falta negrura, aunque en momentos se juguetee con ella.

Ya nadie llora por mí
Sergio Ramírez
Alfaguara

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