Cine: “El capitán”

José Luis Muñoz

Le cuesta al cine alemán meterse en su espinoso papel en la Segunda Guerra Mundial, aunque cuando lo hace sus aportaciones son más que notables (El submarino, Stalingrado, El hundimiento) así es que se agradece la originalidad del planteamiento de Robert Schwentke (Stuttgar, 1968) en El capitán en donde recoge una anécdota tan real como escalofriante. El hábito hace al monje, o el peor victimario es el que previamente ha sido víctima.

Herold (Max Hubacher) es un soldado raso desertor que roba un uniforme de capitán. Lejos de utilizar su identidad impostada para huir de la debacle que se produce en Alemania en los coletazos de la Segunda Guerra Mundial, se cree su papel, recluta a su alrededor a un grupo de desertores, a los que convierte en banda de malhechores, y masacra de forma salvaje y con absoluta impunidad a todos los recluidos en un campo, desertores como ellos paradójicamente, aprovechando el caos del final de la contienda. Un general de la Rovere pero sin misticismo ni ética. Un psicópata en un país, Alemania, aquejado de psicopatía de masas durante el III Reich.

Tras desarrollar una sólida carrera comercial en EE.UU., en donde ha ejercido como director de películas de corte fantástico (Plan de vuelo, Red, Divergente, RIPD) con escasas pretensiones, el alemán Robert Schwentke regresa a su patria con esta película redonda, potente, vigorosa y testosterónica que habla de la banalidad del mal, la relatividad de la muerte cuando se convierte en algo cotidiano y el avasallamiento del poder cuando va acompañado de la violencia extrema, cuando ésta se convierte en mera rutina. Nada que ver con Los violentos de Kelly o con 12 del patíbulo la tropa de miserables asesinos despiadados que recluta el capitán de pega. Lo peor de la condición humana asoma en esta película que subraya la sentencia de Thomas Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre.

El capitán está fotografiada en un blanco y negro espléndido, cuenta con una banda sonora potente, buenos efectos especiales, muy buenos intérpretes (hiela la sangre la expresión glacial de Max Hubacher especialmente, un certero retrato de la psicopatía) y secuencias impactantes (el protagonista que se pierde en un bosque por un sendero sembrado de esqueletos, una pesadilla de El Bosco).

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