Novela: «Retorno a Balincourt», de Miguel Izu

retorno-a-balincourtJosé Luis Muñoz

Tiene Miguel Izu (Pamplona 1960) un largo y brillante historial profesional: doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, antiguo funcionario del gobierno de Navarra, abogado y profesor de Derecho Administrativo, concejal del Ayuntamiento de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Ha publicado ensayos como La Policía Foral de Navarra, El régimen jurídico de los símbolos de Navarra, o Hemingway y los Sanfermines, y novelas como El asesinato de Caravinagre, El crimen del sistema métrico decimal, finalista del Premio Fernando Lara, El rey de Andorra o La habitación de Wanderford, así como trabajos en revistas profesionales y medios de comunicación.

Construye Miguel Izu esta espléndida novela llamada Retorno a Balincourt, que quizá sea más histórica que negra, aunque haya un crimen en ella, con la precisión de un relojero, breve en páginas pero intensa en contenido, y traslada al lector al entorno de ese château del título, una mansión nobiliaria que se cruza una y otra vez en el camino del protagonista narrador, el militar Eugenio Cirauqui, a lo largo de treinta años, primero como agregado en la embajada de París en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, luego como capitán encargado de negociar el envío de armas a la República, y finalmente como comandante al mando de una columna de republicanos españoles integrados en el ejército de la Francia Libre que se dirige a liberar París de los nazis. Con oportunos flash backs, el autor nos hace navegar en su novela por tres momentos cruciales del siglo pasado: la guerra de Marruecos, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, pero sin que seamos testigos directos del conflicto, desde la distancia cómoda de una legación diplomática a salvo de los disparos.

Llama la atención la personalidad de Eugenio Cirauqui, uno de los mayores hallazgos de la novela, el militar de Tafalla al que le vuelven los recuerdos cuando tropieza con su grupo, casualmente, con el château de Balincourt, atípica dentro de la idiosincrasia castrense: odia la violencia y la guerra, al contrario que algunos de sus superiores, y aunque, como militar, acate las órdenes, se muestra algo indisciplinado cuando pone en cuestión la muerte accidental de Francisco de Borbón y Borbón, primo del rey Alfonso XII y consorte de la duquesa de Marchena, Pilar de Muguiro y Beruete, la inquilina del edificio palaciego, y eso le acarreará enfrentarse a sus superiores y ser sancionado. Esa muerte misteriosa y la relación triangular entre la duquesa de Marchena, el finado y el traficante de armas Basil Zaharoff es el quid de la novela.

Con una prosa tan precisa como exquisita, Miguel Izu nos adentra en una trama misteriosa llena de secretos y silencios que transcurre en los ambientes selectos de la alta sociedad, que también puede leerse como novela de espías: Seguía haciendo frío y acudí a La Closerie des Lilas en tranvía, dando el correspondiente rodeo para estar seguro de no ser seguido. Durante la contienda civil, que vive de lejos, en la embajada de España en París, Eugenio Cirauqui intentará una y otra vez, en vano, negociar el envío de armas a la República y para ello se las verá con personajes tan ricos como poco recomendables que intentarán, incluso, sacárselo de encima. Era bien sabido que ambos empresarios, Zaharoff y March, se parecían mucho, partiendo de similares orígenes modestos se habían hecho inmensamente ricos, a menudo mediante negocios no muy legales.

Retorno a Balincourt no es solo una novela bien armada, perfectamente construida y bien escrita, sino que también es una amarga reflexión sobre la perversión de los ideales y el cuestionamiento de las revoluciones que se hace el protagonista y seguramente, a través de él, el autor: De las revoluciones violentas suele salir una mera sustitución de una tiranía por otra, los ideales que estuvieron en su génesis, casi siempre muy hermosos, acostumbran a quedar defraudados. Una vez aposentados en el poder los que lograron vencer después del caos revolucionario, a menudo continúan ejerciendo una violencia ciega que sirve para liquidar a sus rivales, a quienes fueron sus compañeros en el inicio de la insurrección, declarándolos enemigos del pueblo. La revolución acaba devorando a sus hijos, se llamen Robespierre, Zapata o Kameney.

Miguel Izu es preciso en los detalles —En contraste, él se mantenía con el mismo aspecto con el que lo recordaba y vestía con la misma elegancia de hombre de negocios de éxito: abrigo Chesterfield, traje oscuro de buen paño, corbata de seda de pala ancha, sombrero borsolino gris y un bastón con empuñadura de marfil que, sin duda, llevaba por coquetería, no porque lo necesitada para andar.—, domina a la perfección el arte de los diálogos, muy formales todos, enmarcadas en el mundo de la diplomacia, y conduce al lector por una trama que dura treinta años pero en la que no se pierde nunca.

El escritor navarro dibuja un héroe tranquilo, humanista y liberal que hace gala de sus principios morales: Mi satisfacción por conocer la verdad estaba empañada por la idea de que la gente como Zaharoff, o como Iriondo, se las arregle siempre para salir impune de sus fechorías.

Retorno a Balincourt es un cruce entre el cine de James Ivory, y no solo por el título, y la literatura de Graham Greene y John Le Carré, una excelente novela que juega siempre con personajes reales —Buñuel, conocido como director de cine, era de forma oficial el jefe de protocolo de la embajada.—, salvo el protagonista narrador, con los que arma una intriga perfecta que bien podría ser un guion de Alfred Hitchcock. Acaba la novela con una reflexión amarga por parte de su protagonista: Me ha tocado vivir un tiempo extremadamente violento en el que los crímenes se han contado por millones; solo en unos pocos casos se hará justicia. O algo de justicia.

Una novela, más allá de los géneros, que se devora leyéndola y obtuvo, muy merecidamente, el premio BMB de novela negra de la pasada edición. Retorno a Balincourt es un maridaje perfecto de géneros en donde brilla la buena literatura. Y un guiño romántico al final: la duquesa de Marchena y sus dos maridos, Francisco de Borbón y Borbón y Basil Zaharoff, reposan en la misma cripta del château de Balincourt. Unidos para la eternidad.

Retorno a Balincourt

Miguel Izu
Bohodón Ediciones

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